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Archive for mayo 2018

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existía una vez un jardín encantado
donde el sol brillaba día y noche.
las flores alcanzaban tamaños gigantescos
pero las luciérnagas y los búhos
se morán de tristeza.

Llevaban siete años de casados. Y todavía se amaban. Y eran amigos. Siete años de vivir juntos día y noche, felices, en medio de un ambiente que despreciaba la felicidad como un estado inferior de existencia, algo como un invento de o para las masas, pero nunca algo digno ni propio para nosotros, los iluminados. Entre un ambiente donde la palabra amor carecía completamente de significados, donde servía para reemplazar el nombre de la gente, pues era una buena palabra para usar en la cama, evitando así equivocaciones embarazosas. Y donde ´hacer el amor´ era una manera de llamar eso de acostarse dos para buscar cada uno su propio placer, juntos, revueltos, pero no unidos. Y el vacío que esto dejaba, lo llenábamos con desprecio por los ´otros´, con palabras, y con más vacío.

Siete años es mucho tiempo. Y todavía eran amigos y se amaban. Tampoco vivían aislados de su ambiente, no tenían los recursos o el interés de vivir en una isla encantada o un desierto mágico. Pero eran verdaderos artistas de la vida.
El asunto empezó por rebeldía. Nadie se casaba en su mundo: ellos se casarían. Se despreciaba la felicidad: ellos la buscarían y después de conocerla, verían qué hacer con ella. No sé cómo les iba a cada uno en su más secreta intimidad. Pero siete años son siete años. Yo sé lo que veo, y si digo que eran amigos y dio que se amaban, es para creerme, sin vacilar.

Pocas veces tuve acceso a su casa. No invitaban mucho a la gente, parecían ser suficientes ellos mismos para estar bien. Los veía en reuniones –pocos por cierto, y gozaban como niños chiquitos en toda clase de circunstancias; circos, cines, teatros, fiestas hartas y fiesta fabulosas –todo para ellos parecía ser maravilloso, con todo parecían gozar. Nunca los vi criticar a nada ni a nadie. Simplemente vivían su vida, que era diferente a la nuestra. Yo los envidiaba en el fondo, porque eran muy distintos a mí, porque su existencia me quería demostrar la medida de mi fracaso.

No es que yo negara la felicidad, sino que no creía en ella. Me parecía un imposible, un truco para engañar a la gente, algo como la liebre de mentiras que ponen delante de los perros galgos para hacerlos correr. ¿Hacia dónde? Hacia ninguna parte. Para hacerlos dar vueltas por una pista que solo conducía a su mismo punto de partida. Pero los espectadores gozaban con eso, gozaban viéndolos correr tras la liebre, gozaban apostando cuál corría más ligero, es decir, cuál era el más estúpido, y la persona más lista en escoger el perro más estúpido, ganaba mucha plata. Tal vez con eso se sentía feliz. Talvez, eso era la felicidad. Pero yo no tenía interés en apostar, no me llamaba la atención en absoluto.

También había buscado la felicidad en mis esculturas. Es verdad que había terminado una obra, ya no tenía importancia para mí. Ya era otra cosa. Existía por sí misma, ajena a mí. Me gustaba, pero no me conmocionaba. Nada más tenía para decirme.
Y si la felicidad estaba en el amor, también se me escondía. No pude ´enamorar´ a ninguna de las niñas del grupo. Todas querían acostarse conmigo, claro está; yo soy famoso, y tampoco soy feo. Ni pobre. Gozaba bastante con ellas, pero cada conquista me dejaba la misma sensación de vacío que sentía al terminar una escultura. Pero por lo menos podría llamar las esculturas mías. Estas mujeres eran de todos y de nadie, eran juguetes simplemente. Y yo no quería jugar. Quería vivir.

Tal vez por eso me fijaba tanto en ese par de palomitas que parecían haber logrado lo imposible, sietes años de imposibles, y allí estaban no sólo no vencidos sino entre los vencedores. El escribía, y muy bien. Ella traducía sus obras al inglés y también al alemán. Ganaban lo suficiente para vivir cómodamente entre su casita blanca de alegres jardines. Tenían interés en todo lo que fuera vivo: animales, plantas, hombres. Pero sobre todo en ellos mismos, como si vivieran pensando que la obra más importante de un hombre era su propia vida, por encima de cualquier otra cosa.

