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Archive for 15/07/18

Michael Glenny empezó a trabajar sobre los documentos de Eisenstein, que a la postre habrían de formar el eje de la presente obra, en 1975 cuando era profesor de Humanidades de la Fundación Nacional, en la Universidd de Southern Illinois, en Carbondale. Murió en Moscú el 1 de agosto de 1990, pocos días después de completar las traducciones.

Nadie ha hecho tanto por aportar al lector interesado la enorme variedad y complejidad de la vida cultural rusa del siglo XX. Las traducciones de Michael han dado vida a ideas, de lo contrario lingüísticamente inaccesibles para muchos, de autores tan dispares como Isaak Bábel, Marina Tsvetáieva, Vladimir Nabokov y Mijail Bulgákov, Alexander Solzhenitsin y Boris Yeltsin. Tenía una capacidad única para traducir textos rusos de manera que se leyeran y sonaran como si hubieran sido escritos en inglés. A su fino oído musical se añadía su conocimiento pleno de una docena de lenguas, cosas ambas que le hacían ser el traductor ideal de la obra de un hombre de la profundidad y dimensiones de Eisenstein.

Michael sobrellevaba esta carga con humor, su profesionalismo estaba siempre impregnado de un agudo sentido del absurdo y su conversación salpicada de una risa enormemente contagiosa. Y sin embargo, él más que nadie plasmó la idea de que la traducción no es simplemente una técnica o ni siquiera una habilidad especial., sino un arte. Estaba profundamente convencido de que la traducción era una actividad creativa y además infravalorada, y en numerosas ocasiones se despachó a placer sobre el tema. Una de sus declaraciones al respecto más contenidas fue su ponencia en el simposio del Times Literary Supplement de octubre de 1983, en el vigésimos tercer aniversario de la Asociación de Traductores. Entonces, como siempre, esgrimió que la relación entre el traductor y el autor original era similar a la del intérprete y el compositor, o a la del actor y el dramaturgo. Es una buena analogía, porque destaca que el tipo de relación es simbiótico, no parasitario, como algunos parecen pretender.

Hay sin embargo una diferencia esencial entre el intérprete o el actor y el traductor. Aquéllos se muestran ante el público, aunque sea mediante grabación o radiodifusión. Son, y hoy día aún mucho más, visibles. Su actuación se compara al detalle, a veces hasta la saciedad, con la de los demás, tanto en cuanto a su valor intrínseco como a su fidelidad al original, sea esto lo que sea. La tragedia del traductor es que su éxito se ve coronado si es invisible. El lector sólo se percata de la traducción si es mala, cuando la traducción se interpone en el proceso de comunicación entre el autor original y el público. Es como sí sólo nos percatáramos del intérprete cuando desafina o de una actriz cuando se equivoca de texto.

No sería exagerado decir que, al vérselas con la enorme amplitud y complejidad del pensamiento de Eisenstein, el talento de Michael como traductor hace gala de su mejor condición invisible. En el texto que he mencionado antes, escribía:
Y sin embargo existe algo así como un talento especial para traducir, motivado por el vivo deseo de comunicarse entre cultura; es algo esencial para la buena salud de la civilización. ¿Dónde estaríamos sin el trabajo de aquellos paladines de la traducción, anónimos teólogos de la época jacobea, que nos legaron la Versión de Autorización de la Biblia?

No puede haber para Michael Glenny recuerdo o más duradero que el hecho de que el lector del volumen que tiene en sus manos se pregunte dónde estaría sin el trabajo de, precisamente, este paladín de la traducción.
Michael podría con toda justicia exhibir el epígrafe del poema de Puskhin: Exegi monumentum.

 

1. Aunque esta semblanza se refiere sobre todo a Glenny como traductor, hemos decidido conservarla por tratarse de uno de los editores del libro y una de las personalidades más importantes del siglo XX en lo referente al estudio de la cultura rusa. (N. del e.)

 

Edición a cargo de MICHAEL GLENNY y RICHARD TAYLOR

Traducción de JOSÉ GARCÍA VÁZQUEZ

 

Hacia una teoría del montaje. Vol. 1. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica. 2001. Págs. 13-14.

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Esta obra está dedicada a la memoria de Jay Leyda (1910-1986), que fue el primero en ver el rayo de luz en el mundo de las tinieblas.

 

 

Serguéi Eisenstein está generalmente considerado como la figura más señera de la historia del cine. Su contribución a la práctica cinematográfica goza de reconocimiento universal y sus películas, de La huelga a Iván el terrible, son bien conocidas, aunque no tan proyectadas como podría suponerse. Sin embargo, la mayor parte de los escritos teóricos de Eisenstein han estado mucho tiempo fuera de nuestro alcance y, pese a los denodados esfuerzos de Jay Leyda sobre todo, se disponía de un conocimiento sólo parcial de las ideas que están tras sus películas.

