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Archive for 15 15America/Bogota febrero 15America/Bogota 2016

Por: Ledo Ivo (1924-2012)

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Ledo Ivo

Ledo Ivo

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En el otoño de mi vida pocas cosas pueden abrirme las puertas del entusiasmo y despertar mis emociones como latinoamericano orgulloso de mi africanía, de eso estaba convencido hasta leer “Kanú”, el libro del escritor y Babalawo Antonio Prada Fortul, (Omó Oggún Awó ni Orunmila Iroso Toddá) que revivió la beligerancia de mis años mozos cuando con Jorge Amado y otros jóvenes contestatarios, liderábamos desde el estadio del pensamiento emancipador, movimientos anti apartheid y reivindicativos por el legítimo derecho a la inclusión del afroamericano en las instancias que dirigen nuestros pueblos.

Mas que novela, es una bella oda, un canto sacral, cuyo protagonista es “Kanú” un guerrero que realiza una geta inmensa para regresar con los suyos después de ser esclavizado en este continente.

Impresiona la historia de este africano protegido por Yemayá, Zumbi y Ganga Zumba en Palmares.

“Kanú”, nos recuerda a Sundiata, personaje de “La Epopeya del Mandinga”, el libro de Djibri Tamsir Niane de Malinké y la aldea Yeliba Kora producto de la narración de un griot. “Kanú” es una historia conmovedora que despierta variados estados de ánimo. La narrativa de este Babalawo palenquero, es poética y espiritual como la de los cantores sagrados africanos (Griot), narra la historia de un africano que realizó una gesta intrascendida, por el nulo interés de nuestros países americanos en escudriñar la historia de los africanos protagonistas del acontecer de América, con sus luchas emancipadoras, cuyo reconocimiento estatal ha sido tan pírrico que raya en la invisibilización.

He leído de este autor: “Benkos… las alas de un cimarrón”. “Orika…la gacela de la madrugada” y “Las arenas de Elegguá”, libros que caldearon mi ánimo, incitándome a la retoma de nuestra espiritualidad y el reconocimiento de personajes africanos que a pesar del tiempo tienen una gran pertinencia histórica porque estaban incursos en el imaginario de nuestros pueblos a pesar de la renuencia de países, que insisten en confinarlos en la desmemoria. Visité Cartagena y San Basilio de Palenque en 2006, conocí personas cercanas a este escritor, su entorno vital y su obra que me impresionó profundamente. La petición de mi hermano Antonio, Omó Oggún Awó ni Orunmila Iroso Toddá me sacó de mi hibernación para escribir este prólogo que hago con mucho gusto.

Las novelas escritas por este escritor palenquero son muy conocidas en Senegal, Nigeria, Burkina Fasso, el Congo y muchos países de África y el Caribe, su trabajo ha trascendido rebasando el ámbito de su país, donde la lectura de sus libros se circunscribe al círculo de intelectuales afroamericanos, investigadores de la espiritualidad, y expresiones religiosas de África, iniciados en milenarias filosofías y estudiosos de las religiones de ese continente que se ven reflejados en este gran ser humano y destacado escritor. El trabajo literario de Antonio Prada Fortul (Omó Oggún Awó ni Orunmila Iroso Toldá), es conocido en este país (Brasil), su obra ha sido comentada por nuestro afamado escritor Moacyr Scliar que no ha ahorrado excelentes referencias a este escritor palenquero que narra en bello estilo, las luchas entabladas por cimarrones africanos, que hicieron tambalear a los opresores colonialistas en este continente depredado por la codicia de tratantes que dejaron su huella  criminal en la historia de América. Moacyr destaca desde la Universidad, la obra de este escritor de los palenques cartageneros y desde su cátedra impulsa la lectura de los libros de Antonio Prada ubicando su obra entre las grandes novelas sobre la trata, ceremoniales, cantos, danzas, espiritualidad y las históricas luchas de africanos de diferentes naciones comparándolo con justicia con los grandes autores de África y América.

Kanú, es un personaje que realizó una gesta pocas veces lograda por los africanos de la diáspora: Volver a su tierra natal a su África. Muy pocos lo lograron como este guerrero protegido de Yemayá Ibú Okotto cuyo nombre significa “La que vive entre las conchas”, quién guió su travesía del galeón a la solitaria franja costera. Pocos lograron como “Kanú” el hijo de la selva profunda, volver de la diáspora en América a su aldea Tambacounda, no hay registros de otros africanos que lo hayan logrado en esas condiciones.

Pocas veces un libro me ha marcado tanto como este que le aporta a nuestra sociedad, a la civilización, a los estudios africanistas una historia basada en los cantos sagrados de hombres que como los griot, han inducido después de cientos de años a los historiadores e intelectuales de más de veinte naciones de África, a procesar estos cantos alados y reescribir la historia de estos países desde sus inicios como pueblos y no desde la llegada depredatoria de los europeos.

“Kanú”, la novela escirta por este babalao, Antonio Prada Fortul mi hermano, palenquero hijo de Oggún, sacerdote, iniciado en los misterios y en milenarios conocimientos, me impresionó tanto, que la concibo como un canto, una oda, una poesía narrada en un hermoso lenguaje.