Yo había oído este cuento también. Pero, ¿qué importancia tenía una vida? La mía, por ejemplo. ¿Saben cuántos años tengo yo? ¡31! ¡casi 32! ¿Y qué puedo mostrar como resultado de todos estos años? Un cuerpo que gusta a las mujeres, que ha gustado a muchas, y un saldo de esculturas. Una lista de éxitos en exposiciones, salones de arte, y dormitorios. Podría tener alguna importancia para una mujer en busca de un compañero para pasar un rato en la cama o podría hacer una hoja de vida bastante interesante para un nuevo catálogo. Obras mías habían sido adquiridas por los museos más importantes, y las ciudades más modernas lucían mis esculturas con justo orgullo.
Así que tenía demanda mi cuerpo y mi obra. Yo parecía interesante a todo el mundo, menos a mí mismo. Me sentía un pobre pendejo que nada tenía que estar haciendo sobre la tierra. Pero, ¿qué hacer entonces? ¿A dónde ir? ¿En busca de qué? ¿Dónde podría encontrar la solución?

Opté por estudiar el ejemplo que tenía casi en frente de mis propios ojos. No podrían seguir siempre como los únicos dueños de la felicidad.
Empezé por acercarme más a ellos. Soy un hombre bastante inteligente, amable, y sé abrirme un puesto donde quiero estar. Y ellos, también inteligentes, amables, tan abiertos a todo en la vida, me recibieron sin notar que mi interés era mayor que mi amistad. O si notaron algo, no les importaba. Siempre habíamos sido conocidos, por supuesto, pero ahora éramos amigos. Todo iba muy bien, y pronto tendría yo la oportunidad que buscaba.

No tuve que esperar mucho. Una noche, después de cenar juntos en su casa por primera vez, tomábamos café mientras escuchábamos música a la luz de velas aromáticas. Rodeados de flores, sonrientes, les pregunté cuál era su secreto.
“¿Secreto?” Me miraron sorprendidos.

“El secreto de la felicidad”, expliqué. “De cómo la atraparon, cómo la han gozado estos siete años. Cómo la podría tener yo, también”.

Me miraron unos instantes, sin entender. Y cuando entendieron, se pusieron a reír. Silenciosamente, al principio, pero luego su risa alcanzó fuerza y volumen, y me miraron de una manera como no me ha mirado nadie nunca, y seguían riendo, reían a las carcajadas, y yo no sabía qué hacer, para dónde mirar, no sabía qué pensar ni qué decir.
Me levanté, y salí de esa casa. No he vuelto allá, ni los he vuelto a ver. He estado demasiado ocupado preparando una exposición. Y escogiendo la niña que llevaré conmigo a celebrar mi nuevo triunfo en la vida. Lo único que le exijo a ella es que no se ría delante de mí, nunca. Y si alguien menciona la palabra felicidad, aunque sea mujer, le pego.

Ángeles caídos y otros. Medellín. Editorial Gamma. 1970. Págs. 35-41.

 

 

 

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Al Taller de Escritores de Apartadó:

Quienes me han soportado durante 32 años y en especial, a Albeiro Flórez Villa gratitud y aprecio.

Este poemario se traduce en una pasión para dar testimonio de la piedra como fundamento del hombre en su ascenso y depresión. El texto está dividido en siete partes:  la primera se objetiva en la física y química cambiante de la piedra en sus diferentes matices, desde la más noble como “piedra fina” hasta las proletarias y más comunes llamadas de canto rodado y “piedra muerta”. Destaquemos que este hecho se transversaliza por todo el paisaje del poema como roca amacizada en las referencias metafóricas de lo religioso, lo heroico, lo erótico y lo temperamental del ser humano.

La segunda parte, siendo un poco continuidad de la anterior, es más orgánica con respecto a lo entrañable del ser hecho sentimiento y sombra.

La tercera, arropa la piedra mística como trascendencia espiritual del hombre.

