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Archive for 2/07/17

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CAROLA MARTÍNEZ BANDERA (LADY MACBETH): “LAS MÁSCARAS DEL CONOCIMIENTO SIEMPRE SON BARROCAS…”

2.jpgPor: Leidy Johana Vásquez. Facultad de Comunicación. Universidad de Medellín.

 

¿En qué medida hay ya en este nuevo Macbeth, un vaciamiento de su estética teatral y qué se mantiene intacto e indeleble de la estética que Macbeth construyó y estructuró Farley Velásquez?

Vengo de los encuentros a las 7:OO de la mañana donde Farley llegaba en una bicicleta roja a los fondos del Ballet Folklórico de Antioquia para encontrarse con ese grupo de jóvenes que querían crear ese dialogo con Shakespeare, que entrenábamos juntos que estábamos encontrando nuestra voz, que sabíamos que solo dependía de nosotros crear  ese  espacio con nuestras uñas, pues nadie nos obligó a estar allí, donde creábamos mundos maravillosos para distraer el sin sentido que provocaba y que a veces puede seguir creando la lógica del mundo; vengo de la admiración a la locura como el escandalo para decidir apostar en lo que creemos sin pensar en las conveniencias o los intereses personales; vengo del riesgo que traía cada montaje; vengo del no traficar con la esperanza; vengo del ritual, de la ceremonia; vengo de la disciplina y vengo de la rigurosidad; vengo de la pregunta permanente que nos hace permanecer en ese pedazo de cielo; vengo de los molinos que construíamos con Farley para enfrentar los tornados que se nos presentaban; vengo de la lucha constante para no dejarse arrebatar el teatro.

Vengo de Farley, ese quijote maravilloso, ese maestro de maestros que nos enseñó lo más importante, ser honesto con lo que hacemos. Y esas son las pinceladas que hago en este remontaje desde el femenino, desde la mirada a mi entorno, desde la sociedad que nos estamos construyendo con las escenas que empiezo a crear. Desnudo los personajes de títulos de vestuarios que ostentan las bajas pasiones. Y muestran dos seres comunes y corrientes que nos muestran el reflejo del espejo y vemos como estamos más cerca de estos personajes de lo que creemos, estas pinceladas respetan la estructura de la puesta en escena de Farley quien con su obra siempre preguntó y buscó la ciudad perdida.

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¿Desde dónde trata usted ahora, en qué dimensión barroca o no la presencia e intervención de las hechiceras, en Macbeth y por qué, qué busca con ello?

Las máscaras del conocimiento siempre son barrocas porque hay que crear un sinnúmero de pliegues para ocultarlo. El conocimiento es un poder peligroso, por eso la verdad se puede representar en una mujer muy fea porque es lo que nos asusta, nos muestra a  nosotros mismos, es la imagen que se refleja en el lago y esa imagen que se disuelve, esos instantes de verdad que desaparecen. Y ese conocimiento hay que ocultarlo, castigarlo, castrarlo, porque nos hace ser responsable de nuestros actos, asumir las consecuencias sin culpar a nadie, las hechiceras son esto pero además son la atmosfera sobrenatural, la oscuridad de los deseos de Macbeth y las que de una u otra manera manejan los hilos del destino del Macbeth. Ellas en esta obra son las que ponen el escenario en que los personajes empiezan a deslizarse en los abismos. Creo que esta sociedad está conformada tanto por seres que poseen conocimiento guardados en huecos en la tierra que no darán frutos como por entidades que ponen escenarios de confusión de caos no creativo sino destructivos y son entidades que no usan escobas para volar sino hilos para tejer las ambiciones, las traiciones, las ansias de poder. Las brujas no ponen nada en Macbeth que no estuviera allí por eso esta obra nos asusta.  En esta puesta poco o casi nada hay de rituales o aquelarres, es mas a lo que nos huele la obra, el escalofrío, el sonido de los truenos, el color de la muerte, el sinsabor del poder, las dimensiones desconocidas de la locura. Somos tanto de luz como de oscuridad, es bueno pensarnos, construirnos.