¡Así hablan los iniciados!

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Kanú. El hijo de la selva profunda. Cartagena. Sin Editorial. 2015. Págs. 7-9.

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Por: Bertolt Brecht (1898-1956)

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Baudelaire es el poeta de la pequeña burguesía francesa de una época en que era indiscutible que los servicios de esbirro que ella había prestado a la gran burguesía con la sangrienta opresión de la clase obrera, no serán recompensados. Es el canto del gallo, que consta de tres estrofas.

La pobreza en él es la pobreza del trapero; la desesperación, aquélla de parásito; el escarnio, el del zángano.

La época moderna, que había de ser una época clásica antigua, no fue mas que una antigüedad, una pequeña época antigua. En manera alguna expresa él su época, ni siquiera diez años. No será comprendido durante largo tiempo, ya hoy requiere demasiadas aclaraciones. Sus palabra están vueltas al revés al igual que chaquetas raídas, quedan “como nuevas”. Sus imágenes están como enmarcadas, y todo está demasiado remendado. Todo lo que parece elevado, sólo es amanerado. Tómese una poesía como la III del ciclo “Las viejecitas”, que es una de las mejores.

Ya hoy resulta cómica, y no en el mal sentido, es una buena poesía cómica; pero ¿cuántas poesías hay que conocer para notarlo? ¿Para reír con ella? No es que deje de ver la demagogia del falso Bonaparte, sólo se nutre de ella. Es significativo del hecho de que yo, al traducir la poesía, ya no hablé al fin del mármol del que pretende estar hecha la frente de los ancianos. Hoy día cualquier pequeño burgués defeca sobre mármol, los retretes se fabrican con él.

La nerviosidad de sus poesías no sería mal, seguirá habiendo grandes urbes, pero es en demasía la nerviosidad de la mala conciencia, en una época en que había gente sin conciencia, excepción hecha de la gente con buena conciencia. De esto no resarce el cinismo. Y el gran caos no es el objeto propiamente dicho de estas poesías, sino su sino.

¡Y cómo corroe la ambición de estos cínicos!

Reparase en el título Fleurs du Mal, cuya traducción en alemán Blumendes Bösen no es del todo acertada. Esto quiere decir tanto como “Flores de lo malo”; pero en ella se omitió un factor de lo activo, productivo, ingenioso, un factor heroico. Sin embargo existe en ella una reverencia a la moral.

Bajo el tercer Napoleón el ejército “no ya es la flor de la juventud obrera, es la flor de lodazal del descamisado proletario campesino. Se compone en gran parte de remplacants…, al igual que el segundo Bonaparte no es más que un remplacant, un sustituto de Napoelón”. (Marx.)

Los campesinos empobrecidos con los hijos tienen orquestas de charanga que tocan sus melodías para la población pobre de la ciudad. (Benjamín.)

Baudelaire, puñalada trasera a Blanqui. La derrota de Blanqui es su victoria pírrica.

Se llega aquí al “estado anímico” de trance. Y a éste sigue la desilusión, como la modorra a la borrachera. (Hay otros estados de ánimo.)

Si se permitiera comparar al tercer Napoleón con César por un momento, y con todas las reservas, Baudelaire sería el individuo catilinario indicado al caso, al que “a tanto llevaron la pobreza, la infamia y los procesos”.

Lo frágil tiene una cierta belleza a veces, pero también se rompe, y esto siempre.

Los vicios, que son frecuentes en él y él encomia, apenas los ha puesto en práctica, probablemente también para esto era demasiado impotente. Era menos una víctima que un vendedor de estupefacientes. Por lo demás, la nigromancia no obstaculiza el comercio de forma especial, es un vicio excusable.

Hay el proletariado y hay el proletariado miserable, el cesarismo y el cesarismo miserable.

Flores del Mal, esto suena distinto a Flores de lodazal. En esto consiste la originalidad.

A veces el tipo de Baudelaire consigue hacer prevalecer su pretensión de juicio “amoral” entre ciertos ideólogos. Pero él tiene la culpa de que entre personas sensatas (que transforman en obra su sensatez) se discuta su caso como un caso moral. Lo que vende son shock. No solamente ofrece moralización fanática, sino también amoralización fanática.

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Traducción de J. FONTCUBERTA

El compromiso en literatura y arte. Barcelona. Ediciones Península. 1984. Págs. 306-307.

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TRES ELEGIDOS

Por: Virgilio Piñera (1912-1979)

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Pienso en tres grupos humanos de elegidos. Pienso en el judío, en el homosexual y en el artista. Los tres execrados, perseguidos, apedreados… La masa no tolera pueblos elegidos, sexos elegidos ni mentes elegidas. Y tiene razón. Su razón es, como se dice en la filosofía clásica, razón suficiente.

Resulta en extremo curioso que tanto el judío, el homosexual como el artista no tengan reparos en sumirse en la masa, y en ser masa ellos mismos. Esta suprema aspiración, representaría el cese inmediato del terror en que viven. Ser aceptados; y más, ser olvidados; y más aún, ser el olvido mismo. De arribar a esta meta, oirían músicas celestiales.