La cuarta es la presencia del ciego como guía del intelecto en el laberinto de las sombras que hablan desde el limbo. Limbo sí, pero limbo de caverna iluminante, oscuridad llena de matices ante la luz fuerte del contraste. Y lo dijo Nerval: “La ignorancia no puede aprenderse.”

La quinta como un deseo humano cantando la esperanza evocada de pasados fértiles.

La sexta, digamos, es la piedra de la ira, en sus diferentes volúmenes del carácter, como un caballo destripado en la arena por el toro, mientras el hombre huye despavorido ante el arte de la muerte.

La séptima es un acto de adiós con sacudida de la memoria ante el universo como un verso de luces estelares.

Los alquimistas buscaban convertir todos los metales en oro: aquí todo se convierte en piedra, como Edith la mujer de Lot, transformada en piedra de sal para las aguas del mar muerto. He aquí la piedra que edifica y también la que alimenta y restaña las heridas del cuerpo y del alma. Y es que la poesía no es. Está. No es para verla, es para sentirla y si la sientes te embriaga. Entonces, no hablemos de la poesía, sino de su embriaguez.

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Memoria lítica. Medellín. Todosgráficas. 2017. Págs. 11-12.

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Le Tombeau d´Alexandre, así se titula la película consagrada por Chris Marker a la memoria del cineasta soviético Alexander Medvedkin, nacido con el siglo y fallecido en tiempos de la Perestroika. Hablar de “memoria” equivale ya, de entrada, a plantear la paradoja del filme. Éste, en efecto, no puede asignarse como tarea “conservar” el recuerdo de un autor cuyas obras no han sido vistas y cuyo nombre nos resulta prácticamente desconocido. A fin de cuentas, los compatriotas de Medvedkin no han tenido muchas más oportunidades que nosotros de ver sus películas. La cuestión, entonces, no es conservar una memoria, sino crearla. El enigma de un título remite entonces al problema de la naturaleza de un género cinematográfico, el que llamamos “documental”. Lo cual nos permite enlazar en síntesis vertiginosa dos preguntas: ¿qué es una memoria?, ¿qué es el documental en cuanto género de ficción?

Partiremos de algunas evidencias que, para algunos, continúan siendo paradojas. Una memoria no es un conjunto de recuerdos de una conciencia: de ser así, la idea misma de memoria colectiva carecería de sentido. Una memoria es determinado conjunto, determinada ordenación de signos, de rastros, de monumentos. La tumba por excelencia, la Gran Pirámide, no alberga la memoria de Keops: ella misma es esa memoria. Sin duda se nos dirá que todo presenta dos regímenes separados de memoria: por un lado, el de los poderosos reyes de antaño cuya única realidad es a veces el decorado o el material de su tumba: por otro lado, el del mundo contemporáneo que, en cambio, registra incesantemente el testimonio de las existencias más triviales y los acontecimientos más ordinarios. Existe la creencia de que donde abunda la información hay superabundancia de memoria. Sin embargo, el presente nos demuestra que esto no es así en absoluto. La información no es la memoria. No acumula para la memoria, sólo trabaja en beneficio propio. Y su beneficio está en que todo se olvide de inmediato para afirmar así la verdad única y abstracta del presente y afirmarse luego ella misma en su poder como el único adecuado a esa verdad. Cuanto más abundan los hechos, más se impone el sentimiento de su igualdad indiferenciada. Más se desarrolla, también, la capacidad de convertir su yuxtaposición interminable en imposibilidad de concluir, en imposibilidad de leer en ellos el sentido de una historia. Para negar lo que ha sido, como los negacionistas nos demuestran en la práctica, no hace falta negar muchos hechos, basta con eliminar el vínculo que los une y les confiere consistencia de historia. El reino del presente de la información destierra de la realidad todo lo que no sea el proceso homogéneo e indiferente de su autopresentación. No se contenta con relegarlo todo de inmediato al pasado. Hace del propio pasado el tiempo de lo dudoso.