El objetivo principal de esta edición es publicar los escritos más importantes de Eisenstein sobre el montaje con la amplitud y erudición precisas, aunque de manera accesible al lector que los aborda por primera vez. Por su propia naturaleza, estos escritos de Eisenstein nos han planteado considerables problemas editoriales en cuanto a la organización de los diversos textos. El objetivo de esta obra es facilitar el acceso del lector a Eisenstein y sus ideas. Si la organización de los textos o la calidad de la edición o de las notas lo dificulta, no sólo no habremos cumplido con nuestro deber respecto al lector, sino que también habremos fallado en la responsabilidad que tenemos para con Eisenstein.

  1. La edición original de esta obra es el volumen 2 de las Selected Works de S. M. Eisenstein, compiladas por Richard Taylor. Esta edición española se subdivide, a su vez, este libro en dos volúmenes, el que el lector tiene en las manos y otro que incluye la tercera parte del original y un índice analítico y de nombres. Cada vez que remitimos en el texto al volumen 1 o 2, pues, nos estamos refiriendo a nuestra versión. (N. del e.)

Edición a cargo de MICHAEL GLENNY y RICHARD TAYLOR

Traducción de JOSÉ GARCÍA VÁZQUEZ

 

Hacia una teoría del montaje. Vol. 1. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica. 2001. Págs. 11-12.

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INTRODUCCIÓN

B.V. Nasarimha Swami entrevistó a varios devotos y les tomó declaraciones para asegurar la autenticidad de sus relaciones con Ramana. Sobre todo, tuvo varias en-trevistas con Ramana, la más importante de las cuales fue sobre la iluminación. Se instaló en una cueva próxima al áshram para poder estar presente en las sesiones de preguntas y respuestas que Ramana mantenía con los devotos. Tras un ininterrumpido trabajo se prolongó durante más de dos años, escribió su biografía de Ramana, Self-Realization, que publicó en 1931. Casi setenta años después, su atractivo sigue intacto. En 1954, Arthur Osborne escribió la biografía Ramana Maharshi and the Path of Self-Knowlege. La idea básica la tomó de la biografía anterior, él mismo lo dice. Pero lo que hace fascinante este libro es su estilo, la aceptación de Ramana como su guru, y el relato de los tres años que pasó en la presencia física de Ramana. Muchas personas se han sentido atraídas hacia Ramana y otras muchas lo siguen estando, gracias a esta magnífica presentación.

T.S. Ananthamurthy escribió en 1972 una atrayente biografía, Life an Teachings of Sri Ramana Maharshi. En 1974, el profesor K. Seaminthan escribió un libro combinando biografía y enseñanzas. La sección biográfica consta sólo de treinta y cuatro páginas, y por tanto, a pesar de que el libro tiene una fragancia especial, escrito como está por alguien inmerso en Ramana, su alcance es limitado debido a la restricción de espacio. Lo mismo puede decirse del libro Ramana Maharshi, T.M.P. Mahadevan.

Esta biografía, publicada en 1977, está muy documentada, pero es corta; consta sólo de setenta y tres páginas y el resto del libro está dedicado a sus enseñanzas. En 1980, el año del centenario del nacimiento de Ramana, Joan Greenblatt y Mathew Greenblatt escribieron una biografía pictórica, Bhagavan Sri Ramana. El diseño y la presentación, respaldados con su amor y veneración hacia Ramana, hacen que este libro sea muy atractivo.

A todos estos primeros biógrafos, cada uno grande a su manera, les ofrezco mis humildes salutaciones.

Ofrezco también mis salutaciones al vasto y creciente círculo de discípulos y devotos de Ramana, repartidos por todo el mundo. Su fuerza espiritual colectiva constituye el apoyo de esta nueva biografía.

Durante las últimas décadas se ha tenido acceso a un material abundante, variado y verídico sobre Ramana que, o bien no estaba disponible antes, o no lo pudieron usar los primeros biógrafos. Ya han pasado casi setenta años desde que se escribió la primera biografía y al ir aumentado la conciencia del poder de la presencia de Ramana, se hacen necesarias nuevas percepciones y nuevas perspectivas. Uno se puede relacionar más directamente con él. Los lectores del nuevo milenio necesitan saborear y disfrutar la dulzura de los recientes descubrimientos y el nuevo material que se ha revelado desde entonces. ¿pero qué necesidad hay de justificación? La dulzura de su vida misma es una razón suficiente; nos atrae irresistiblemente hacia él. Pues, “una vez que se oye o se lee la historia de Maharshi, ¿quién querría leer o escuchar cualquier otra”

La historia de Sri Rama fue escrita por Valmiki, el Mahabharata, por el sabio Veda Vyasa, y Suka Brahman escribió el Bhagavatam, sobre Sri Krishna. Todos ellos eran jnanis. Dante escribió la Divina Comedia y Milton, El Paraíso perdido y El Paraíso recobrado. Ambos estaban inmersos en su devoción a Jesucristo. Ahora que ha tanto material disponible, uno desearía que alguien de esa talla escribiese una biografía de Ramana, cuya historia es de proporciones épicas.

