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Archive for 8 08America/Bogota abril 08America/Bogota 2018

Por: Óscar Jairo González Hernández. Profesor Facultad de Comunicación. Comunicación y Lenguajes Audiovisuales. Universidad de Medellín.

 

 

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Considero que podríamos decir que el pensador Clément Rosset, que ha muerto, está y cabe en un libro. Y en realidad, no es raro poder decirlo ni poder pronunciarlo, porque es Rosset quién nos da el poder para hacerlo. Nos comunica ese poder, en la medida en que todo lo que ha dicho o ha hecho en su vida de pensador, como pensador provocador, tiene el alcance y la dimensión de un solo libro, de un solo tema, de la misma y otra tesis, sabiendo que todo se transformaba en sí mismo como libro. Transformación de un libro en otro, pero que quién lo concebía y lo estructuraba era él mismo. Y él mismo en sus intereses  tormentosos y turbulentos, como es el carácter de los intereses de un pensador, más que en lo que llaman ahora: Condición y carácter del problema, decidido a tratar. Interés en el sentido que interesa a la vida del pensador, a su carácter y destino.

Irresoluble el problema, ante el deslizamiento del interés, pues el interés (lleno de irreverencia) se presenta y se desarrolla, sin crearse obstáculos innecesarios. Podría decirse entonces que se tratara para él, de lo que llamo, la innecesariedad del obstáculo como principio del pensar. Piensa quién no tiene obstáculos para hacerlo. Ya que se pueden tratar todos los temas que se quiera tratar, como él lo hizo, en una dimensión de lo heterodoxo, desde esa forma y estructura, libremente y sin prevenciones, que más que nada son censuras sobre lo que el ser pensador reclama para sí. Intervenir todos los temas, las ciencias derribando los esquemas y los formalismos, para construir una visión nueva, inasible, sí quizá, sea inasible.

Y por eso podemos decir que Rosset, se realizaba y desarrollaba en cada libro, en cada uno de los libros que escribía. Y cada libro es él, está allí en su teoría, vaciando su teoría desde sí mismo, desde su yo, que no tienen cohibiciones para acceder a lo que quiere, desde donde y como quiere. No tiene condicionamientos, porque su pensamiento está dentro de lo que Marx, llamaba la sensibilidad esencial. No se cuida de abordar un tema, lo hace sin hacerse esa censura. Censurar lo que se tiene que decir, no era la intención de Rosset, era dimensionar cada vez lo qué en cada libro tenía que pensar y pensar era su condición. ¿Desde dónde, cómo y para qué? Eso lo tenía determinado, cada que un tema se le hacía necesario, lo trataba; y lo hacía libremente en y la razón de ser del cómo hacerlo, decidiendo también el que él para qué, esta insertado en: necesidad de sí mismo, intención de enseñarlo a otros, y la manera heterodoxa de pronunciarse sobre esos temas.

Ese solo libro, que me hace escribir de esta manera,  en el que él muere para mí, en el momento en que he sabido de su muerte, es el libro que estaba en mi lectura, en mi escritorio: Materia de arte. Quizá otros puedan tratar su muerte, desde y medio de la inundación reclamante de otras de sus obras, desde otras consideraciones críticas o estéticas, pero la nuestra, es aquella que está incidida como un incidente, o sea, aquello que solo me ocurre a mí, que me involucra a mí, y es la causada por Materia de arte.

 

 

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Y cuando inicio la lectura de este libro, él no ésta muerto. No ha muerto todavía. Ese libro causa la relación entonces de mi vida como su lector, de este libro, en sentido del libro absoluto, y su muerte. Quizá cuando estando el libro, de este radical y fascinante hetorodoxo, en mi escritorio era un imán para traerlo a mi lectura, no vivo en su realidad, sino que lo vivo muerto en su libro. Muere ante su libro pero vive ante mí, su lector barroco. Es así.

Materia de arte, dice Rosset al principio, en su presentación concentradamente poderosa, que son: Homenajes reunidos en este pequeño libro han sido solicitados, la mayoría de las veces, bien con ocasión de un fallecimiento o una conmemoración, bien por la obstinación –halagadora- de un director de revista o de museo decidido a hacerme escribir, volen nolens, a propósito del artista o del escritor elegido por él mismo. Ahora bien, estos homenajes no por ello dejan de ser sinceros, ya que siempre se dirigen a autores a los que yo mismo admiraba o cuyas obras tenían, al menos motivos especiales, para despertar mi interés.

Es entonces en Materia de arte, donde Rosset interviene maravillosamente la vida de los otros (que son él mismo), son en sí mismas consideraciones sobre aquellos otros que han muerto, o de la exaltación, de los mismos, que como decía Cioran, son: Ejercicios de admiración, con o desde esos otros, entonces, de los que ha extraído pensamientos que le formaron en el carácter de su interés de pensador heterodoxo, a los que hace relación concreta. Tales como: Pierre Klossowski, Bresson, Soulages, Clair, Jankélevicht, Ravel o Mozart, etc. Esos que sin duda, iluminan en este momento el carácter de su pensamiento y el carácter de su muerte en medio de nosotros, que iniciábamos la lectura de este libro, en su vida, mientras que la muerte hacia su tarea, para terminarla de esta manera como ocurrió el 28 de marzo de 2018. Tenemos entonces el libro abierto y quedará abierto en nombre y en memoria de Clément Rosset.

 

El Espectador. Cultura. Bogotá. 4 de abril 2018. Pág.

 

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