Si la masa experimenta a estos seres como elegidos; ellos, por su parte, no se sienten como tales. Realizan demostraciones de buena voluntad, y por un momento parece que serán aceptados. Al final, siguen siendo elegidos. Eterna historia del aceite y el vinagre encerrados en una botella.

De los tres elegidos, el judío es el más elegido. No sólo ha sido elegido por la masa, sino que ha gritado en voz alta su elección nada menos que por Dios. Es también el que más se cree ajusticiado por la masa, el más interdicto.

En grado de elección, lo sigue el artista. Aunque este elegido participa de la mente universal, tiene la infinita desgracia de presentarse como ente particular. Y para expresar a la masa, se ve obligado a ser el artista particular. No se negará, sin duda, que entre el fotógrafo y el grupo existe una tierra de nadie.

El homosexual es, entre estos elegidos, el más masivo, el que más podría asemejarse a la masa. Una capa de erotismo lo protege y en algo lo comunica con la masa, sexual y erótica ante todo. Un homosexual será, en lo posible, bien recibido, si tiene la fortuna de mostrar la parte de su erotismo que fluctúa entre el sexo desenfrenado y el grotesco más crudo. Se dice que la masa heterosexual y las prostitutas adoran a los homosexuales de ese lado de la ribera.

Recuerden que siempre un pajarito acompaña al caimán o al rinoceronte. Pero no olviden que el pajarito puede ser aplastado.

Por último, cuando el judío, el artista y el homosexual se reúnen en una sola persona, se puede hablar del horror absoluto: el cordero tricéfalo.

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1945

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Prólogo de ANTÓN ARRUFAT

Poesía y crítica. México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 1995. Págs. 275-276.

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Por: J. G. Ballard (1930-2009)

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En 1956, el año que publiqué mi primer relato, visité una extraordinaria exposición en la Galería de Arte Whitechapel: “Esto es el mañana”. Hace poco le dije a Nicholas Serota, director de la Tate y exdirector de la Whitechapel, que consideraba “Esto es el mañana” el acontecimiento más importante que había tenido lugar en el campo de las artes visuales en Gran Bretaña hasta la apertura de la Tate Modern, y él no se mostró en desacuerdo.

Entre sus numerosos logros, “Esto es el mañana” se considera generalmente el origen del arte pop. Una docena de equipos compuestos por un arquitecto, un pintor y una escultor diseñaron y construyeron por separado una instalación que plasmaba su visión del futuro. Entre los participantes se contaba el artista Richard Hamilton, que exhibió su collage ¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan llamativos?, en mi opinión la mejor obra de arte pop de la historia. Otros de los equipos reunia al escultor Eduardo Paolozzi y los arquitectos Peter y Alison Smithson, que construyeron una residencia humana básica en lo que quedaría después de una guerra nuclear. Su cabaña terminal, como yo la consideraba, se hallaba en una parcela de tierra sobre la que estaban repartidos los utensilios básicos que el hombre moderno necesitaría para sobrevivir: una herramienta eléctrica, una rueda de bicicleta y una pistola.

El efecto global de “Esto es el mañana” fue una revelación para mí y, en efecto, un voto de confianza en mi elección de la ciencia ficción. La exposición de la Galería Whitechapel, y sobre todo las obras expuestas pro Hamilton y Paolozzi, provocaron una gran conmoción en el mundo artístico británico. En aquella época, los artistas gozaban del favor del Consejo de las Artes y los críticos académicos del momento eran Henry Moore, Barbara Hepworth, John Piper y Graham Sutherland, que formaban un colectivo de las bellas artes obsesionado por el experimento formalista. La luz de la realidad cotidiana nunca brillaba en la aséptica blancura de su imaginación circunscrita al ámbito del estudio.

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“Esto es el mañana” abrió todas las puertas y ventanas a la calle. La exposición se basaba ligeramente en el cine de Hollywood y la ciencia ficción estadounidense; Hamilton se había apoderado de Roby el Robot, de la película Planeta prohibido. Pero por primera vez el visitante de la Galería Whitechapel podía ver la respuesta de una serie de imaginaciones en sintonía con la cultura visual de la calle, con la publicidad, las señales de tráfico, las películas y las revistas populares, con el diseño de envases y artículos de consumo, todo un universo en el que nos movíamos en nuestra vida cotidiana, pero que rara vez aparecía plasmado en las bellas artes oficiales de la época.

¿Qué es lo que hace…?, de Hamilton, representaba un mundo totalmente construido a partir de la publicidad, y constituía una visión convincente del futuro que se avecinaba: el marido forzudo y su mujer stripper en su casa de las afueras, los artículos de consumo, como la lata de jamón, considerados objetos de decoración por derecho propio, la idea del hogar como un destacado punto de venta de la sociedad de consumo. Somos lo que vendemos y compramos.