¿Qué se dice usted a sí misma en la realización de su Lady Macbeth en este nuevo montaje y en el montaje con Farley Velásquez, qué hundimiento o catarsis se da y se dará en adelante?

Yo vengo de mujeres que han construido un pueblo; vengo de mujeres solas que han creído ciegamente en sus  hijos y han amado la maternidad a pesar de los dolores que esta crianza conlleva, que han visto morir a sus esposos, que con sus manos han construido sus destinos con olor a canela; vengo de la constancia en el quehacer teatral; vengo de Electra, Medea, la Reina Isabel, las Criadas de Jean Genet; vengo de La Mujer de las Rosas y al encontrarme con Lady Macbeth, era primero que todo el disfrute permanente de actuar con Farley, el encuentro con este personaje donde  le quite a la palabra juzgar la “z” y empecé a jugar, es una maestra desde la oscuridad, es una mujer con una fuerza muy masculina que ama perdidamente a su esposo, es una mujer que vive desde la inconciencia porque se ha obsesionado con el poder, con su objetivo de ayudar a que su esposo llegue a Él. El montaje con Farley era un continuo estudio de este personaje para su comprensión, para un acercamiento para sorprenderme, ahora es eso y algo más, como lo mencioné anteriormente, es la necesidad de desnudarla y encontrar la mujer que hay en ella, es quitarme capas de piel, todas las mujeres también venimos de ella, es la que nos detiene, nos confronta, la que nos enloquece para aprender de nosotros mismos. Es la voz desde la oscuridad.

Cuando cada noche abrimos las puertas del teatro y presentamos la función esa herida que tengo tan profunda y también la tiene el grupo se va cerrando y se convierte entonces en una cicatriz que nos recuerda que tenemos una pregunta que resolver en el escenario; que tenemos un maestro que nos acompaña desde otra dimensión, que no debemos desfallecer porque estamos preparados para seguir; que tenemos un tesoro que es el repertorio; que tenemos una voz; que sabemos de dónde venimos; que cada día esa casa, ese espacio para la libertad, para dialogar con el pensamiento, con la inteligencia, con la belleza; que tenemos un objetivo claro, hacer danzar los corazones de los espectadores y que tenemos una responsabilidad con nosotros mismos, hacer lo que amamos, lo que nos hace sonreír así tengamos lágrimas en los ojos.

 

GUSTAVO GARCÍA (BANQUO): “MACBETH DESARROLLA EN MI VISIÓN BARROCA Y TEATRAL DEL MUNDO, UNA CONCIENCIA…”

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 ¿Qué se dice hoy usted como actor de Macbeth con la dirección de Farley Velásquez  y en ese momento con la dirección de Carola Martínez, qué ha cambiado y se ha transformado en usted  y por qué?

