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Archive for 12/06/17

2.jpgTarsicio Valencia. Por: Patricia Cuervo Osorio. Facultad de Comunicación. Universidad de Medellín.

 

VISITA DEL MAESTRO AL ORTÓNIMO

Ya había muerto el maestro. Fue enterrado en un campo con cabras. Ellas pastaban como en las Geórgicas de Virgilio. Pero, ¿por qué habría de leerlo? No lo sabemos. Ahí están los pastores con sus cañas en la boca.

Uno alaba a Apolo, otro a Orfeo. Caeiro lo ve todo. Su mirada es nítida como un cielo. Pero no le gustan las metáforas. Una cosa es esa cosa y nada más. Esa es muy determinativa para él. Le gustan las cosas claras y las chocolatinas sin metafísica. Bueno. Ahí bajo tierra conversa con Pessoa, como un Dante con Virgilio. Casi no ríen, pero tampoco son graves o adustos. Pessoa está enfermo del hígado. La enfermera le pone inyecciones y láudano. Pessoa se duerme y Caeiro aparece en el sueño. Es alto, un poco rústico. Es un pastor amoroso. Pessoa lo observa a través de los cristales de la ventana.

Es un campo con girasoles, más allá margaritas. Dice en soliloquio poemas. Musitando. El mundo es una margarita. El arco iris se desvanece. No sé lo que es la naturaleza. La canto. Pobres de las flores en los arriates simétricos de los jardines.

Caeiro sonríe y sale diciendo: No basta abrir la ventana para ver el campo y el río. No es suficiente no ser ciego para ver los árboles y las flores. También, es necesario no tener ninguna filosofía. Con filosofía no hay árboles: Sólo hay ideas. Hay sólo cada uno de nosotros, como un sótano. Hay sólo una ventana, y todo el mundo afuera; y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriese, que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.

LLUEVE Y PESSOA NO SIENTE

Es una lluvia en silencio

llueve

nada le apetece a Pessoa

no pasa el viento

en la cocina el café caliente

y los cigarros

una novela policíaca le espera.

 

Pessoa ahora escribe de pie

en la cómoda alta.

Escribe sin interrupción

sin correcciones

escribe mil trescientos versos

en veinticuatro horas

se sustituye cuatro veces

y a ese día, ocho de marzo

de mil novecientos catorce

llama el día triunfal de su vida.

 

EL HABLA ÍNTIMA DE ALVARO DE CAMPOS

Habla para sí mismo

las exclamaciones son grandilocuentes

y cesan, como un timón

surge un desconsuelo quieto y suave

en la poesía.

Cesan los movimientos

el timón va susurrando

quieta la rabia de la mar y las agitaciones

las multitudes cotidianas

de las tristes calles.

Por allá en la raya fronteriza

de Huelva en Tavira vino al mundo

el quince de octubre de mil ochocientos noventa

Álvaro de Campos

allí tuvo esa infancia enigma

en la ciudad costera y

seguía amando las cosas de la mar

las aguas y los maquinismos

y a los dieciocho se instala en Glasgow

y aún no resuelve el enigma de su infancia.

Y en mil novecientos ocho se matricula en la vieja

universidad Escocesa

en la Faculta de Ingeniería

Y obtiene en mil novecientos doce

el máster en Naval Architecture and Ocean Engeniering

y es contratado en los astilleros de New Casstle-Upon-Tyne

en la costa inglesa

del mar del Norte

y toda una vida resolviendo ese enigma y esa nostalgia

es pulsión poética

os amo a todos fauna maravillosa

del fondo de la mar, de la vida.

Fuma opio y tiene el aire cosmopolita de educado en el extranjero.

EL CUBO DE LA SENSACIÓN

Los dioses están ausentes, leí de Antonio Mora

salutación al porvenir pagano, dijo

la natura, la religión pagana es la más natural del todas.

Sentado, esto demostraba:

la religión pagana es politeísta.

Se necesitan elementos psíquicos que la sustenten.

Y el continuador filosófico del paganismo, Antonio Mora, dijo en la barbería: Quién al morir deja escrito un verso bello ha dejado más ricos a los cielos y a la tierra y más emotivamente misteriosa a la razón de que haya estrellas y gente.