Este libro es uno de los volúmenes de una trilogía concebida como homenaje a Bhagavan Ramana con motivo del centenario de su iluminación. El primero de ellos, Radiance of the Self, con más de 170 fotografías, incluyendo algunas de las fotos de archivo, se publicó el año pasado. El segundo es esa biografía sagrada. El tercero, Arunáchal-from Rigveda to Tamana Maharshi, se publicara dentro de un año.

Muchos se refieren a Bhagavan Sri Ramana Maharshi como “Bhagavan”, otros le llaman “Maharshi”. Yo he preferido usar a lo largo del libro la palabra “Ramana”, ya que ésta posee un hechizo mágico que transciende las palabras y la mente.

Aunque mi corazón no se funde de amor hacia Ramana, como lo haría una vela cerca del fuego, a menudo me convierte en un cautivo de su amor. Al ir escribiendo esta biografía he podido sentir intensamente la acción de su gracia infinita, viendo cómo cada acontecimiento se coloca en la perspectiva adecuada. ¿No es él un maestro del “emplazamiento adecuado”? Las palabras también parecen ordenarse solas. El único modo de expresar mi agradecimiento es poniendo esta biografía como ofrenda a los sagrados pies de Ramana, que trascienden el tiempo.

Mi plegaria a él es que los lectores puedan ser recipientes del eterno fluir de su gracia.

14 de diciembre de 1999

Traducción de SUSANA MARÍN

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Lo eterno en el tiempo. Sri Ramana Maharshi. Palma de Mallorca. José J. de Olañeta, Editor. 2009. Págs. 10-11.

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El hombre propone y dispone. Tan sólo de él depende poseerse por entero, es decir, mantener en estado de anarquía la cuadrilla de sus deseos, de día en día más temible. Y esto se lo enseña la poesía. La poesía lleva en sí la perfecta compensación de las miserias que padecemos. Y también puede actuar como ordenadora, por poco que uno se preocupe, bajo los efectos de una decepción menos íntima, de tomársela a lo trágico. ¡Se acercan los tiempos en que la poesía decretará la muerte del dinero, y ella sola romperá el pan del cielo para la tierra! Habrá aún asambleas en las plazas públicas, y movimientos en los que uno jamás habría pensado en tomar parte.
Adiós absurdas selecciones, sueños de vorágine, rivalidades, largas esperas, fuga de las estaciones, artificial orden de las ideas, pendiente del peligro, tiempo omnipresente! Preocupémonos tan sólo de practicar la poesía. ¿Acaso no somos nosotros, los que ya vivimos de la poesía, quienes debemos hacer prevalecer aquello que consideramos nuestra más vasta argumentación?

Traducción ANDRÉS BOSCH

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Manifiestos del surrealismo. Madrid. Visor Libros. 2002. Pág. 27.

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XX (FRAGMENTO)

 

“La intriga y la traición llegaron al escenario de La Hora Señalada, con un nuevo montaje de Hamlet. Su director, Arley Vásquez, habla en exclusiva para la Revista Mercurio.

(…)

MERCURIO: -¿Adaptador antes que autor?

ARLEY VÁSQUEZ: -Soy un animal escénico. He escrito algunas dramaturgias, dos las han montado grupos distintos a La Hora Señalada y tres mi grupo en los primeros cinco años de existencia. He escrito guiones cinematográficos y actuado un poco en televisión, pero lo mío es el teatro. Y adaptar los clásicos me llena enormemente también como creador.

M: -Es su quinto Shakespeare. Ha hecho dos veces montajes de obras que ya había montado. ¿Por qué?

AV: -Lluis Pascual dice que podría quedarse la vida entera haciendo Hamlet. Pienso igual. Para un director es un desafío impresionante. Shakespeare pertenece a las ligas mayores. Desde que estaba en el colegio quise montarlo… Tuve que esperar hasta tener mi propio grupo. Llegó el día de ponerme en ello y me di cuenta del tremendo lío en el que me había metido. Al principio lo veía como si se tratara del Everest: un gigante invencible. Y luego, simplemente, comencé a escalarlo poco a poco, sin mirar apenas la cima…

M: -¿Es necesario el teatro? ¿Para qué sirve? ¿Se hace estas preguntas?

AV: -Continuamente.  ¿Lo que hago es teatro? ¿Qué clase de teatro estoy haciendo? William Rodríguez, nuestro asesor literario, dice que el teatro se encarga de transformar el asco del mundo en poesía. Eso es lo que intento. Hamlet reiventa el mundo. Esas es la única mara de entendernos entre los seres humanos. El teatro nos responde porque es el espejo de nuestros actos”.

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El fiscal rosado y la extraña muerte del actor dramático. Editorial Universidad Pontificia Bolivariana. 2017. Pág. 110.

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