Como actor de Macbeth bajo la dirección de Farley Velásquez, que ha sido un regalo de la vida el poder interpretar a Banquo, el mejor amigo del personaje principal, en ese entonces interpretado por mi director, algo que me dio mucha sorpresa, por la diferencia de edades y de bagaje escénico. Recuerdo que tenía pavor de actuar con Farley, ya que él me exigía que fuera su amigo y yo lo miraba con respeto como mi director, lo cual en escena no debía suceder, éramos gansters, peligrosos y desde niños los mejores amigos. La primera temporada de The New Gansters fue el despertar de una conciencia actoral, en la intencionalidad y la tensión estimulada por Farley, quien me dirigía mientras actuaba y me pedía visceralidad, verdad, energía y fuerza dramática, mientras me acomodaba en la luz. Una complicidad que duró los seis años que estuve a su lado como actor, donde descubrí más allá de mi director, a mi amigo, el que después, en las siguientes temporadas y más aún en las ocho funciones de “Macbeth”  en el 2015, mostraba en sus ojos la magia del teatro. Era el descubrir en mí, esa capacidad de juego y de compromiso escénico, hasta tal punto de hacerlo reír en escena (porque acostumbraba a salir con cosas distintas cada función y pues el que anda entre la miel algo se le pega, lo sorprendí) y sentir que disfrutaba de mi actuación. Cuando me monto la muerte en ese último encuentro en escena, me decía: “Me encanta como estas trabajando, me encanta esa energía bonita que transmites, estas disfrutando mi negro”. Ahora digo como actor de Macbeth, bajo la dirección de Carola Martínez Bandera, una maestra que lleva en su sangre el origen de La Hora 25,  el entender esta obra desde el corazón, la posibilidad de profundizar en las enseñanzas y en la memoria corporal y emotiva, lo labrado paulatinamente, con la convicción de cargar a cuestas la esencia de aquello que se impregnó en la piel, porque Farley habita en mí, desde su teatro.

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¿Qué dimensión como actor ha alcanzado en este momento, en su estudio y carácter del yo, de sí mismo, en las intervenciones que ha hecho en el Teatro La Hora 25 y qué han causado en su vida teatral?

La dimensión poética, estética y artística, que se despeja en esa decisión de gastarse la vida en lo que uno ama. Y el haber llegado a La Hora 25, ha sido como el viaje por una corriente que me acerca al mundo, a la ciudad y al ser humano, la decisión de hacer arte, que por medio de la experiencia se va transformando la piel, el pensamiento y la sensibilidad, que refleja en escena aquella palabra, aquella pregunta en relación a mi responsabilidad con el otro, en términos sensibles. Farley decía que un actor se construye por las horas de vuelo en el escenario, la cancha, raspar tabla; La Hora 25 me ha dado muchísimas horas de vuelo, quince montajes, la posibilidad de conocer los escenarios del país y tener cerca a los artistas que son la trayectoria del teatro en Colombia. Me ha acercado al mundo del teatro y ha forjado en mí un carácter creativo, de constantes búsquedas, una necesidad interior, lanzándome al abismo del nuevo inicio, una nueva historia de mi mundo como artista en esta tierra.

¿Qué busca la obra hacer y desarrolla en su visión barroca y teatral del mundo y la realidad; qué intentan transmitirle al espectador presente y del presente y por qué?

Macbeth busca desentrañar la ambición humana, cómo el destino es el que arrojamos en nosotros mismos y no aquello que esta fuera de nuestra interioridad. Macbeth es la determinación frente al deseo y frente al poder, es el esqueleto de una sociedad que se niega a mirarse a sí misma y desea, sin importar las consecuencias de los actos. No se juzga, se dibuja en la trama ese conocimiento que dice que las acciones humanas se desencadenan según la fuerza que se infringe y la previsión de lo que se desea concluir, por esto estamos sentenciados a la hybris,  la fuerza que habita el cuerpo y que la arrolla, que la vuelve vulnerable ante su propia condición.

Macbeth desarrolla en mi visión barroca y teatral del mundo, una conciencia del sentir esa fuerza que habita el cuerpo y hacer consciente el mensaje cifrado que Shakespeare tiene para el mundo. Por eso es vigente, por eso puede ser representado en cualquier época, en cualquier sociedad. Además erige en mi visión como actor, los lindes que observan el misterio como misterio y la luz como aquella fuente poderosa donde se asienta el espíritu, la cual alinea mi visión estética frente a la banalidad cruda y desahuciada de la realidad.

Lo que se intenta transmitir es la unidad sin moral, sin juzgar las consecuencias de los actos, es ver retratado en el escenario el carácter altivo del hombre que se enfrenta a sus propios demonios. Los espejos a veces atraen y a veces repelen, es el arte en su estado de replica el que arroja por medio del Gestus, la experiencia estética. Desde mi posición como actor de la obra Macbeth, lo que intento es cargar al espectador de vida, entrar en su interior para despejar esos espectros luminosos, sensibles, para transformar como un catalizador la energía pasiva del espectador en puentes creativos y de reflexión constante.