En la obra de Paolozzi, la herramienta eléctrica que reposaba en la arena posnuclear no era solo un utensilio portátil para hacer agujeros, sino un objeto simbólico casi con propiedades mágicas. Si el futuro iba a estar construido de algo, iba a ser de una serie de elementos proporcionados por el consumismo. Un anuncio de unos nuevos polvos para hacer pasteles contenía los códigos que definían la relación de una madre con sus hijos, imitados por todo el planeta.

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“Esto es el mañana” me convenció de que la ciencia ficción estaba mucho más cerca de la realidad que la novela realista convencional del momento, ya fuera de jóvenes airados con su rencor y sus críticas o de novelistas como Anthony Powll y C. P. Snow. Por encima de todo, la ciencia ficción poseía una enorme capacidad que la novela moderna había perdido. Era una máquina visionaria que creaba un nuevo futuro con cada revolución, propulsada por un exótico combustible literario tan abundante y peligroso como el que impulsaba a los surrealistas.

Si el arte pop y el surrealismo fueron un gran estímulo, mi trabajo en Chemistry e Industry me permitió estar al tanto de los últimos descubrimientos científicos. Una revista científica consolidada recibe constantes comunicados de prensa, reseñas de congresos, boletines anuales e importantes laboratorios de investigación de todo el mundo y publicaciones editadas por organismos científicos de la ONU y organizaciones como Átomos para la Paz. Yo devoraba todo aquel material: los informes sobre las nuevas drogas psicoactivas, la investigación de armas nucleares, las aplicaciones de los ordenadores de última generación.

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Traducción de IGNACIO GÓMEZ CALVO

Milagros de vida. Una autobiografía. Barcelona. Radom House Mondadori. 2008. Págs. 27, 58, 118-119, 132-133, 136-139, 162-164, 183-184.

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EL BALLET DE ORIÓN

Por: Alice Rahon (1904-1987)

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Argumento, diseño y decorado de:

Alice Rahon

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Personajes:

El Juglar

El Andrógino

Betelgeuse

El Can

El Ave del Paraíso

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El escenario se encuentra sumergido en la oscuridad primordial, en la oscuridad absoluta y el silencio anteriores a la revelación. La nota más grave perceptible al oído humano se escapa desde el lento balanceo de una campana invisible. La escena se aclara, poco a poco y a medida que el negro va cediendo lugar a un gris cada vez más luminoso, el tañido de la campana va agudizándose, hasta alcanzar una nota límpida, argentina. Figuras geométricas aladas se insinúan vagamente sobre el telón de fondo, escuchándose sonidos muy dulces, tintineando en una alegre confusión, parecidos a aquéllos que al crepúsculo y al alba se escucha en los templos de Shiva.

Una figura semejante a una inmensa libélula se delinea, como un arpa, y un acorde puro y suave sucede al desorden acústico anterior.

Aparece el Juglar, acompañado por el ritmo claro y profundo de instrumentos de percusión. Comienza a bailar como saliendo de un sueño, inventando las formas de la vida. A lo largo de su ejecución, una intensa luz golpea por momentos el círculo de su vientre, que se ilumina como un sol. A cada rayo de luz corresponde un golpe de gong, como esas columnas en los templos egipcios responden al primer reflejo solar con su canto pétreo.

El primer ser creado por el Juglar comienza a bailar. Se trata del Andrógino, de trágico destino. Su danza se asemeja al conflicto deque son presa los amantes, y poco a poco se define en él lo característico de la dualidad mortal.

Betelgeuse, la estrella más brillante de la constelación de Orión, aparece deslizándose como sobre agua, dilatándose como un surtidor que se curva en espirales de luz. Es el personaje femenino del ballet. Al terminar su danza, se repliega hasta el fondo de la escena, semejante a la presencia indescifrable del destino.

El Can, bajo la forma del dios Anubis, ejecuta la danza de las alegrías animales, y enlazado entre el cielo y la tierra se envuelve en las formas geométricas que penden como telas de araña, encadenándolas. Su danza, después de expresar la libertad y el éxtasis, termina con una lucha desesperada por liberarse de las alas y los lienzos que lo apresan. Al fin, permanece tendido, inerte, privado de toda identidad.

La escena se aclara más y más. La música se clarifica al tiempo que la luz se hace más intensa. El gran decorado de escarcha reluce con todas sus estrellas, con todas sus flores, y de un sol que parece de nieve surge poco a poco la imagen del Ave del Paraíso. Se mueve como una corola que se abre, desplegándose verticalmente sobre un punto fijo como un doble abanico vibrante. A cada sacudida de sus alas corresponden ecos cristalinos. Totalmente desenvuelta, su figura se queda suspendida, al resonar una última nota. La luz se hace cada vez más brillante, hasta absorber toda forma visible.

La cortina cae, tras un último resplandor, en tanto que se escucha un último acorde.

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México, 4 de octubre de 1946.

Traducción de LOURDES ANDRADE

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La música de este ballet debe constituirse solamente con instrumentos de percusión. Las coreografías deben estar inspiradas en las danzas clásicas de la India.

