Feeds:
Entradas
Comentarios

1

Tres siglos ha que los españoles se apoderaron por la fuerza de este continente. Los horrores que cometieron en su conquista son conocidos de todo el mundo, más la tiranía que ha exercitado después, y que continúan exerciendo hasta hoy no es conocida ni sentida sino de nosotros. Nuestros derechos como nativos de América, ó como descendientes de los conquistadores, como Yndios ó como Españoles han sido violados de mil maneras. No es menester para conocerlo que nos acordemos de las violencias executadass por los visitadores en 1781. De las capitulaciones de Zipaquirá tan solemnemente juradas y tan descarada como escandalosamente violada por el gobierno español: de la ferocidad conque nuestros compatriotas de Santafé y Caracas han sido expatriados y conducidos en cadenas á España en 1796 y 1797. Estas violencias son tan comunes que no hay uno de nosotros que no las experimente todos los días. Olvidados para todo lo que nos puede ser útil, la España solo se acuerda de nosotros para imponernos tributos, para embiarnos una exambre de tyranos que nos insulten y despojen de nuestros bienes para ahogar nuestra industria, para prohibir nuestro comercio, para embarazar nuestra instrucción, y para perseguir todos los talentos del pays. Es un crimen para ella el nacer en América. A los ojos de su gobierno todo Americano es sospechoso incapaz de obtener ningún empleo, hecho solo para sufrir.

Con una tierra fertilísima, con metales de toda especie, con todas las producciones del mundo somos miserables, porque el monstruo de la tiranía nos impide el aprovechar estas riquezas. El gobierno español no quiere que seamos ricos, ni que comuniquemos con las demás naciones porque no conozcamos el peso de su tiranía. Esta no puede exercerse sino sobre gentes ignorantes y miserables.

Pero tres siglos de opresión son una lección sobrado larga para enseñarnos á conocer nuestros derechos. Estos son: La seguridad personal, la liberta, la propiedad, tan esenciales al hombre que vive en sociedad; más que libertad, que seguridad podemos tener nosotros, en nuestras personas ni en nuestros satélites nos privan de una y otras el día que les da la gana? Quando la menor instrucción, la palabra mas indiferente, una quexa vaga e la boca de uno de nosotros es crimen de estado que nos conduce irremediablemente a la tortura, a un presidio, ó a la muerte?

Compatriotas. El mundo esta ya mui ilustrado para que suframos tantos ultrajes, somos demasiado grandes para vivir en una tutela tan ignominiosa. Rompamos las cadenas de esta esclavitud vergonzosa, y hagamos ver al mundo que no somos tan desagradables como la España piensa. Sigamos las huellas de nuestros hermanos los Americanos del norte, estableciendo como ellos un gobierno libre y juicioso obtendremos los mismos bienes que ellos obtienen y gozan al presente. NO ha mas que 25 años que son libres; sin embargo que ciudades no han edificado después de esta época, que comercio no han establecido, que prosperidad y contento no se vé entre ellos? Y nosotros mas numerosos, hatitando un suelo más rico, sufriendo lo que ellos nunca sufrieron quedaremos siempre en la miseria, en la ignorancia y en la esclavitud? Los Apalaches verán sus faldas cultivadas por manos libres, y los Andes que dominan al mundo serán desiertos ó habitados por esclavos infelices. El Delaware y Potowmac serán abiertos á todos los pueblos del mundo, mientras que el Amazonas, el Orinoco, y tantos otros ríos magestuoso que bañan nuestro país quedan olvidados de los hombres? Las Artes y las Ciencias serán extranjeras en América Meridional? No compaysanos, seremos libres, seremos hombres, seremos nación. Entre esto y la esclavitud no hay medio, el deliberar sería una infamia. El único enemigo que se puede oponer a nuestra emancipación esta encadenado en una península, de donde no puede salir, ni evitar largo tiempo el castigo que le preparar una nación insultada y oprimida. Los buenos españoles, que gimen sobre el estado de mi patria, ven con gusto nuestra libertad. Tenemos amigos que nos protegen poderosamente, y que impedirán que el tirano haga el menor esfuerzo contra nosotros. Tenemos armas y generales de nuestro propio pays, acostumbrados á pelear por la libertad. Así, compatriotas, todo depende de nosotros mismos. Unamonos por nuestra libertad, por nuestra independencia. Que desparezcan de entre nosotros las odiosas distinciones de chaperones, criollos, mulatos, &. Estas solo puede servir a la tiranía, cuio objeto es dividir los intereses de los esclavos para dominarlos unos por otros. Un gobierno libre mira todos los hombres con igualdad, quando las leyes gobiernan las solas distinciones son el mérito y la virtud. Puesque todos somos hijos de un mismo padre: puesque todos tenemos la misma lengua, las mismas costumbres y sobre todo la misma religión; puesque todos estamos injuriados del mismo modo, unámonos todos en la gran obra de nuestra común libertad. Establescamos sobre las ruinas de un gobierno injusto y destructor un gobierno sabio y criador: sobre la tyrania la libertad, sobre el despotismo la igualdad de derechos, el orden, y las buenas leyes.