Antonio Mora nunca conoció a Pessoa.

Ningún asombro salió de su alma y de su cuerpo

cuando lo vio pasar en el ataúd, supo que era él

porque eso es la vida.

VISITA DEL ORTÓNIMO

No  soy un escéptico. En el fondo de mi inactividad soy muy activo para renunciar a creer. Soy un pagano de la decadencia que confía en la interpretación de los dioses que el misterio revelado ha hecho posible. Pessoa guardó silencio.

VISITA DE OFELIA AL POETA DRAMÁTICO

Se encontraron en la baja Lisboa, frente al Monasterio de los Jerónimos. Era una hermosa tarde de verano.

Pessoa le confesó que como artista sentía la despersonalización del dramaturgo. Ofelia, con lánguida hechicería: Eterno y bello sólo el sueño. ¿Por qué estamos hablando todavía?

Pessoa en abandono y solo, buscando la luz de la metáfora, le dice: Faustino Atunes es un enfermo mental que escribe cantos; hizo explotar una casa de campo en la que murió. Se está solo. Shelley se comprende en silencio.

Y Ofelia, en voz de dulce trance: ¿Qué voz es esa con que hablas? Y entre la voz de Pessoa y su yo se abre un abismo. Le dice:

Pon tus manos entre mis manos y deja que nos callemos acerca de la vida.

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La visita de Pessoa. Medellín. Editorial Universidad Pontificia Bolivariana. 2016. Págs. 113-14, 19, 22-23, 24, 30, 37.

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  1. ¿Qué es, ha sido y será de su literatura en el antes, hoy, y después o no de su decisión libre o del azar, de participar en el grupo de “Los Octámbulos”
  2. ¿Cómo y desde dónde, con qué texto o textos interviene en esté Nro 2 de la Antología de “Los Octámbulos” y por qué y para qué?
  3. ¿En qué forma y medida (sin mediciones), usted ha ocluido o exaltado su yo, para intervenir en este grupo y por qué, qué sentido tiene y como han sido sus desarrollos tempestuosos o no?
  4. ¿Qué es para usted un Octámbulo y si esa visión o consideración media (médium) con o en sus textos, por qué sí o por qué no?

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RAFAEL AGUIRRE: “… ALGO MEJOR QUE ESCRIBIR LITERATURA ES HABLAR SOBRE ELLA”

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1.

Como fundador de la tertulia Los Octámbulos, por allá a principios de 2003, debo decir que esta ha sido y será un baluarte de aprendizaje de muchas cosas y desaprendizaje de otras, en especial para llenar un poco el tiempo de soledad que requieren los momentos de lectura y escritura y compartir con otros que pasan por lo mismo, incluso, para practicar un poco la economía solidaria en lo que concierne a la publicación de libros. Personalmente me ha servido para cualificar mi labor de tallerista en el taller LETRA-TINTA, adscrito a RELATA (Mincultura) y porque sencillamente, algo mejor que escribir literatura es hablar sobre ella; es lo que se persigue en toda tertulia que sea literaria.

2.

Este segundo volumen de Los Octámbulos lo apreciaré mucho por cuanto se constituye en el primer texto donde me lanzo a publicar poesía. Todo el mundo me toma como narrador; también he incursionado en géneros como el ensayo, la crónica y recién termino una segunda novela. La poesía es algo a lo cual le tenía mucho respeto, pero ahora, para bien o para mal, allí están esos primeros poemas de un poemario que muy pronto saldrá a la luz lectora. Amanecerá y leeremos.

3.

Todos sabemos lo complicado que es la psicología de los grupos y los momentos de discusiones acaloradas, tempestuosas, la defensa de egos y demás tópicos narcisistas acurren en todo momento, pero lejos de distanciarnos, ocurre que las diferencias nos unen, al fin y al cabo nuestras sesiones son libres, no hay la injerencia de un maestro líder, no se hacen actas, no se toma lista, hay mucha libertad y eso es fundamental en la cohesión del grupo.

4.