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POEMAS

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AL IZTACCÍHUATL

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Señalada con el dedo como las estrellas

en los límites chorreantes del oro inhabitable

a la copa de los árboles sin volar

cuando en los flancos de las montañas

las casas de los hombres se calientan los costados

he llevado mi vida

como ese sol que se traslada de un muro a otro

en esta calle

bajo el balcón de la extranjera

llorando en sus cabellos

cuando el amaranto mece al viento

y cuando las rosas se elevan

las más altas torres del sentir

desde mis dedos

arqueados como el ala del gavilán

cae el pájaro fragata

solitario

cae

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Traducción de JESÚS CALZADA

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DE A MÈME LA TERRE

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En la noche del principio

la bruma dejó

su sangre

entre los labios salados

más allá de los ojos de sol

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La sonrisa de la muerte

recostada en el camino

inesperada como el rostro del pasado

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Para estos destinos paralelos

no hay línea en el horizonte

en donde reunirse o descansar

o huir de los peces crueles

de la angustia y la preocupación

Estos nada en las orillas

de los oscuros ríos

que separan a los amantes

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La sombra baja una escalera de sol

hasta el fondo de mi corazón

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La sombra baja una escalera de sol

Hasta el fondo de mi corazón

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Pienso en los amores castos y pensativos

de esos animales que se unen

como dándose la mano

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DE NOIR ANIMAL

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Encuentro de río

agua que viene de las nubes

y de los manantiales

agua que me une a tu destino

agua libre que nunca vuelve

a sus orígenes

último ropaje para mi miedo

atraída hacia ti con una argolla en la nariz

hasta esta muerte

como una gota de agua la noche

llamando hasta que nos levantemos

trampa del fuego para quemarlo todo

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Traducción de BEATRIZ URÍAS HORCASITAS

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México en el Arte. México. Instituto Nacional de Bellas Artes. Nro 14. Otoño de 1986. Págs. 63-64 y 28-29.

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RODIN EN VERSO

Por: Aleister Crowley (1875-1947)

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EL PENSADOR

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¡Ciega agonía del pensamiento! Quien brinda su pluma,

su pincel o su lira al Arte puede comprender en éste

el símbolo de su batalla en contra o a favor

de los hombres, el retrato del atormentado deleite

de su necesidad; se acerca y se le agarra

el consumado pensamiento mágico.

Rodeado por su propio abrazo se sienta, ¡rastrean

los sabuesos invisibles el dolor sobre las hendiduras!

Pronto, pronto están sobre él; pronto, los colmillos del odio,

¡los afilados dientes del infinito sobre él!

¡Podrá el amor, o la gloria, o la riqueza, abolir

esos tormentos?

¿Qué sirena de voz y pecho dulces podrá conquistarle?

¡Ninguna, estad seguros! Con sereno espanto

el pensador formula la ley eterna.

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BALZAC

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Gigantesco, oscurecido por los misterios del hierro,

embozado, Balzac se levanta y mira. El desdén inmenso,

el silencio egipcio, el poder del dolor,

la carcajada de Gargantúa, agitan o acallan la ígnea estatura del Maestro, vívida. A lo lejos, aterrado, el aire ensordecedor estremece la piel. En vano el Maestro de “La Comedia Humana”

oscurece sus profundos ojos, genio iluminado.

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Epitalamios, canciones de cuna y epitafios

están escritos en el misterio de sus labios.

La triste sabiduría, la insolente ignominia y la agonía sublime

yacen en los pliegues mortuorios de la capa, en las escarpadas montañas;

y la piedad se oculta en el corazón. El torvo saber estrecha

a la humanidad esencia. Balzac se levanta, y ríe.

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Rodin en verso. Tarragona. Ediciones Igitur. 1999. Págs. 74-75 y 108-109.

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Por: Óscar Jairo González Hernández.

Profesor Facultad de Comunicación. Comunicación y Lenguajes Audiovisuales. Universidad de Medellín

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Pierre Boulez

Pierre Boulez

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Yo he tenido que saber y sé de la muerte del músico Pierre Boulez (no habría querido saberlo), porque de una manera u otra, quizá por esnobismo, como él mismo llamaba a todo lo que había que buscar de lo nuevo, he sido su contemporáneo. Y se es contemporáneo de aquel, que muere en la vida de uno, o sea, de quién o a quién uno le debe lo que conoce y sabe por ese otro que ha muerto y aquí, se trata de Boulez y de la música y los músicos de los que nos mostró y de la formación que nos dio sobre ellos, de la insaciabilidad musical irritada que nos indicó. No solamente nos hacía saber dé su música, sino también de la visión crítica  que tenía sobre otros músicos y sobre los desarrollos y la evolución de la música, en el sentido de la necesidad inexorable de lo nuevo. Y su irreverencia totalitaria y totalizante.