PAULINA GIRALDO HINCAPIÉ (HECHICERA): “LAS HECHICERAS DE MACBETH ODIAN…”

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¿En qué momento se siente y se percibe a sí misma como una hechicera y qué busca transmitir en Macbeth desde y con su intervención, qué dice una hechicera hoy?

Shakespeare nos habla de la humanidad misma, de lo que somos, nos cuestiona y nos cuestionara siempre. En una obra que transcurre en la oscuridad de la noche, entre conjuros reales de la edad del oscurantismo, seres que surgen de la deformación de los dioses griegos, brujas que deforman el alma y la mente humana sostienen la obra, la tejen y los demás personajes se desenvuelven entre sus telarañas. Inspiran temor y reverencia, son la contradicción y la incertidumbre. Como actriz trato de sumergirme en ese mundo, que sigue siendo este mismo y trato de relacionarme con los otros que soy yo misma.
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¿Qué dicen las hechiceras, alrededor de la vida y la muerte, que se teatraliza en este Macbeth con la dirección de Carola Martínez y por qué, o sea que carácter tienen ahora?

Macbeth es una obra que comienza con el fin de una guerra y el comienzo de otra. Las hechiceras en esta obra son concebidas como aquellos seres misteriosos que juegan con el destino, con el azar, que nos representan, representan la vida misma y a su vez se convierten en los otros personajes. Simbolizan la energía femenina que tenemos dentro, tanto el hombre como la mujer. Las hechiceras continúan construyéndose y transformándose desde la concepción de Farley Velásquez y ahora con las pinceladas de Carola Martínez, siguen hablándonos de la inmundicia humana, nos hablan de eso que sabemos, pero que no escuchamos, nos dan elementos llenos de opuestos.

¿Cómo observa usted, el escenario otro, en que se realiza Macbeth y en él que usted no participa, porque no es su tarea, o sea, en el destino de Macbeth? 

Las hechiceras de Macbeth odian. Odian, provocan, seducen a Macbeth, le dan seguridad para llegar a la corona de una manera precipitada, saltando un orden natura. Lo deshumanizan haciéndole perder la noción de remordimiento y culpa. Le abren un camino sujeto a la nada que el mismo transita. Generan en Macbeth una dependencia hacia ellas mismas en una relación de completa sumisión.

 

VERÓNICA TABARÉS (HECHICERA): “BUSCO TRANSMITIR LA RISA EN EL HORROR”

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¿En qué momento se siente y se percibe a sí misma como una hechicera y qué busca transmitir en Macbeth desde y con su intervención, qué dice una hechicera hoy?

Siempre, soy mujer, desde siempre las mujeres hemos sido percibidas y etiquetadas como brujas, hechiceras, en situaciones tanto de amor como de odio. Las razones no las sé, supongo que es un peso histórico, de lo que sí me he dado cuenta es que  las mujeres con voz, las que tienen algo que decir, asustan, en especial a los hombres y así como estos hombres, Macbeth no las escucha, no las comprende. Busco transmitir la risa en el horror. Reírse de quien es víctima de su destino, de quien es ciego ante lo evidente, de aquellos que con todas sus fuerzas buscan una respuesta y que estando su respuesta ahí, al pie, no la ven. Lo entendí un poco cuando murió Farley, con profunda tristeza me reí mucho de mí misma. Me di cuenta que yo nunca vi, ni escuché, ni entendí lo que él me quería decir, solo hasta que murió, cuando ya no lo tenía para conversar.

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 ¿Qué dicen las hechiceras, alrededor de la vida y la muerte, que se teatraliza en este Macbeth con la dirección de Carola Martínez y por qué, o sea que carácter tienen ahora?