Es muy posible que en la obra de cada uno se implique alguna injerencia, pero no creo que sea desde lo estilístico, más bien el aporte estaría desde la universalidad de saberes que el grupo genera y que es importante para cualquier escritor.
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7.jpgFacultad de Comunicación. Universidad de Medellín. Presentación: Octámbulos II. 2016.

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MARÍA ELENA GIRALDO: “EN LA CRÍTICA NOS MUEVE LA COHERENCIA DE LOS TEXTOS, LAS FISURAS DESDE LO GRAMATICAL…”

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1.

Cuando se llega a un sitio, muchas veces, es el azar el que se confabula con uno para habitar un espacio y un tiempo, destinado tal vez, deseado tal vez. Y una llega cargada de fantasmas, de recuerdos de adolescencia en los que se quiso infundir vida a esos hombres inmortales que nos abandonaron (Los hermanos Grimm, la generación del 98, del 27, un Goethe, un Rimbaud, un Nietzsche, un Freud, un Kafka, un Hölderlin… Poder escuchar de ellos sus luchas, insomnios, ese parir un texto en medio de la angustia, el delirio o la lucidez. Textos que llenaron de sonidos y cadencias mis oídos. Cuánto deseé tenerlos frente a mí. Quería conocer a esos escritores de los que mis profesores de español leían sus obras. Cuánto deseé conocerlos. Y un día no esperado, me invitan a hacer parte de la tertulia, no estaba en mis planes, pero el deseo andaba agazapado y se hizo ley. Y en la tertulia empezó a abrirse ese océano de las palabras que se juntan, una tras otra, como las piezas de un rompecabezas que necesitan encajarse para darle forma a una imagen. Las palabras son un océano que irrumpe con toda su fuerza, hasta reventar como los juegos pirotécnicos. Y entonces, la escritura se hace una necesidad. La pasión corre por la sangre, se tatúa en la piel, se respira, aún en un medio como el nuestro, se respira la poesía que otros hacen, la que leen los contertulios.

Y en ese balbucear de la palabra, me fui haciendo escribiente de las formas, de los colores, de las obsesiones, de los espacios familiares y ajenos, del tiempo, del mito, del infierno de uno, y de los otros. Enfrentarse al papel en blanco, todo un reto por cultivar.

Y ese reto se ha ido consolidando, noche a noche, alimentado con la lectura, con las críticas de los textos. Escribir se ha convertido en una manera de habitar el mundo, de habitar la tertulia, la cual sigue consolidándose en la perseverancia, en la exigencia, en la depuración como un intento, siempre imposible, porque las palabras huyen y uno va tras ellas intentando darles forma en el papel. Crear es un sufrimiento delicioso, crear a partir de la nada, crear a pesar de una misma que se queda corta en el decir, a pesar de la lucha interior, porque las musas desdeñosas nos abandonan. Sin embargo, el reunirnos quincenalmente, nos ha hecho disciplinados, procurando tensar los textos en medio de las críticas. Y así, año tras año  hemos aprendido a amar las noches de tertulia.

La tertulia ha sido el faro en medio del mar tempestuoso, de la oscuridad, de la lejanía de un puerto seguro. Hemos permanecido en el mar abierto, cada uno capitán de sí mismo, no hay maestros, tampoco pupilos. Cada quien caminando a su ritmo, haciendo pausas o siendo devorado por la imperiosa necesidad de un norte en su escritura; desnudando su ser, exaltando una mirada del mundo, un encuentro con los propios fantasmas, dándole forma a la propia existencia, reflexionando sobre el mundo, sobre los escritores que amamos. Y en ese devenir va surgiendo una voz propia.

Hemos permanecido en pie en las noches oscuras y  frías, en las cálidas y llenas de estrellas hemos permanecido. No sabemos a dónde nos lleve ese mar tempestuoso de las pasiones. Solo remamos todos los días, a pesar del insomnio seguimos remando, en los quebrantos de salud y de ánimo, seguimos remando, no tenemos puerto definitivo a donde llegar, la tertulia es el faro, la brújula, que señala un norte, un sur. Solamente eso. Cada uno llegará a un puerto cuando su corazón deseé el puerto. O cuando la muerte le arrebate el último halito de su existencia, el último poema que no terminó de hacer.