La memoria debe constituirse, pues, contra la superabundancia de informaciones tanto como contra su ausencia. Debe construirse como vínculo entre datos, entre testimonios hechos y rastros de acciones, como es (…) , ese “ordenamiento de acciones” del que habla la Poética de Aristóteles y que él llama muthos: no “mito”, el cual remitiría a algún inconsciente colectivo, sino fábula o ficción. La memoria es obra de la ficción. Quizá en este punto la buena conciencia histórica vuelva a alzar la voz, clamando contra la paradoja y defendiendo su paciente búsqueda de la verdad ante las ficciones de la memoria colectiva forjadas por los poderes en general y los totalitarios en particular. Pero la “ficción” en general no es la historia bella o la mentira vil que se oponen a la realidad o pretenden hacerse pasar por tal. La primera acepción de fingere no es “fingir” sino “forjar”. La ficción es la construcción, por medios artísticos, de un “sistema” de acciones representadas, de formas ensambladas, de signos que se responden. Una película “documental” no es lo contrario de una “película de ficción” porque nos muestre imágenes en la realidad cotidiana o documentos de archivo sobre acontecimientos verificados en lugar de emplear actores para interpretar una historia inventada. Simplemente, para ésta lo real no es un efecto que producir, sino un dato que comprender. El filme documental puede entonces aislar el trabajo artístico de la ficción disociándolo de eso a lo que se acostumbra a asimilar: la producción imaginaria de verosimilitudes y efectos de realidad. Puede reducirlo a su esencia: un modo de descomponer una historia en secuencias o montar planos en forma de historia, de unir y desunir voces y cuerpos, sonidos e imágenes, de dilatar o comprimir el tiempo. “La acción comienza en nuestros días en Chelmno”: la provocadora frase con la que Claude Lanzaman abre Shoah resume bien esa concepción de la ficción. Lo olvidado, lo negado o lo ignorado que las ficciones de la memoria pretenden testimoniar se opone a esa “realidad de la ficción” que asegura el reconocimiento como en un espejo entre los espectadores de la sala y las figuras de la pantalla, entre las figuras de la pantalla y las del imaginario social. En contra de esa tendencia en contra de reducir la invención ficcional a los estereotipos del imaginario social, la ficción de la memoria se instala en el hueco que separa la construcción del sentido, lo real referencial y la heterogeneidad de sus “documentos”. El cine “documental” es una modalidad de ficción más homogénea y, a la vez, más compleja. Más homogénea porque quien concibe la película es también quien la realiza. Más compleja puesto que en su mayor parte encadena o entrelaza series de imágenes heterogéneas. Le Tombeau d´Alexandre encadena imágenes filmadas en la Rusia actual, entrevistas testimoniales, noticiarios del pasado, fragmentos de películas de distintas épocas, autores y destinatarios, del Acorazado Potemkin hasta el cine de propaganda estalinista, pasando por las películas del propio Medvedkin, todos ellos reinscritos en una trama nueva y eventualmente unidos por imágenes virtuales.

(…)

Traducción de CARLOS ROCHE

La fábula cinematográfica. Reflexiones sobre la ficción en el cine. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica. 2005. Págs. 181-183

 

 

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Este libro es un paso, pero también un vuelo. Estos cuentos enjaulan en un Azul Infinito el vuelo ebrio de las almas que se conquistan en el amor y la belleza, con rostro de mujer y de ángel. La autora de “Ángeles Caídos” es ella misma un ángel en el sentido de elevación, de superar en sí misma la condición humana.

Rosemary Smith nació a la sombra de la Estatua de la Libertad en Nueva York. Esta aleación fulgurante de libertad y de luz es su signo, su honrosa fatalidad, su riqueza. La prodiga con abundancia de dones entre nosotros que, por destino y vocación, ha elegido su patria en el acto más espiritual: dar la vida, eternizar la vida. Por eso su oficio de ser mujer es vital y poético.

Contemporánea de nuestros furores, un día se unió fervorosamente al Nadaísmo por afinidades estéticas y afectos. De esa aventura salió luciendo un nombre de verano y flor para recordarnos que el destino del mundo está irrevocablemente unido al espíritu lo mismo que al corazón. Desde entonces su lucha de mujer y su pasión de escritora se identifican en el Nadaísmo como Rosa Girasol, enriqueciendo varios mundos: la palabra, el barro, la esperanza, esa trinidad de elementos a los que ha prestado su alma para embellecer la realidad de nuestros sueños.