Pierre Boulez quién también realizó una serie de ensayos sobre los músicos que le eran sus contemporáneos y que murieron antes que él, como Bartok, Messiaen, Schönberg, Maderna, Varése y que de una manera lo formaron, le propiciaron hacer el constructo de sus estructuras musicales y causar la revolución musical que causo, y desde una tarea obstinada y obcecada basada en su eclecticismo y en el sueño de hacer de lo nuevo, de la búsqueda de lo nuevo, aquello que también invocaba Rimbaud: ser absolutamente moderno. En la muerte de  Varése, nos había dicho: No encuentro en ti cierta tendencia a un esoterismo artificialmente buscado; pero señalo tu eminente poder de convicción: forzar a los demás a compartir la vitalidad de tu secreto, de esa implicación profunda arrancada de ti mismo, conquistarla sobre los espejismos de la vacuidad.

Y decía del esbonismo, porque para determinar (lo indeterminable) uno de los caracteres y principios  de la estética musical de Boulez, es necesario indicar que para él esnobismo constituía una condición esencial de la crítica, y que por ello era requisito esencial,  exhibirse como esnobista:  contra ese medio que se dice justo, aunque sólo muestre la falsedad más mediocre! ¡Exhibid vuestro esnobismo contra esas virtudes que quieren pasar por eminentemente nacionales, mientras que sólo son el sello de un provincianismo estrecho y limitado! ¡Exhibid vuestro esnobismo contra todo lo que se os querría hacer pasar por “humano”, y que se resume notoriamente en un delirio simulado sobre el olor de una vieja pantufla! ¡Jóvenes “hirsutos!, “damas de mundo”, y todos vosotros que asistís también a nuestros conciertos, exhibid vuestro esnobismo, con nosotros –y nunca será bastante- contra la estupidez!

Toda la tensión musical de Boulez, estaba radicada en la búsqueda de lo nuevo, en la medida en que eso nuevo, era lo nuevo que necesitaba para, como hemos dicho, construir su estética musical; que por lo mismo tenía contradictores indestructibles que intentaban mantener la música, dominada e intervenida por lo que llamaban y llaman todavía, lo clásico. Y eso para Boulez, había caducado, dado que él inquiría y reclamaba lo nuevo, contra toda dominación, contra todo establecimiento musical. O sea, que la insolencia se hacía en él una estética, pues estaba relacionando mediante los hilos tentaculares de un eclecticismo poderoso, lo que o en lo que consistiría la nueva música. Contra las formas musicales dominantes, las formas musicales nuevas que tendían esos hilos tentaculares con una nueva naturaleza musical. Boulez, un revolucionario. ¿Qué es la música experimental? Es una maravillosa definición, encontrada hace poco, que permite encerrar en un laboratorio autorizado, pero vigilado, toda tentativa de corrupción de las costumbres musicales. Luego de haber circunscripto de esta manera el peligro, los buenos avestruces se vuelven a dormir, y sólo se despiertan para patalear furiosamente al comprobar, con amargura de corazón, los periódicos estragos de la “experiencia”, sostenía y así lo demostró toda su vida en la música, Pierre Boulez, o sea, contradictor, que no es lo mismo que censor. Nunca lo habría hecho. Nunca habría tolerado serlo. De allí, la transparencia insobornable de su música, como la que escuchamos en Structure I y II, Piano Sonata Nro 1, 2 y 3; Derive 2, Initiale, sur Incises, Stophes; por no mencionar sino aquellas en las que su búsqueda, se hacía más relevante en su disidencia musical, en su crítica a lo dominante clásico, y en ellas es evidente la revolución que causaba con su música. Tesis de la música que es la música misma, es lo que se da en la tensión musical de Boulez.

Contra los músicos avestruces, la música nueva, como lo proponía y lo demostraba cuando recurría a otros músicos para hacerla como Stockhausen, Luciano Berio, York Höller y Cage. Nuevas tendencialidades musicales, que le interesaban en esa obstinación de su carácter, en esa consecuente forma de concebir la música. Carácter estético o sea, el carácter que se tiene, que se da y se dio para construir su estética musical, en y desde una rebelión inconmensurable; por eso ante su muerte, escuchamos en nuestro oído musical, lo que decía cuando se trataba de establecer la “verdad” y la “coherencia” de su música: Se me ha preguntado con frecuencia, a propósito de mis propias obras: ¿puede darnos la serie, o puede darnos el principio? ¿De qué podría servir esto?: En realidad, para nada. Y desde la nada, continuará haciéndose la música, sin que nunca podamos saber para qué y por qué hizo intervenir e incidir la música en su vida, por mucho que nos queden pruebas del por qué, para qué y cómo hizo su música. Nada y vacío que ahora ha comenzado con su muerte. Y le extrañará la música, y nosotros que tanto le debemos en nuestra formación musical y crítica. Gracias Monsieur Pierre Boulez.

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EL CORO BLANCO

Por: Juan de Frono (1983-)

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Juan de Frono. Por: Esteban Lara

Juan de Frono. Por: Esteban Lara

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No hay horas leves. No hay horas libres. No hay horas puras.

Cada día trae sombras. Y el estiércol en el viento.

En un lugar, algún lugar de este mundo, está el paraíso para los muertos suaves.

En un lugar de todos los mundos, está el paraíso para los muertos fuertes.