Nuetras miserias cesarán con la tyrania. Nuestros puertos abiertos á todas las naciones nos procuraran la abundancia de lo que necesitamos, y la salida de lo que nos es superfluo. Nuestras tierras recibirán toda especie de plantas sin restricción. No habrá más estancos, más tributos personales, mas alcabalas, mas guardas, ni ningún derecho impeditivo del comercio, ó de la cultivación de la tierra. Cultivaremos y traficaremos para nosotros, no para unos extranjeros codiciosos é injustos. Todo lo que contribuimos hoy a la España para que nos oprima lo  emplearemos en limpiar nuestros caminos, en hacer navegables nuestros ríos, en abrir nuestros canales para nuestro tráfico, en establecimientos para las ciencias y beneficencia pública. En fin, conciudadanos, ya no seremos extranjeros en nuestro propio pays. Tendremos una patria que aprecie y recompense nuestros servicios. Una Patria! Ah! esta voz no ser mas una voz si significado en nuestra lengua. Ella animará nuestros corazones de aquel entusiasmo divino conque animó tantos pueblos celebres y modernos. Por ella el vivir es agradable y el morir glorioso.

Dulce et decorum est pro patria mori.

 

 

 

Selección, prólogo y títulos de J. L. SALCEDO-BASTARDO

Cronología de MANUEL PÉREZ VILA y JOSEFINA RODRÍGUEZ DE ALONSO

 2.jpg

América espera. Caracas. Biblioteca Ayacucho. 2006. Págs. 261-263.

2.jpg

43 (Fragmento)

Abrí una cerveza y encendí la tele. Había un combate en el canal deportivo por cable. Esos sí que se estaban dando. Los boxeadores estaban mejor preparados ahora en mi juventud. Yo me maravillaba de la energía que llegaban a gastar y todavía seguía dando y dando. Los meses de footing en la carretera y de gimnasia que aquellos boxeadores tenían que soportar parecían prácticamente insoportables. Y luego, esos dos o tres últimos días intensos antes de una gran pelea. Estar en forma era la clave. Tener talento y un par de cojones eran cosas imprescindibles, peri si no se estaba en forma quedaban anulados.

Me gustaban los combates. De alguna forma me recordaban a la escritura. Se necesitaban las mismas cosas: talento, cojones y estar en forma. Sólo que la forma era mental, espiritual. Nunca se era un escritor. Uno tenía que convertirse en escritor cada vez que se sentaba a la máquina. No era tan difícil una vez sentado frente a la máquina de escribir. A veces lo que era difícil era encontrar aquella silla y sentarse en ella. A veces uno podía hacerlo. Igual que al resto de los mortales, a uno se le atravesaban cosas delante: pequeños problemas, grandes problemas, continuos golpes y vapuleos. Uno tenía que estar en forma para soportar aquello que intentaba matarlo. Ese era el mensaje que yo sacaba al observar los combates, o al observar correr a los caballos, o al ver la forma en que los jockeys intentaban superar todo el tiempo la mala suerte, caídas de caballo en los hipódromos y pequeños horrores personales fuera del hipódromo. Yo escribía sobre la vida, ja, ja. Pero lo que realmente me asombraba era el enorme valor de algunas de las personas que vivían esa vida. Eso me ayudaba a seguir adelante.

(…)

Traducción de CECILIA CERIANI

1.jpg

Hollywood. Barcelona. Editorial Anagrama. 1990. Págs. 100, 102, 288.