Entre el barro y la nube aletean estos Ángeles Caídos de Rosa Girasol. La poesía en su sed y la nuestra. Su vuelo, el de los más altos anhelos de una generación que afirma sus metas en la rebelión y la belleza.

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Ángeles caídos y otros. Medellín. Editorial Gamma. 1970. Contraportada.

 

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INTRODUCCIÓN

B.V. Nasarimha Swami entrevistó a varios devotos y les tomó declaraciones para asegurar la autenticidad de sus relaciones con Ramana. Sobre todo, tuvo varias en-trevistas con Ramana, la más importante de las cuales fue sobre la iluminación. Se instaló en una cueva próxima al áshram para poder estar presente en las sesiones de preguntas y respuestas que Ramana mantenía con los devotos. Tras un ininterrumpido trabajo se prolongó durante más de dos años, escribió su biografía de Ramana, Self-Realization, que publicó en 1931. Casi setenta años después, su atractivo sigue intacto. En 1954, Arthur Osborne escribió la biografía Ramana Maharshi and the Path of Self-Knowlege. La idea básica la tomó de la biografía anterior, él mismo lo dice. Pero lo que hace fascinante este libro es su estilo, la aceptación de Ramana como su guru, y el relato de los tres años que pasó en la presencia física de Ramana. Muchas personas se han sentido atraídas hacia Ramana y otras muchas lo siguen estando, gracias a esta magnífica presentación.

T.S. Ananthamurthy escribió en 1972 una atrayente biografía, Life an Teachings of Sri Ramana Maharshi. En 1974, el profesor K. Seaminthan escribió un libro combinando biografía y enseñanzas. La sección biográfica consta sólo de treinta y cuatro páginas, y por tanto, a pesar de que el libro tiene una fragancia especial, escrito como está por alguien inmerso en Ramana, su alcance es limitado debido a la restricción de espacio. Lo mismo puede decirse del libro Ramana Maharshi, T.M.P. Mahadevan.

Esta biografía, publicada en 1977, está muy documentada, pero es corta; consta sólo de setenta y tres páginas y el resto del libro está dedicado a sus enseñanzas. En 1980, el año del centenario del nacimiento de Ramana, Joan Greenblatt y Mathew Greenblatt escribieron una biografía pictórica, Bhagavan Sri Ramana. El diseño y la presentación, respaldados con su amor y veneración hacia Ramana, hacen que este libro sea muy atractivo.

A todos estos primeros biógrafos, cada uno grande a su manera, les ofrezco mis humildes salutaciones.

Ofrezco también mis salutaciones al vasto y creciente círculo de discípulos y devotos de Ramana, repartidos por todo el mundo. Su fuerza espiritual colectiva constituye el apoyo de esta nueva biografía.

Durante las últimas décadas se ha tenido acceso a un material abundante, variado y verídico sobre Ramana que, o bien no estaba disponible antes, o no lo pudieron usar los primeros biógrafos. Ya han pasado casi setenta años desde que se escribió la primera biografía y al ir aumentado la conciencia del poder de la presencia de Ramana, se hacen necesarias nuevas percepciones y nuevas perspectivas. Uno se puede relacionar más directamente con él. Los lectores del nuevo milenio necesitan saborear y disfrutar la dulzura de los recientes descubrimientos y el nuevo material que se ha revelado desde entonces. ¿pero qué necesidad hay de justificación? La dulzura de su vida misma es una razón suficiente; nos atrae irresistiblemente hacia él. Pues, “una vez que se oye o se lee la historia de Maharshi, ¿quién querría leer o escuchar cualquier otra”

La historia de Sri Rama fue escrita por Valmiki, el Mahabharata, por el sabio Veda Vyasa, y Suka Brahman escribió el Bhagavatam, sobre Sri Krishna. Todos ellos eran jnanis. Dante escribió la Divina Comedia y Milton, El Paraíso perdido y El Paraíso recobrado. Ambos estaban inmersos en su devoción a Jesucristo. Ahora que ha tanto material disponible, uno desearía que alguien de esa talla escribiese una biografía de Ramana, cuya historia es de proporciones épicas.