Que para los hombres “lo hermoso es feo y lo feo es hermoso”, que “el bien es mal y el mal es bien”, que “nada es sino lo que es”. Se teatraliza la oscuridad del ser humano, lo que podemos llegar a ser y hacer por el poder con o sin tapujos. No creo que el carácter de la obra haya cambiado, lo que se ve ahora es que con sutileza se enfatiza la en ciertas escenas, la manifestación del estado de psicosis de Lady Macbeth y la paranoia del propio Macbeth. 

¿Cómo observa usted, el escenario otro, en que se realiza Macbeth y en él que usted no participa, porque no es su tarea, o sea, en el destino de Macbeth? 

Veo que somos presas fáciles de la vanidad, la arrogancia y la paranoia. Estos estados o emociones que nos embargan nos llevan a abrir caminos que nos llevan a la desgracia, aun cuando hemos logrado nuestro cometido.

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ALEJANDRO VÁSQUEZ (MACBETH): “SIEMPRE HE PENSADO QUE LOS PERSONAJES NOS ELIGEN PARA ENSEÑARNOS…”

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Por: Milena Álvarez. Facultad de Comunicación. Universidad de Medellín.

 

¿Qué se dice hoy usted como actor de Macbeth con la dirección de Farley Velásquez y en ese momento con la dirección de Carola Martínez, qué ha cambiado y se ha transformado en usted  y por qué?

Mi historia con el Teatro La Hora 25 parte de un deseo muy fuerte de hacer teatro. Pasando de tener las manos muy llenas a despojarme de mis artilugios e iniciar el recorrido hacia mi oráculo de febo, donde en un cruce de caminos me encontré con la humanidad y me reconocí en ella. Farley Velásquez me abre las puertas de su templo y me muestra lo barroco que es el teatro, lo eterno que puede llegar hacer, las civilizaciones pasaran pero el teatro seguirá vivo. Porque es la vida misma, es la fuerza creativa que devela de forma trágica la vida. Allí está Farley, en lo barroco, en lo infinito de su teatro. La potencia de sus obras, son una energía ascendente, como un sol de mediodía en una hermosa tarde de verano. Ahora cae la tarde y con ello llega la noche dando paso a la muerte. Es el ciclo de la vida se muere en la noche para renacer con el día, es la transformación.

En el momento más oscuro de la noche, el resplandor de un nuevo amanecer se empieza a vislumbrar, la luz llega a todos esos sitios que se encontraban en penumbra y como un gran faro austral Carola Martínez  nos enseña que desde la fuerza del amor podemos continuar trasformando nuestra realidad y nos corrobora lo barroco que es el teatro.

¿Podría decirnos en su estética teatral, cuál ha sido el desarrollo y movimiento de su formación desde que intervino  en Romeo y Julieta (Teobaldo) y ahora haciendo su rol de Macbeth, qué ha provocado en usted esta nueva relación y por qué?

Mi estética teatral parte de un me acuerdo es decir de lo que soy. Es mi primer contacto con Teobaldo el que me confronta con mis temores y mis dudas, generando una falta de confianza, que se reflejaba más que nada en la voz del personaje, el cual tenía una fuerte imagen pero la voz nunca lo acompaño. Fue un Teobaldo invadido por mis miedos.

Al terminar la temporada me sentí en deuda con el personaje y el teatro. Eso me motivo a trabajar en esos puntos bajos de mi interpretación, logrando a través del entrenamiento mayor seguridad y comprensión del carácter trágico y visceral de las obras del Teatro La Hora 25. El teatro me pone de nuevo a prueba con un personaje con el cual desde el primer ensayo encontró su voz y no estoy diciendo que con ello solucione mis problemas de voz, sino que hubo algo en mí que hizo clic. Incluso siento que las palabras llegan a ser insuficientes para describir lo que sucede en mi relación con Macbeth, pero este se brinda de forma más franca, puede ser porque también empecé a ser más honesto con mi ser y mi entorno. A medida que Macbeth dialoga conmigo no solo me muestra manifestaciones que no pensé que tenía sino que hay una común unión (Comunión) con el personaje.