1

París, Abril 20, 1984

En cuanto al movimiento PHASES (Fases) fundado en 1952, desde hace treinta años se ha manifestado en un gran número de países en unión directa o no con el surrealismo. Entre estos países está el Japón, el que probablemente usted ignoraba. A partir de 1955 Taro Okamoto ha figurado entre los colaboradores de PHASES; más tarde. Yo mismo he publicado diversos artículos, en las revistas BOKUBI y BOKUJIN, del calígrafo abstracto Shiryu Morita. Uno de estos textos estaba dedicado al pintor surrealista Jacques Hérold, participante desde el primero momento de la revista Phases. Y en 1958, hicimos una exposición en la Galería Chuo-Koron de Tokyo. Mucho después publiqué los fotogramas de Ei-Kyu y de Shigeru Imai en mi obra Les Mystères de la Chambre Noir (Los Misterios de la habitación Negra), el primer libro que se había dedicado a la fotografía surrealista (Ediciones Flammarion, 1982). Me hubiera gustado, por ejemplo, publicar en PHASES o en cualquier otra revista amiga, un estudio sobre el surrealismo en Japón, pero nunca se me ha dado la oportunidad de reunir todos los elementos necesarios, a pesar de mis contactos amistosos con Okamoto, y la muerte de Shuzo Takiguchi hizo que este proyecto fuera aún más difícil de ser realizado. Entre tanto he podido, con la ayuda de Jun Ebara, reunir cierto número de poemas de Takiguchi, Nishiwaki y Ooka para El Poema Surrealista, una antología internacional que aparecerá pronto de Ediciones 2001 de Frankfurt, pero naturalmente será en alemán.

2.jpgJacques Hérold

3Ei-Kyu

4Shigeru Imai

 

En lo que concierne a la evolución actual del surrealismo en el mundo, no puedo más que hacer lo mejor, para mostrarle a usted mi sentimiento al respecto, al transcribir aquí lo que escribí hace tres años en el prólogo de la exposición Permanence du Regard Surráliste (Permanencia de la Mirada Surrealista), la cual había organizado en está época.

5

“Efectivamente, las circunstancias que surgieron dela disolución del grupo constituido en Francia en 1924, han permitido constatar que el poder de la corriente surrealista era tal que incluso esta peripecia –que pudo parecer de naturaleza tal como para afectarlo gravemente, y algunos de nosotros lo temíamos- no alteró sensiblemente el poder de la fascinación que este ejerce. Más allá del tipo original de organización que posee, parece saberse hoy que la exigencia surrealista ha permanecido intacta (…)

Así, el surrealismo, dentro de su perennidad actual, da la prueba de que hoy igual que ayer no es reducible a las proporciones de una capilla literaria o artística, ni es un fenómeno de moda como todos los han surgido después de una veintena de años. Hoy, está claro que, más allá de los inevitables desencuentros, disidencias, discordias, y querellas de tendencias que de vez en cuando han perturbado el curso, se trata de un nuevo fenómeno en el dominio del arte y del pensamiento: una fuerza vital que ignora con un día de anticipación su magnitud, y bajo esta visión, permanece como la principal fuente de renovación de la imagen que el hombre tiene del mundo circundante.”

6

Por supuesto, no se trata sino de un pequeño extracto, pero próximamente le enviaré el documento en sí. Esta exposición, que agrupó más de 130 participantes y más o menos 250 obras escalonadas sobre cerca de 60 años, ha sido la única de este tipo que se ha organizado en Francia en el transcurso de los últimos años.

Entre tanto, no obstante su poder intrínseco y de esta clase de celeridad adquirida en el transcurso de los años, el fenómeno surrealista no puede aislarse de otras corrientes que le son afines, tales como la abstracción lírica, la no-figuración física, etc…, y es por lo cual Phases ha obrado siempre, desde ya hace cerca de 40 años, dentro del sentido de una confrontación constante, y que ya se expresaba en 1946, en las líneas de mi artículo Les Chemins de l´abstraction (Los Caminos de la Abstracción) –Octubre 1 de 1946-:

“Son la inquietud, la alegría, la esperanza, el deseo, los que se inscriben aquí bajo una forma corriente “no figurativa”, pero no se hace indispensable concluir sobre un hacerse cargo de la pintura abstracta por el espíritu surrealista o viceversa. Se trata de un fenómeno nuevo, en el que el paso meteórico ilumina también a la escritura. Los románticos de este siglo, sean pintores o tramperos, poetas o partidarios, obtienen su lucidez (mágica-circunstancia) de esta misma fuerza elemental que construye los campos, invierte el vapor de los cargueros en plena mar y que soldando la carne a la carne, une al hombre a su devenir”.

7.jpg

Pienso que el acercamiento de estas últimas líneas, a las que escribió José Pierre en su carta del 29 de Junio de 1982 -¡treinta años después!- es bastante revelador, incluso si entre él y yo existen divergencias de otro orden.