Mientras tanto, el futuro nos aguarda, y cada uno seguirá siendo su propio capitán en alta mar, eso es lo que hemos hecho durante 13 años y seguiremos haciéndolo. ¿Hasta cuándo? No lo sabemos.

2.

Desde la poesía he intervenido en el libro, Oc-támbulos II, con textos que en su mayoría son una mirada sobre la guerra. Esas guerras que se convierten en una Banda de Moebius, dónde se diluye esa frontera entre lo íntimo y extimo:” La guerra no se vive lejos de la casa, lejos del palpitar del  barrio moribundo, tampoco fuera del corazón”. Es esa necesidad de nombrar lo que es Colombia, un espejo fragmentado, donde todos somos dioses oscuros intentando unir los fragmentos, intentando delinear el rostro de la paz, un imposible que hay que intentar.

3.

En la tertulia ha prevalecido el ejercicio de la democracia, no un ejercicio para exaltar el yo propio o el de otros; como lo decía antes, no hay quien la dirija. Solo unas pautas, unas reglas necesarias para su funcionamiento. La tertulia es un espacio para el ejercicio político, en tanto, que es tomar la palabra, sin mediadores, sin maestros, sin a quién seguir. Cada uno hace uso de su voz propia para debatir, estar o no de acuerdo con lo que se debate. También es un espacio para el ejercicio de la estética y la ética particular, y en este sentido, cada integrante es libre de exaltar su yo o de preferir la ficción o temas del mundo que lo circunda.

4.

Un Octámbulo, es comprometido con la escritura, con su presencia en cada encuentro itinerante, cada quince días. Un Octámbulo está comprometido con su deseo, con los temas que lo apasionan, con el ejercicio de la crítica de los textos que se llevan para pasarlos por el tamiz de las sugerencias. Todos tenemos claridad de que se va con toda, sin misericordia hacia los textos que se ponen en la palestra, no sobre la humanidad del contertulio. En la crítica nos mueve la coherencia de los textos, las fisuras desde lo gramatical, los tópicos que necesitan más desarrollo, pero cada quien está en su derecho de aceptar o no las sugerencias.

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RAÚL GONZÁLEZ HERNÁNDEZ: “EN LO NARRATIVO DESEO MOSTRAR AL SER HUMANO EN CONFLICTOS…”

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1.

Desde joven me gustó escribir poemas y solo les leía a uno o dos amigos. Con varios amigos leíamos y compartíamos libros de escritores, tanto clásicos como contemporáneos y después en tertulias manifestábamos nuestras emociones profundas con lo leído. Esa era nuestra crítica, pero nada académica. Solo el pacer o no del disfrute.

Mi iniciar con la escritura primó el silencio y era casi oculta. Escribía en hojas sueltas que luego pasaba a limpio en máquina de escribir. Con los años me atreví a mostrar algunos poemas a personas diferentes a esos iniciales amigos. Mi primera publicación en papel fue en la Revista Rampa. Luego me invitaron a pertenecer al grupo literario Los Octámbulos. Nunca había deseado pertenecer a ningún taller o grupo direccionado por algún escritor o por algún maestro en las artes literarias. Siempre desconfié de la trasmisión vertical del saber y más aún del literario. Esta propuesta de Los Octámbulos era nueva y llamativa: no había autoridad. El saber individual se difundía sin ser autoridad. Todos éramos iguales unos con más o menos trayectoria (hemos seguido fieles con esa manera de compartir los saberes). El ingreso a este grupo exigía escribir. Mi escritura inicial era esporádica, pero al ingresar a este grupo tuve una trasformación en mí. Me exigía no por el grupo sino por un deseo mucho más claro sobre la escritura. Mi obra poética prácticamente la he desnudado y confrontado al grupo al igual que mis relatos y cuentos. Somos una especie de cofradía literaria. El hecho de pertenecer a Los Octámbulos activó en mí la escritura profunda, seria y permanente. Creo que he madurado en estos trece años que llevo con el grupo. Me siento cada vez más seguro con mi escritura y más único. Desde el inicio de mi escritura nunca tuve modelos conscientes, además nunca he tratado de impostarme, ni tomar voces prestadas. Siempre he tratado o al menos intentado de expresar mi yo. Pero mi yo no es la primera persona. Hablo de un yo universal.