Este libro es uno de los volúmenes de una trilogía concebida como homenaje a Bhagavan Ramana con motivo del centenario de su iluminación. El primero de ellos, Radiance of the Self, con más de 170 fotografías, incluyendo algunas de las fotos de archivo, se publicó el año pasado. El segundo es esa biografía sagrada. El tercero, Arunáchal-from Rigveda to Tamana Maharshi, se publicara dentro de un año.

Muchos se refieren a Bhagavan Sri Ramana Maharshi como “Bhagavan”, otros le llaman “Maharshi”. Yo he preferido usar a lo largo del libro la palabra “Ramana”, ya que ésta posee un hechizo mágico que transciende las palabras y la mente.

Aunque mi corazón no se funde de amor hacia Ramana, como lo haría una vela cerca del fuego, a menudo me convierte en un cautivo de su amor. Al ir escribiendo esta biografía he podido sentir intensamente la acción de su gracia infinita, viendo cómo cada acontecimiento se coloca en la perspectiva adecuada. ¿No es él un maestro del “emplazamiento adecuado”? Las palabras también parecen ordenarse solas. El único modo de expresar mi agradecimiento es poniendo esta biografía como ofrenda a los sagrados pies de Ramana, que trascienden el tiempo.

Mi plegaria a él es que los lectores puedan ser recipientes del eterno fluir de su gracia.

14 de diciembre de 1999

Traducción de SUSANA MARÍN

 

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Lo eterno en el tiempo. Sri Ramana Maharshi. Palma de Mallorca. José J. de Olañeta, Editor. 2009. Págs. 10-11.

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A la de Delgados Pies.

De quien el olor de sus piernas y más

envuelve de repente

como una manzana madura

y provoca en mí ya viciado pensamiento

un recuerdo que se me desliza a la oca

como una sonrisa inesperada.

 

XII

Llovías sobre mi desierto de sal,

para causar una primavera inesperada,

sobre mis siglos de polvo y arena;

festiva, sobre las laderas de las dunas

fabricas una vendimia en una mirada,

bajo la inagotable caída de tu espalda,

correspondencia y dicha de almendras y frutas dulces.

E iluminabas todo con tus auroras-sonrisas,

asesina de demonios y de sombras,

un amanecer en tus piernas generosas,

la gracia divina de esta coincidencia

casi una razón para creer en la sabiduría de las cosas,

te seguiré buscando en medio de las olas…

 

XIII

Cuentas historias de furia y celo,

en tu regazo salvado por el frio del otoño,

hojas de fuego sobre tu mirada de olvido

que evocan la calidez de tu vientre

la dulzura de tus entuertos.

Furia y celo de avaricia,

exigiendo reciprocidad para tu gesto

tiempo sincero del egoísmo,

devoradora de bienaventurados universos.

Y yo, víctima de tu furia

signo de tu celo,

adoro esa, tu mirada de fuego,

como el abrazo de una estrella

que indica una promesa y un destino.

 

XXIII

Y paso pues el terror y el pánico,

y sonó en el trasfondo el primer timbre.

Y creí entonces que la función empezaba

en el proscenio de tus pestañas

ahogado de sesgo,

infatuado de luz, la de tus uñas, de tus ruegos

y creí que la noche había pasado

pero aun la oscuridad de tu costado

se cernía sombría sobre mi razón,

y supe pues, que tu noche, ahora

era un reflejo que me asalta,

y supe entonces que, aunque la función seguía,

el hilo de plata de tu boca

unía, sin saberlo,

las líneas de mis escenas,

tuya, la de delgados pies.

 

XIV

Causados los deslizamientos,

vaya ídolo de las tormentas

hecho de carbón y cieno,

culpa en la sensibilidad rota;

ahí está pues tu soledad aparente,

tus noches blancas y tus lunas frías

merecedor de las victorias sin triunfo,

tu conquista es un barco que se hunde

en la saliva de tus sueños.

No hables de oraciones con intención,

ya los corazones sobre la calzada

bien indican el camino de susurros o sonrisas.

Inocente jamás, tus zapatos anduvieron el recorrido

y esa, tu causal disertación

es prueba de tu historia, chacal.

Ahí está pues tu soledad aparente,

disfruta del fondo de tu océano,

dibuja en la oscuridad la mirada, el recuerdo.