Ciertamente, no puede ser cuestión de juzgar el porvenir del surrealismo, sino sobretodo porque nosotros no sabremos juzgar el porvenir del mundo en el que vivimos. No resta más que decir que numerosos fuegos del surrealismo se han manifestado en el transcurso de la última década, y es por ello que yo no sabría si aconsejarle de que se dirija también a Gérard Legrand, a Franklin Rosemont, a Abdul Kader El Janabi, a Michael Vandelaar, a Ludwig Zeller, a Ladislav Guderna; no obstante le anexo las direcciones. Ellos también, sin duda, podrán ayudarlo eficazmente en su investigación de testimonios para AU délà 403 vie (título que, debo decírselo a usted, tiene un significado que se me escapa).

No deje usted de interrogarme de nuevo, si tiene la necesidad de hacerlo, y créalo bien, querido Yasuyki Watanabe, mis más amistosos sentimientos.

 

 

1

 

LIBRO DOCE

IX

Salimos de allí y paseamos lentamente por la Quinta Avenida hasta el Museo de Arte Moderno, donde Claude se detiene a meditar ante un retrato de Amedeo Modigliani, que, no sé por qué, es su pintor moderno favorito. Una locaza se para detrás de nosotros y mira atentamente a Claude, da un paseo, vuelve nuevamente a echarle otra mirada. No sé si él lo nota, pero yo sí. Nos paramos delante del famoso cuadro de Tchelitches Cache-cache y disfrutamos con todos los detalles, los pequeños úteros, los pequeños fetos, el esperma que brota delos botones florales, de aquel cuadro maravilloso que daño el fuego décadas después, o una década y media después. Luego cruzamos Times Square y bajamos hasta el local del sindicato de marinos, sólo por pura nostalgia, supongo. Claude dice:

  • Sabbas, aquel amigo tuyo, solía vagar por las calles de Nueva York y de Lowell contigo y con sus poemas, como “Hola los de ahí afuera” y “No volveremos a vagabundear”. Me gustaría haberla conocido.

2.jpg

Traducción de MARIANO ANTOLÍN RATO

2.jpeg

La vanidad de los Duluoz. Una educación audaz, 1935-1946. Barcelona. Editorial Anagrama. 1997. Pág. 277.

 

2

Regresando a Italia desde Berlín, me paro en Hannover. En el Gartenfriend, en la Marienstrasse, está enterrada Lotte –la Lotte de Goethe, de Werther, de una de las mejores novelas de amor de todos los tiempos, del segundo betseller, después de Robinson Crusoe, de la literatura mundial. Como su nombre indica, el cementerio es un pequeño jardín público. Entre sus tumbas, bajo los castaños de Indias y las encinas, los niños juegan a pillarse, las madres charlan, algunos toman el sol tumbados en la hierba con el torso desnudo. Estas confidencias no desdicen a la muerte, hacen que sintamos familiarmente cercano a quien está enterrado.

3.jpg

La tumba de Lotte es una especie de tosco y bajo torreón, con frisos curvilíneos que evocan plantas y conchas. En la parte anterior se lee la inscripción “Aquí yace Charlotte Sophie Henriette Kestner nacida en Buff”, con las fechas de nacimiento y muerte; y en la posterior, “Viuda del consejero de corte Johann Christian Kestner”. La muerte ignora las pasiones, las irregularidades, las turbaciones del corazón, y devuelve a cada individuo al orden objetivo al que pertenece, al matrimonio, a la casta. Pero Lotte –la verdadera Lotte, la que descansa aquí abajo- fue verdaderamente la mujer del consejero, la madre de sus hijos, compartió sus vidas. Frente a todo esto, diría un Buddenbrook, el hecho de que de alguna manera pueda haber servido de inspiración al personaje de una novela inmortal es algo de escaso relieve, poco más que una curiosidad o un cotilleo.

11 de junio de 1989.

 

Traducción de PILAR GARCÍA COLMENAREJO

1.jpg

El infinito viajar. Barcelona. Editorial Anagrama. 2008. Págs. 94-95.

1

(…)

 

– Puesto que en este momento se encuentra usted, en suma, bastante bien, ocúpese también de sus negocios.

“Los negocios”. Alain se le rió un poco. Sin embargo, también había en ello un montón de ilusiones que constituían su pan cotidiano.