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D

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Alejandra: soy un epitafio dorado

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Creí en Dios y en la vida eterna. Juré que amaría hasta la piel ajada.

Y alguien en mis manos y con las cartas erró.

“Vida llena de éxitos, llena de años, vida sin dolor y tormento en los ojos”.

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Vi un pájaro volar desde mi techo. Antes de morir. Y si hubiera sabido lo próximo, el golpe en la puerta, apostaría por una señal.

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Vi mis dedos azules.

Y mi alma se aferró, pero fue imposible sujetarla ante tanta insistencia.

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Debería vivir la memoria del dolor. En el mundo que queden los pétalos rotos. Porque la inocencia luchó contra el odio y el amor hizo frente a una interminable locura.

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Sé que la historia del miedo imagina y esculpe el frío, mientras los dedos buscan, y no hallan la senda.

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F

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Antonio: soy un epitafio naranja

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Viví muerto. Antes de merecer la verdad de la muerte.

Alejado de mi mundo, de mis lugares comunes, quise y busqué, traté de construirme otro, aunque no pude hacerlo por culpa de anclas y anclas con un peso sangriento.

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Escribí en una carta la definición del infierno: “De pie en una noche, solitario, y el frío y las luciérnagas, y las manos vacías, encadenadas por la distancia”.

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La lluvia vuelve. Cumple su cita.

El sol regresa. Calienta los hombros.

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El motor del mundo sigue, no se detiene, aunque la sangre abandone sus sitios y corra.

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Muchas preguntas componen el tiempo. Pero ninguna respuesta.

Ninguna verdad minúscula o simple.

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Esta es la vida real, la que entra en los sentidos. Y aquella que guardan en sus espaldas los días.

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El mundo es una metamorfosis, de lo mismo hacia lo mismo. Y se sospecha dulce, en partes amables. Y en partes desconocido y perverso.

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L

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Diego: soy un epitafio café

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Fui fruto de una venganza de ideas.

Nací marcado. Por los ritmos de la noche y el viento.

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No cumplí con los planes que mi cabeza albergaba.

Cada deseo.

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Desayuné el temor, incontables veces. Y el sueño fue escaso, pero la pesadilla abundante.

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Alguien, por lo que queda de mí, me reconocerá algún día.

Un dedo ausente.

Una melena larga y ensortijada.

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No existe la palabra para definir el horror.

No existe la palabra fiel, que abarque la inmensidad de las cosas.

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Toda palabra es un puente.

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El fin es silencioso.

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Y no hay redes. No hay palabras. Para tocar el fondo del mar.

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Q

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Constanza: soy un epitafio violeta

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Morí siendo la multitud, la inmensidad de un número.

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Mi habitación fue la de muchas frentes heladas.

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Uno a uno llegamos al instante, tenebroso y extenso. Cada quien tuvo su espacio, porción de tiempo para embarcar el alma al abismo.

Unas compañías, ellos y yo, que nada tuvieron para decirse. O quizá “Hasta pronto”.

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Mi temperamento son fichas rojas.

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La fantasía, mientras avanzan los siglos, choca y modifica los cuerpos.

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La abundancia de una moneda amarga, sin importar el tiempo, sin importar el lugar, vuelve distantes y frías las manos. Y crea una evasión en los ojos. Y una cárcel una coraza en el pecho.

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U

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Emilio: soy un epitafio beis

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Tuve fe en una estrella. Pero no fue la luz que buscaron los otros.

Mi costado lo puntearon diferentes deseos, sin coincidir con los suyos.

Fui respetuoso, tolerante a sus pasos.

Entre el grupo, con un lápiz de labios sangriento, y una pulsera brillante, con la forma de una serpiente, una mujer miró, atado su corazón por el miedo.

Mi rostro no dialogó con ella.

Mis ojos conversaron con las hojas, a medio secar, tumbadas por la lluvia.

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El coro blanco. Medellín. Sílaba Editores. 2015. Págs. 15, 16, 20, 21, 31, 32, 43, 44, 51, 52.

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Por: Tristán Tzara (1896-1963)

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VI

incluso bajo la corteza de los abedules la vida se pierde en hipótesis sangrantes

donde los picos picotean los astros y los zorros estornudan ecos insulares

pero de qué profundidades surgían esos mechones de almas condenadas

que embriagan a los estanques con su caliente pereza

este es el cisne que gargariza su blanco de agua

blanco es el reflejo en el que el vapor se burla en el escalofrío de los leones marinos

fuera está el blanco

una clara canción de alas absorbe el viento en su corola de pavo real

que el arco iris desclava de la cruz del recuerdo

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río remolinean lo molinos blancos

entre los jirones de alma que fuman los opiómanos a la sombra de los gavilanes.