Siempre he pensado que los personajes nos eligen para enseñarnos algo que debemos hacer consiente en nuestro ser y poder comprender la condición de lo humano.

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¿Qué busca la obra hacer y desarrolla en su visión barroca y teatral del mundo y la realidad; qué intentan transmitirle al espectador presente y del presente y por qué?

Voy a iniciar citando la siguiente frase: Donde no prevalecen las palabras, prevalece la violencia (Thomas Kyd, 1585 “La tragedia Española”). Cuando leo esta frase que fue escrita hace siglos y al interpretarla en este presente aún conserva la fuerza a pesar de haber sido escrita hace mucho tiempo atrás, es como si las palabra viajaran inmutables en el tiempo, de forma transversal recorre las diferentes estéticas de cada era o época, o como se quiera llamar e instalarse en cada una de ellas como una sentencia que deja al descubierto el pobre desarrollo del ser humano en el ámbito espiritual y a pesar de los grandes avances científicos, el ser humano aun usa la violencia como forma de relacionarse con aquello seres con los cuales tienen diferencias de pensamiento. Diferencias tan insulsas como creer o no en un Dios en particular. Desde los inicios de la civilizaciones los seres humanos siempre le han temido a lo diferente y ese temor los lleva a la violencia, la ambición de poder dominar a otros y obtener el control absoluto de la sociedad   nos llevan a cometer crímenes terribles que hieren a la tierra.

La adaptación de Farley Velásquez de los textos de Macbeth, una obra escrita aproximadamente 1605, nos corrobora que el ser humano a pesar de su evolución tecnológica, sigue cometiendo los mismos crímenes contra la naturaleza, aún no ha llegado esa evolución de la conciencia humana y  parece que así será hasta el fin.

Farley en su visión barroca y teatral del mundo nos contemporiza unos textos escritos hace centenares de años, y denuncia ante el espectador que nuestra sociedad está llena de Macbeth, que todo esto es real, que sucede día a día en nuestra calles y que no es solo literatura.

Ahora terminare mi respuesta con una pregunta: ¿Con la adaptación de Macbeth del Teatro La Hora 25 lograremos que nuestra sociedad despierte algún tipo de conciencia colectiva de cómo nos  relacionamos los unos con los otros. Lograremos con esta obra hacer prevalecer la palabra?

 

LUKAS VELÁSQUEZ: “EL HERÓE TRÁGICO SE ANTEPONE A ESA IMPOSICIÓN DEL DISCURSO POSITIVISTA”

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¿Qué se dice hoy usted como actor de Macbeth con la dirección de Farley Velásquez (su padre) y en ese momento con la dirección de Carola Martínez, qué ha cambiado y se ha transformado en usted  y por qué?

Regresé al grupo en el 2015 luego de cinco años de ausencia, justo un mes antes de comenzar la temporada de Macbeth. Luego de tener sutiles impresiones de lo que mi padre cocía en un cubo negro desde niño, ya permeado por el ámbito académico, volví con la determinación de ahondar en su estética, en aquella hora que se escapa del orden cronológico, aquella hora después. Por esos días, con una mirada profunda, él nos empapaba con su apasionante inquietud, pensar que Shakespeare pudo nacer en Medellín era una idea  muy seductora. Al materializar Macbeth en nuestra época develó como su vigencia puede estar cristalizada a través de una grafía particular, la cual es capaz de irrumpir en la concepción lineal del devenir humano. Diría que en su ausencia ha reafirmado la importancia y la trascendencia de su mirada estética, de cómo actualmente la dirección Carola Martínez no solo me ha permitido un reencuentro con las tablas, también ha sido un proceso exhaustivo en la asimilación de la estética condensada en La Hora 25, aunado a la mirada subjetiva que emerge de la nueva dirección, además, es necesario mencionar que la decisión de asumir la dirección representa para la ciudad esa veta, ese vástago que lleva aquella llama intemporal que niega a apagarse, aquella hora fuera del tiempo que simultáneamente se manifiesta en todos los tiempos.