Creo y cada vez estoy más seguro que en mi proceso literario han influidos las gratas y sabias amistades, del pasado y del presente, de eso estoy casi convencido y merecen ser mencionados (aunque sea en abstracto) a todos mis maestros literarios que han plasmado su voz en los libros, a estos les tengo un infinito aprecio ya que sin ellos no sería lo que soy. Es por este motivo que ha sido mi decisión de iniciar y continuar por este difícil camino literario. Al azar lo veo ya lejano, pudo haber o no influido en este complejo proceso, pero creo mejor que fueron y son mis deseos profundos de expresarme mediante el arte y cada vez comprendo que con la escritura logro ese estado, esa comunicación y también rompo las cadenas del encierro, del mutismo.

2.

La poesía me atrae y me succiona el alma. Es aliento. Es vida. Es muerte. Es noche al igual que día. Es tristeza. Es la posibilidad mágica de verbalizar el mundo, sus entrañas. Es encontrar en un mar de cosas una única palabra que define e ilumina.

Mi primer libro es de poemas Horas sin tiempo.

Siempre me ha gustado también la narrativa: el cuento y el relato. La novela es un género que respeto mucho y que siempre dedico parte de mi tiempo, pero a su lectura.

En Los Octámbulos II, incluí dos relatos: Autorretrato de una familia y Reencuentro y un cuento titulado La angustia del saxofonista; un poema de despedida al amigo ido que nos acompañó como Octámbulo y poemas breves o haikus que titulé Instantes.

En lo narrativo deseo mostrar al ser humano en conflictos. Como se viven ciertos dramas de la vida común y corriente que desconocemos. Lo narrativo es otra paleta diferente al poema. En lo narrativo me confronto y trato de dar vida a los personajes que pasan por mis ojos. El poema es una llama permanente que comprime, quema, obnubila y hasta ciega.

He ido incursionado también en el haiku y he encontrado en él la iluminación poética profunda. La revelación-fuego.

3.

Mi desarrollo literario nunca ha sido tempestuoso ni pretensioso, además nunca pensé ser escritor y mucho menos poeta. He ido clarificado estas cosas internas de mi yo a medida que el tiempo pasa y cada vez veo más claro mi deseo por el actuar literario. Creo que este actuar me acompañará hasta mis últimos días. Es un deseo profundo que viaja conmigo.

Tuve una profesión que le dediqué gran parte de mi vida. Me metí a profundidad en el mundo de la fotografía pues veía que era la manera de poder expresar mi yo (aún la llevo en mis entrañas). Poco a poco, sin pensarlo, me fui adentrado en la escritura y estoy en ella como un todo. Hace parte de mí como el respirar, el vivir. Es una simbiosis. Como nunca existió en mí la pretensión de ser escritor y para ello siempre encontré una manera de definirme que era como diletante (DRAE consigna las dos primeras acepciones: conocedor de las artes o aficionado a ellas y segundo que cultiva algún campo del saber o se interesa por él, como aficionado y no como profesional), excluyo de esto el significado irónico o negativo que carga popularmente esta palabra. No me siento profesional en la escritura y nunca lo seré. Lo que intento es tratar de expresar en palabras lo no expresado.

4.

Un Octámbulos es un ser libre y trabajador en lo literario, sin sujeciones ni sumisiones literarias. Abierto al mundo y a la crítica.

Mis textos lo he leído en bruto (como roca aún sin pulir perfectamente) en las tertulias he sentido que cada Octámbulos leen el texto como si fuera propio y abre su ojo crítico. El colectivo aporta a través del aporte individual en lo literario, gramatical etc. Se hace caer en cuenta al escritor de costuras mal hechas, de palabras que riñen unas con otras, de imágenes flojas, cojas o que caen en lugares comunes, de cierres evidentes sin magia etc., pero siempre respectando al autor quién será en última instancia quién decide o no las observaciones planteadas.