 

XV

Aún te espero en medio de las olas,

asesina de pies pequeños,

mi mascarón de proa lleva tu nombre,

tormenta de velas rotas, tu, amorosa

abrazo feroz de lluvias calcáreas,

boca dulce como un naufragio

vientre fugaz como peces en las velas,

inolvidable como una pérdida.

Aún te espero en medio de las olas,

sol de otros meridianos,

que desconoces, en tu indolencia

la invaluable precariedad de mis llamadas.

 

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Marca y resonancia. Medellín. Editorial Ojo Mágico. Págs. 33, 35, 37, 39, 45, 55.

 

 

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LA ENCICLOPEDIA

Por: Novalis (1772-1801)

 

 

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(…)

 

Divertimentos teatrales de todas clases – un recurso capital de los entretenimientos sociales.

Introducción a las máscaras.

El teatro de marionetas es el teatro verdaderamente cómico.

Grosería inevitable de lo cómico.

*

Opinión de Tieck sobre Shakespeare.

Sus Gartenwochen.

Sus tragedias históricas.

Sus tres tragedias.

*

Diálogo. Teatro.

El teatro es la reflexión activa del hombre sobre sí mismo. Sobre la  locura – la suerte – el accidente – el mapa del mundo.

*

Vista de conjunto de todos los personajes de Shakespeare una idea arbitraria, una alegoría, etc. – pero debe ser poética – esto es poesía filológica.

Tarea: encontrar el universo en un solo libro.

Trabajos sobre la Biblia.

 

(…)

 

Traducción del alemán: FERNANDO MONTES.

La Enciclopedia. Caracas. Editorial Fundamentos. 1976. Págs. 344-345.

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Por: Óscar Rojas (1930-)

 

 

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Querido y siempre bien recordado Maestro:

Al país desconocido de donde venimos y hacia donde vamos, quiero hacerte llegar en tu precipitada futa; tu madre y hermanas bien; tu padre, el viejo y querido cazador que te familiarizó con la Madremonte; La Llorona y demás leyendas que componen nuestra Mitología, el que te enseñó a amar las flores y animales nuestros, ya partió y te debe estar buscando para que le digas por dónde va la güagua; tu mujer, cinco meses después de tu partida te dio una nueva hija. Dara y Horacio ya se casaron y prolongan con nuevos hijos tu familia, Miguel Ángel, “el que si ha de ser artista que se firme Miguel Ángel, o si bultiador que sea Nutibara”, con orgullo te cuento que se firmará Miguel Ángel. Nunca olvido los compromisos con la gente que quiero, ¿recuerdas, he cumplido hasta donde me ha sido posible; Inesita, la que engendraste y no conociste, estudia.

¿Los amigos? Son tan pocos y escaso el tiempo para frecuentarlos, que, mejor, dejemos. De lo que más amaste, tus obras, afortunadamente se conservan, aunque no se aprecian en lo que representan para nuestra incipiente historia artística; el “Jardín del Arte” donde lucían buena parte de ellas ha desaparecido y empiezan a peregrinar, sin uno poder imaginar donde irán a parar. Pero algunos estaremos pendientes de que ocupen el lugar que se merecen, por el amor con que fueron hechas; de la gente que conociste trabajo, buscando con sus obras crear conciencia propia y elevar el nivel cultural de nuestras gentes, siguen firmes y produciendo, el Maestro Pedro Nel a la cabeza en la pintura, Arenas Betancur en la escultura, Carlos Castro en la poesía y en la música, nuestro consagrado Maestro Vieco; hay una nueva generación en todos los campos artísticos y empiezan a perfilarse algunos, que con honestidad y conocimientos, reemplazarán a los que hasta hoy nos han mostrado y cantado nuestras penas y alegrías en colores, formas, poemas y canciones.