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la boca arriba entre dos noticias contrarias se contrae como el mundo imprevisto entre sus mandíbulas

y el sonido seco se quiebra contra el cristal

porque jamás la palabra ha franqueado el umbral de los cuerpos

muerto está el impulso que hacía hervir el mal tiempo

que en los recipientes de los pobres horrorosas cabezas nuestras vecinas

y a pesar del cielo ciudadano de nuestros sentimientos fuera está blanco

qué importa el disgusto ya que nuestra fuerza es más ininflamable que la muerte

y su ardor no destruirá ni nuestros colores ni nuestros amores

mariscos y piedras estratificados en hileras de proverbios

el sentido es el único fuego invisible que nos consume desde el origen de la primera cifra

los avicultores hablan un lenguaje simple

formado por un alfabeto de pájaros con blancos fuera blanco es el dedo que los pensadores han frotado durante mucho tiempo contra su sién

nosotros no somos pensadores

nosotros estamos hechos de espejo y de aire

y a pesar de todo insatisfechos oscuros malhumorados impermeables

los dientes de sierra que adornan nuestra frente se relacionan con la muerte

y saltan a los ojos de una cosa a la otra a lo largo de todo el diccionario

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río

vomita blancas crestas la niebla se coagula entre nosotros

y pronto estaremos metidos en la materia densa y fangosa

pronto estaremos absorbidos por el esponjoso letargo del hierro

que excede de la longitud de una dolorosa letanía la cerveza y la mentira.

Surgido de cualquier glaciar mordiente en el que lo blanco está fuera gargarismo de nube

Chupa las raíces de nuestros iris la miel de los siglos por venir

*

marchito de la síntesis insumisa tónica

y florecida en rizos libre de piel

alta sobre la piedra del muro

frecuenta la muerte cotidiana mi jornada es frágil insomnio

ríe de cara y llora

*

mariscos y piedras estratificadas en hileras de proverbios

se leen de arriba abajo atención frágil vasos

las risas trepadoras siembran de tempestad las constelaciones de abejas

y los caracoles olfatean la maldita revuelta de los aguaceros

ríe de cara y llora de espaldas

porque fuera está siendo blanco

y como la trucha se apena contra la corriente saltando las barreras en sentido inverso de las cascadas

tú remontas tu encanecida juventud hasta el sol ha depositado sus huevos

y si de cada resplandor emerge una bulliciosa aureola de saludos

no se sabe qué alta marea de magia se lanza la conquista de nuevos puntos de retorno

así recoges tú en hilillos de sombra las rudas voluntades que pasan su vida muriendo por todos lados y los muertos continuos que no llegan a morir

el hombre ejecuta la eterna sustracción de cada tajada en sí mismo

que le queda por madurar de su duda negra hacia los duros soles

ríe de cara y llora de espaldas

*

caballeros de espasmos profundo es el cajón de antigüedad

que la pesca crepuscular y la ofrenda glacial han envejecido hasta el reposo de las palabras allá abajo

edificio pasta urbana

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río

poca leche poca azúcar poca

en la sombra de penas humeantes bajo las arcadas de tu corazón

canta en vela un rosario de ojos encerados

y sin alegría se alumbra a escape libre en el ojo del volcán

del avión la encrespada depresión del aire libre

caballero de espasmos viento es tu pensamiento centella la corrida

tempestad la obsesión botánica tu cama

el aroma de senderos se levanta y marcha en cabeza

y por largas cuestas resbalan fáciles las procesiones allá abajo

se trata del éxodo de las hojas hacia otros próximos amaneceres más fértiles

igual que está a fondo la sonda tu recuerdo olvidado

la lluvia ha roído la enfermedad de las piedras pías

alimento de los ratones las serpientes se disputan la presa de las guaridas

y la ceniza de los cadáveres lleva al rechinar de los abismos encajadas uno en el otro

en la sombra de penas humeantes una vela su pérfida inutilidad

*

quién nos indicará la hora agria donde el tomillo se mata de astucia

y hace fundir su color en el agua tierna de los besos burlones

desde el árbol los frutos disponen su tartamudez visual

fuera este blanco

blanca es tu sonrisa bandera de tu cuerpo más blanco que cualquier experiencia

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río

si me fortifico en las fuentes indicadoras de las libélulas de hierro es que

y si me extravío es que yo

jinete de cascadas el tiempo ha corrido sus riesgos y las primas

yo fui más fuerte y el otro tiempo fue mi compañero de mármol

los puños de los árboles muertos se elevan aún

y contra el otoño del firmamento luchan

es mi esperanza

*

ahora sumerjo tus ojos en el negro fondo de la canción del pobre

el vino será más vivo filtrado por las vísperas de tu pupila mariposa

ahora yo derrito en la vela recuerdo olvidado

errante con laberintos unidos a la sombra de mis pasos

con oscuros paquetes de laberintos sobre la espalda

perdido en el interior de mí mismo perdido

allí donde nadie se aventura llevado sobre la camilla de las alas del olvido

y a despecho de los cohetes partido hacia el interior del globo

los armarios geológicos somnolientos en la garganta de las montañas

en la que los cuervos turban el silencio indescifrable

atornillan sus largas y duras espirales de acero alrededor de un único vuelo

perdido en el interior de sí mismo allí donde nadie

se aventura salvo el olvido.

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Traducción y prólogo de FERNANDO MILLÁN.

El hombre aproximativo. Madrid. Visor. 1975. Págs. 46-51.

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