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Archive for 11/07/17

1.jpgLa horrible mujer castigadora. Acrílico sobre tela. 200 x 129 cm. 1965. Colección de Arte Carvajal Pulpa y Papel S.A.

1965 fue el año en que se consagró Norman Mejía. Recibió el premio en pintura del XVII Salón de Artistas Colombianos por el cuadro hoy titulado La Horrible Castigadora, un imponente lienzo donde se desdibuja y atropella el cuerpo femenino que deja ver parte de su rostro diseccionado, los senos destrozados, el vientre ensangrentado y la vagina violentada. Los brazos pendientes de los hombros dislocados y las piernas se van destruyendo y desdibujando hacia la parte inferior de la pintura. La fantasmal imagen de una mujer es en realidad la gran representación de la violencia que se hizo en la década del sesenta.

Norman Mejía exhibió junto con Pedro Alcántara en los Festivales del Nadaísmo que se celebraron en Cali en los sesentas. Así mismo hizo parte de los neofigurativos que abordaron la violencia y el sexo como argumentos centrales de las obras. Entre ellos están Leonel Góngora, Carlos Granada, Augusto Rendón y Luis Caballero.

Este año se cumple medio siglo desde que fue pintado y exhibido el cuadro. Representación de un cuerpo desgarrador y conmovedor al tiempo. Es un cadáver descompuesto y la forma violenta en que es expuesto parece ser consecuencia con el aturdido dibujo de sus formas y la impecable carnicería que lo sustenta.

Norman Mejía nació en Cartagena en 1938 y la muerte fue a buscarlo a Barranquilla donde vivió gran parte de su vida en el 2012. La imagen y el mensaje potente de esta obra parecen no solamente siempre vigentes, jóvenes y actuales sino que se presenta emblemática ante distintas generaciones unidas por hechos sangrientos, desvastadores y atroces. Parafraseando a Jorge Luis Borges cuando esciribió un pequeño prólogo sobre Oscar Wilde diría finalmente que esta obra no ha envejecido, pudo hacer sido pintada esta mañana.

Museo Rayo. Roldanillo. Valle del Cauca. 2015-2016.

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La paella valenciana, este mélange hispano moro-judío de flora y fauna, me fue servida en una paellera, y a hundir en ella la cuchara pensé que debían haber tenido ese plato sumergido en el mar y que lo habrían arrastrado por la arena, recogiendo así directamente del mar todas sus riquezas, la flora y la fauna, como una enorme red, o más bien una criba de madera como la delos lavadores de oro. En el arroz blanco bien lavado había algún que otro grano de arena, alguna chinita, probablemente para que todo pareciera más natural (si es que estos granitos no eran sal marina, pues todo se deshacía en la boca), pero también algas, líquenes y especial, laurel, azafrán, alcaparras y mejorana, y también lenguado y boquerones, cangrejos y conchas (chirlas, almejas y bígaros), y también langostinos, cigalas, gambas, calamares y hasta un ala de pollo y un muslo de conejo, y lomo de ternera; todo esto hundido en el arroz como en la arena del mar, plantado en el arroz, enterrado en el risotto, y cuando uno remueve este arroz comprende, al ver aparecer el bigote rojo de un langostino, un ala de pájaro, la pinza crujiente y moteada de una langosta, las valvas abiertas de un mejillón, la concha estriada de un caracol marino, la valva plana de una ostra, uno comprende entonces que no se trata de un plato en el sentido estricto de la palabra, sino de un manjar mítico, un alimento de los dioses que no se prepara en la cocina como los demás platos, sino que se cosecha del mar con una paella llena de cobre, al azar, junto con el agua marina, la sal, la arena, las piedrecitas, puesta esta fuente seguramente ha sido arrastrada por el fondo de mar, luego por la playa y a lo largo de la costa, ha sido levantada y arrastrada dentro del agua, luego por la broza, por los tupidos matorrales de la verde costa; de ahí las tres hojas de laurel que asoman entre el arroz, de ahí las aceitunas, de ahí el azafrán y la mejorana, de ahí también, por último, esta fina rodaja de limón a caballo sobre el borde de la paellera, cortada hasta la mitad, brillando como un pequeño sol mediterráneo que ilumina un lejano paisaje mítico.

1Traducción: JUAN CRISTÓBAL DÍAZ BELTRAN

 

Revista de Occidente. Madrid. Nro 412. 2015. Págs. 31-32.

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CAPÍTULO 12 (FRAGMENTO)

La veracidad del autor. Su intención al publicar este trabajo. Su censura de los viajeros que se apartan de la verdad. El autor asegura no perseguir ningún fin siniestro en su escrito. Respuesta a una objeción. El método para implantar colonias. El derecho de la corona hacia aquellos países que ha descrito el autor queda justificado. La dificultad de conquistarlos. El autor se despide del lector, señala sus propósitos de vida para el porvenir, da buenos consejos y concluye.

(…)

Mi reconciliación con el género humano yahoo en general no sería tan difícil si se contentase con los vicios y las locuras que les ha dado la naturaleza. No me irritan los abogados, los rateros, los coroneles, los locos, los magnates, los fulleros, los políticos, los macarras, los médicos, los testigos, los cohechadores, los procuradores, los traidores y otros semejantes. Todo está acorde con el debido curso de las cosas; pero cuando me encuentro con toda esa deformidad y esa enfermedad corporales y mentales a la vez, ostentadas con orgullo, mi paciencia llega a su límite; jamás podré comprender cómo tal animal y tal vicio con compatibles. Los discretos y virtuosos houyhnhnms, dotados de todas las excelencias que pueden adornar a una criatura razonable, no tiene palabras para el vicio en su idioma, que carece de términos que expresen nada que sea malo, con excepción de aquéllas que describen las detestables cualidades de sus yahoos, en los que los houyhnhnms no son capaces de descubrir el orgullo por no poder comprender la naturaleza humana tal como ésta se exhibe en los países regidos por este animal. Pero yo, con más experiencia, pude claramente observar algunos rudimentos de orgullo entre los yahoos salvajes.

Pero los houyhnhnms, que viven bajo el gobierno de la razón, no sienten más orgullo de las buenas cualidades que poseen que el que yo pueda sentir por no faltarme una pierna o brazo, cosa de la que ningún hombre en sus cabales alardearía, aunque hubiera ser asaz miserable sin ellos. Me he extendido más sobre este tema por el deseo de establecer contacto con algún yahoo inglés, en cierta forma, no sea insoportable; y, por lo tanto, advierto a quienes tengan algún rasgo de este absurdo vicio que no osen aparecer ante mí.

Traducción de ROBERTO MÁRQUEZ

El viaje al país de los houyhnhnms. Barcelona. Tusquets Editores. 1972. Págs. 99-100.

 

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