De mí, te cuento que la enfermedad no contagiosa que es el arte, me llevó a Europa, buscando ensanchar los horizontes que contigo empecé a descubrir y que le dieron una nueva razón a mi existir, ya no apelo al aguardiente o al alcohol para embriagarme, me basta mirar las montañas, las nubes, los ríos, o las gentes que a mi alrededor se mueven; las montañas, con su solidez, afirman mis ideales; las nubes en su peregrinar eterno, me enseñan lo efímero y cambiante de nuestras ambiciones; venciendo obstáculos, cruzando parajes desiertos e inhóspitos, y llegando a su destino, me muestran que cuando se nace con amor, se llega; las gentes, nuestras gentes, me dejan ver en sus miradas la incertidumbre que las acompaña y la ignorancia que no saben cómo de sus mentes arrancar, cómo me duelen, por esto último es que hombres como tú hacen falta en nuestro medio, no sabios eruditos busca-posiciones, no, se necesitan hombres orientadores de las capacidades de cada cual, gentes con amor y sin egoísmos que no les duela el triunfo que otros por su amor, estudio, constancia y capacidad, puedan alcanzar.

Lo que empezamos en la Biblioteca Santander y las enormes inquietudes que florecieron en la “Casa de la Cultura”, hoy pertenecen a nuestro centro mayor en la Educación, a la Universidad de Antioquia, pero… ahora me doy cuenta lo que sentías por el arte; al cerrar tu taller “Luis XV”, que te producía económicamente lo suficiente para sostener a tu familia, para emborracharte y emborracharnos cantado “ay qué dicha señores, barrer la casa y decirle a mi mamá que no haga nada”, hacía todo lo contrario de lo que la mayoría de nuestros “artistas” hacen hoy, te cerrabas al ingreso material para entrar en el mundo del espíritu, de los sueños, de los ideales, en el mundo de la honradez para contigo mismo.

 

 

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Qué bella, qué abnegada fue tu entrega a la docencia, no buscaste en el arte un pretexto para mejorar lo económico, o la condición social. No, te buscaste a sí mismo, aún ignorando la inscripción en los pórticos griegos – “conócete a ti mismo” -.

Nuestro medio artístico ha variado un poco. Ya nuestras clases dirigentes empiezan a tomar conciencia de lo que el arte significa en el desarrollo de una sociedad, y como siempre, buscan ponerlo al servicio de sus intereses, y los que priman hoy, son los económicos y políticos; aún no hay un interés por arte en sí, no sabe ni les interesa el humanismo, ni la estética, se procuran un “arte” sin sentido, sino comunicación de hechos e inquietudes verdaderas de nuestro tiempo, favorecen la fabricación de cuadros, esculturas y poemas “bonitos”; bueno, pero esto ha sido lo de siempre en la formación de la cultura de los pueblos; pero, mientras éstos produzcan hombres de tu talla, el porvenir de la humanidad está asegurado.

Te lo escribe quien te recuerda, quiere y sigue siempre,

 

 

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La Llorona. Talla directa en piedra.

 

 

Universidad de Antioquia. Medellín. Colombia.  Sur América. Vol. L. Nro 194. Abril-Junio. 1975. Págs. 153-167.  

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Por: Julio Ramón Ribeyro (1929-1994)

 

 

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Primero de mayo gris, mustio. Ciudad muerta. Cuadras de cuadras para encontrar una tienda abierta donde comprar una docena de huevos. Algunos vecinos vuelven con su baguette de pan, encontrada no se sabe dónde. En la Place Falguière veo un caracol que atraviesa la pista penosamente. Está en plena mitad y aún no lo ha pisado un auto. El tráfico es casi nulo, pero de cuando en cuando un vehículo pasa. ¿Lo sabrá el caracol? El caracol no sabe ni siquiera que es primero de mayo. Por eso, no con la mano, pues lo viscoso me repugna, lo llevo con mi pañuelo hasta la vereda. Seguramente allí no lo aplastará un carro, pero sí un proletario. De todos modos sus minutos están contados. ¿Adónde querría ir, el pobre? ¿Quién lo esperaba? ¿Qué tramaba en pequeño magín? Desamparado animalito, como tú, como yo, como cualquiera.

 

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Prosas apátridas. Completas. Barcelona. Tusquets Editores. 1986. Págs. 152-153.

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Meca Nro 9 PortadaMecanica 9 (2)Mecanica 9 (3)Mecanica 9 (4)Mecanica 9 (5)Mecanica 9 (6)Mecanica 9 (7)Mecanica 9 (8)

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