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Archive for 1/06/17

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  1. RELOVED

Lite dream dice: ¿Claudia?… be lover dice: ¡Samuel!

Se quedaron un momento sin escribir, pero ansiosos, respirando profundo, balbuceando palabras indetenibles y hasta haciendo ruidos inexplicables en cada una de sus casas mientras decidían qué hacer… be lover dice: si no quieres hablarme de nuevo lo entiendo; el final no fue muy bueno que digamos. lite dream dice: nunca había pensado en hablarte de nuevo; no quería (enter), pero ahora sí quiero, porque pienso que si nos encontramos debe ser por algo… be lover dice: ¿quieres verme ahora? lite dream dice: ¿pero tiene que ser en la cámara web? … be lover dice: no, en vivo y en directo (enter), ¿todavía vas al Parque de El Poblado a esta hora? Lite dream dice: hace mucho que no voy, pero hoy tengo ganas de ir, ¿nos vemos allá? … be lover dice: listo!!!, un beso. Ese beso resonó en Samuel, lo sacudió de nostalgia. Suponía que no era amor porque creía que ya no amaba de esa forma a Claudia, aunque estaba confundido porque sí amaba de esa forma a… be lover. Para Claudia en cambio fue una frase más en la costumbre que le había quedado de mandar, escribir y dar besos de despedida.

Los dos estuvieron nerviosos. El tiempo transcurrido no los había inmunizado contra eso. Cuando se vieron no sabían bien qué tenían qué hacer. Estuvieron quietos uno en frente del otro hasta que Claudia se acercó y lo abrazó. Samuel respondió apretándola y unos momentos después besándola. No pude aguantarme; quería besar a “be lover” desde hacía mucho tiempo. Yo también quería besarte, bueno, a “lite dream”, aunque cuando supe quién eras se me quitaron las ganas de besarlo y me dieron ganas de besarte a ti.

Hablaron sobre sus vidas. Se rieron de muchas cosas que habían pasado, de lo extraño del destino que los juntaba vía internet ahora, después de haber vivido tanto. ¡Nos  hubiéramos quedado juntos si hubiese sido hace años!, dijo Claudia. Él asintió sonriendo. La vida les negaba la oportunidad de un nuevo amor lleno de magia, pero en cambio les daba lo intenso de un encuentro con alguien a quien se quiso mucho y hace tiempo no se veía. Estás cada vez más linda, dijo Samuel. ¡Gracias! Tú no podrías estar mejor. Volvieron a besarse, se acariciaron y pidieron luego unos tragos. Se metieron unos pases y siguieron hablando. Ninguno de los dos pensó en rumba. Había mucho que contar. Cuando eran casi las cuatro de la mañana, Claudia preguntó: ¿Quieres ir a mi casa? No, dijo Samuel, y le entregó un casco. ¿A dónde vamos?, preguntó. Pero él no contestó y tomó rumbo a La Estrella. Se detuvo en uno de los moteles de la vía. Aquí será mejor, dijo finalmente. Ella asintió. Sabía que no habría una eternidad por delante; sabía que no quería eso, y se sentía bien con el hecho de que él tampoco lo quisiera. Estuvieron hasta entrada la tarde. Se tomaron una botella de vodka y tuvieron sexo entre trago y trago. Jadearon, se enamoraron por instantes y se rieron cada que algo loco pasaba por sus mentes. Al final de todo se quedaron dormidos. Sus cuerpos fueron recordando hasta que encajaron uno en el otro. Samuel acarició sus cabellos cuando sintió que tenía un mal sueño y ella fue calmándose poco a poco. Volvió a cerrar los ojos. Cuando se despertó ella estaba sentada en un rincón de la cama, tenía un cigarrillo en la mano y lo miraba. ¡Te has despertado después!, ¡hemos cambiado tanto! Se rio y contagió a Samuel, que luego de estirarse un poco robó uno de sus cigarrillos. ¿Qué crees que puede haber después de esto?, preguntó ella. ¿Crees que podría haber algo? Él se quedó callado unos momentos. ¿Sabes? Siempre ha existido algo, siempre ha habido un después. Creo que se debe llamar “el amor después del amor”. Sonrió de nuevo ella. Pero nosotros no somos los que vamos a vivirlo, ¿verdad? Samuel comenzó a mover la cabeza negativamente mientras dibujaba en su boca una sonrisa tierna.

Hay muchas cosas que tengo que hacer antes, dijo finalmente. Yo también, respondió ella. Es sólo que a veces siento que muchas podría hacerlas con vos. Estuvieron otra vez en silencio, ese abrazaron y dejaron salir algunas lágrimas. ¿Estás dejando una puerta abierta?, preguntó ella. Creo que nunca podría cerrarla, dijo él. Ha sido maravilloso verte, concluyó. Ella sonrió llorando. Para mí también, ¡no sabes cuánto! Encendieron el último cigarrillo, esta vez abrazados en silencio, fumando cada uno en la espalda del otro, sintiendo el corazón excitado, escuchando la respiración otra vez, por última vez. “Nada es para siempre”, pensó Samuel. Ni el amor ni el odio ni el dolor ni la euforia ni ese momento ni siquiera la vida que cada vez se hace más corta. Chupó fuerte su cigarrillo disfrutándolo. Samuel jugó a vestir y desvestir  a Claudia. Ella se dejó hasta que se puso sus bóxer y a cambio le dio las tangas. Samuel entendió y entonces se colocó la minifalda, y luego la blusa apretada, la chaqueta y uno de sus pendientes. Ella hacía lo mismo con el bluejean, la camisa y la chaqueta. Claudia sacó la cámara y, haciéndose a su lado, tomó un autofoto. Ahora es el momento, dijo ella. Sácame de aquí. Respiró profundo. Un minuto más y comenzará a dolerme, dejará de ser un sueño. Samuel le pasó el caso de nuevo, pero ella se negó con la cabeza. Él entendió y llamó un taxi… Le cerró los ojos y la besó. No dejaré que te despiertes hasta que estés lejos. Se montó al taxi con los ojos cerrados y los dejó así un largo rato… Una frase se quedó en su cabeza dando vueltas: “el amor después del amor”. Era justo lo que necesitaba para terminar.

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 Espía. Veracruz. Dirección General Editorial Universidad Veracruzana. 2012. Págs. 149-151.

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