Nuestro principio como grupo es ser libres sin sujeción formal alguna. Cada escritor tiene sus identidades y gustos. Nuestra escritura es diversa. El único movimiento que propendemos es el de la libertad. No estamos inscritos en ningún movimiento literario ni lo pretendemos. Cada escritor carga a sus espaldas lo suyo.

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ALONSO MEJÍA: “UN COLEGA ME AYUDA A MEJORAR LOS TEXTOS”

13.jpgPor: Gabriel Jaime Caro. De izquierda a derecha: Alonso Mejía y Carlos M. Luis (1932-2013)

1.

La misma, pero distinta.

2.

Con eporimios.

3.

Uno y otro, en lo posible. En calma.

4.

Un colega que me ayuda a mejorar mis textos.

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LUIS ORLANDO VALENCIA: “SILENCIADO AL YO Y AL SUPERYÓ ES LA MANERA MÁS FÁCIL DE ESCRIBIR”

16.jpgPor: Patricia Cuervo. Facultad de Comunicación. Universidad de Medellín.

1.

Otros amigos y yo fundamos la tertulia Los Octámbulos hace más de doce años. Pude percibir entonces que todos queríamos construir un espacio para leernos, para escucharnos, para criticarnos y para hablar de literatura en general. Todos asumíamos que ya éramos escritores. Encajábamos, pienso yo, en la definición sencilla de escritor que nos regaló Ernesto Sábato: “Escritor es un hombre que escribe y un gran escritor es simplemente un gran hombre que escribe”. Además, todos los fundadores ya habíamos escrito y publicado uno, dos o más libros. Entonces nuestra tertulia no hace escritores ni forma escritores. Pero si nos da la alegría de hablar de literatura con nuestros pares. Y en esos diálogos, habitados muchas veces por la crítica despiadada, cada quien saca sus frutos o los desecha. Pienso que el tipo de crítica que allí hacemos, centrada en los textos y no en la persona del escritor, sí ofrece posibilidades de que cada uno pula y corrija su texto para acercarlo a esa cosa cuasi inefable que en la cultura humana se conoce como “obra de arte”. Arte literario en este caso. Y ahora, hablando de mí, puedo decir: antes de la tertulia yo era escritor, “un hombre que escribe”, durante la tertulia sigo siendo un escritor que a menudo se reúne con otros escritores a hablar de sus escrituras, y después de la tertulia, si es que para mí llega ese después, seguiré siendo escritor. Es una condena irremediable.

2.

Movido por el deseo y a lo largo de varios años fui escribiendo poemas de encuentros y desencuentros, amores y desamores, actos de seducción fallidos y acertados, que reuní en un libro bajo el título de Las lunas de Saturno. Este es el libro que he publicado en esta antología titulada Los Octámbulos II. ¿Por qué pÚblico? Es una manera de liberarme de estos poemas y quedar más liviano, como cuando un árbol de naranjas, ayudado por el viento, se desprende de sus naranjas más maduras ¿Para qué pÚblico? Algún anónimo lector, en una biblioteca cualquiera, tal vez lea dos o tres de mis poemas. Ese lector tal vez pueda decirnos para qué público.

3.

En mi caso, silenciando al yo y al superyó es la manera más fácil de escribir. Y porque escribo tiene sentido que me reúna con mis amigos octámbulos. Si no escribiera ni me interesara de alguna manera la escritura literaria, es muy posible que no perteneciera a este grupo. No habría soportado el alto voltaje con el que, a veces, fluyen allí las palabras. A veces tenemos que fungir de expertos navegantes para soportar las tempestades marinas que crecen entre el flujo de las palabras dichas, escuchadas o silenciadas adrede.

4.

Un Octámbulo es un amigo que escribe y que no se convierte en mi enemigo cuando me atrevo a decirle que no me gusta lo que escribe. Un Octámbulo es un cronopio sin cronos, valga decir, sin un reloj que lo incite a correr o a despedirse temprano. Un Octámbulo es un escritor convencido de que diez y seis ojos ven más cosas que dos ojos, lo que permite ampliar la consciencia de cada uno sobre esas líneas que escribe en momentos de soledad.

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