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Un actor como usted, que también se forma como historiador, qué sentido, qué poder y que contemporaneidad tiene Macbeth y que busca al  fusionar teatro e historia, y en la estética barroca?

No hay nada nuevo bajo el sol.

Rey Salomón- Eclesiastés

El advenimiento de lo trágico claramente trastoca el constructo racional del hombre contemporáneo, ese logocentrismo  enceguecido por la entelequia del progreso material que germina gracias al prometeico sueño de la modernidad, ignora aún los efectos del rey azar. En este orden de ideas, pienso que  la figura del Héroe barroco es un arquetipo capaz de incomodar y a su vez evidenciar lo irregular, lo disonante, enmaraña y reconfigura el statu quo, genera el giro necesario  a través de lo nefasto para así permitir y establecer una reflexión, una tensión que es transversal, una tensión inmersa en esa totalidad que puede vislumbrarse en la intempestiva narrativa Barroca. El héroe trágico se antepone a esa imposición del discurso positivista y lineal, visibiliza ese advenimiento de lo trágico que emerge en diferentes movimientos estéticos y filosóficos a lo largo de la historia del pensamiento occidental.

Recuerdo que en el montaje de Macbeth, en 2015, mi padre nos incitaba a percibir la sutileza de Shakespeare al develar la angustia causada por la falta de sus personajes, valiéndose de la figura de las manos manchadas de sangre para evidenciar la repercusión, la pulsación desmesurada que converge en torno a la hybris, para finalmente terminar enfrentándose a su destino, la consecuencia que brota de la necesidad, esa caída trágica que permite la reflexión sobre su condición, una condición que se despliega en un campo que escapa de las ataduras temporales, algo que yace en lo intangible e intemporal, un campo en el que el oxímoron reconcilia y a su vez confunde los opuestos. Debido a esto, es entendible como a través del anacronismo y el atrevimiento el director de teatro es capaz de desafiar el confort del espectador del mundo contemporáneo, visibiliza esa universalidad que representa el espíritu barroco, esa totalidad condensada en la estructura trágica de Macbeth preparado para desafiar el estatismo y la linealidad que pervive en el pensamiento histórico decimonónico; creo que ese en este punto converge mi curiosidad al fusionar la historia y el teatro, de cómo la visión trágica del mundo y la realidad permite disolver los límites entre pasado, presente y futuro.

 

GUSTAVO ADOLFO MONTOYA (REY DUNCAN)

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Querido Óscar, con este aparte quisiera evocar con una profunda gratitud, la relación como actor con un heraldo shakesperiano, con ese emisario que rompió las ataduras y los avatares que emergen a lo largo del tumulto de la historia. Su Macbeth, asertivo y contundente en una ciudad que intenta aglomerar fragmentadas existencias, que como un espíritu intemporal lo poseyó dejando hasta las últimas gotas de sangre, sudor y lágrimas en la caja negra; sus brujas, que como un oráculo acompañan ese entramado alucinante que compendia esta obra, esa verdad a medias que juega y devela las pulsaciones ocultas que son despertadas por las hondas pretensiones humanas. Por favor no se preocupen tanto, al final nadie se queda mucho tiempo en esta tierra. La vida es pasajera, y si alguna vez te angustias pon tus ojos en el cielo de verano, cuando las estrellas reposan en la noche aterciopelada, cuando una estrella fugaz ilumina a través de la oscura noche… pide un deseo, piensa en mí, haz que tu vida sea espectacular, yo sé que yo lo hice. (Robin Williams)

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