El doctor respetaba los extraños gustos de Alain. Sólo admiraba espontáneamente a los extravagantes del pasado, de Byron a Jarry, pero comprendía confusamente que el tiempo transcurrido le ayudaba mucho a alabar aquellas cosas que, en el momento, lo hubieran desconcertado como la manada vulgar de los contemporáneos de entonces.

Por eso, y para que no se le pillar en falta, se cuidaba mucho de no lanzar la piedra contra nada de lo que le ofrecía su época.

Se había levantado y, una vez más, consideraba con envidia los adornos de la chimenea. Hubiese querido que todo aquello le gustara y no lo conseguía; pero el hecho de poder mantener un instante su mirada en aquellos objetos desconcertantes le parecía ya un resultado del que se apresuraba a sentirse satisfecho.

– Su idea de abrir una tienda me parece excelente. Tiene usted que ocuparse en seguida de hacerla realidad. Todas esas cosas divertirán mucho a la gente.

Entre los proyectos fantasmas, Alain tenía el de abrir, en París o en Nueva York, una tienda en donde reuniría todos aquellos objetos viejos, feos o absurdos que la industria popular –a punto de extinguirse haciéndose populachera- había producido en los últimos cincuenta años, y de los que se encaprichaba la gente refinada allá por el año veinte, actualizando y forzando los gustos mucho más antiguos de los artistas. Así, Alain pensaba formar todo un bazar heteróclito, para vender muy caro: objetos del mercado de pulgas, colecciones de tarjetas sentimentales o verdes, estampas, bolas de cristal, barcos dentro de una botella, figurillas de cera, etcétera.

(…)

 

ADIÓS A GONZAGUE (Fragmento)

(…)

Tenías todos los prejuicios, todo ese tejido de la vida social que es nuestra misma carne sexual y animal- y que volvemos irremediablemente contra nosotros mismos en un desgarramiento magnífico y absurdo. Vivías –mientras viviste- con toda la carne de los prejuicios vuelta contra ti. ¡Desgarrado!

Creías en todo: en el honor, en la verdad, en la propiedad…

Tu cuarto estaba bien ordenado, como todos los sitios por donde pasabas. Encima de la mesa, esos papeles, esos pequeños instrumentos, esas cajas de cerillas amontonadas, esas cuartillas. ¡Ay, literatura, sueño de infancia que volvía a acudir siempre a ti y que se había convertido en un fruto seco e irrisorio que escondías dentro de un cajón! Un revólver precioso como todos esos objetos con los que jugabas. Todo era mortal entre tus manos: todos esos cepillos para tu aseo. Te peinabas el pelo, hermoso y vivo, y salías: en los salones, en los bares, un sentimiento de amor imposible, nefasto, crispaba el corazón de algunas mujeres.

No de todas. No gustabas a todas ni a todos. Muchas personas te despreciaron y te rechazaron. Eran más puros que aquellos amigos tuyos que nunca declaraban una amistad sin reservas. ¿Por qué? También era culpa tuya: no tenías talento. Y habías hecho mal en hablar de ello.

En todo literato hay un enterrador: no es la primera ni la última vez que derramo tinta sobre la tumba de un amigo.

Te gustaba algo de Cocteau y algo de Aragon. No recuerdo que me hablaras nunca de Rimbaud.

Fui tan cobarde que te llevé flores una tarde. Ya no me atrevía a hablarte, a gritarte mi fe. Mi fe en todo lo que odiabas, en lo que vomitabas, en todo lo que has matado de un tiro.

Como no tenías pasiones, tenías vicios. Como eras un niño, tus vicios eran una golosina. Y tu golosina era de niño: estabas sediento de sueño y de juego, de juego y de sueño. Jugabas con tus trocitos de dios: cómicas fotos, recortes de periódicos, ¿qué sé yo? Y luego, cuando charlabas, seguías jugando con anécdotas… recogidas de los almanaques, chispas de la impotencia humana como las que no abrasaban cada día. Y después llegaba la noche. Entonces te drogabas, te pinchabas y te reías, te reías, te reías. Tenías los dientes hechos para una risa sarcástica inolvidable: fuerte y apretados y firmes en una mandíbula fuerte, en un rostro de cuero holgado. Te reías, te burlabas y después te caías muerto. Pero renacías, en aquellos tiempos, cada mañana. Como un fuego fatuo o un duendecillo de los pantanos, renacías de una burbuja mefítica. Tenías un cuerpo de tritón y un alma de duendecillo.

(…)

No te parecías en nada a un bandido; le tenías miedo al dinero de los demás; eras un burgués habitado por la gracia y ceñudo, lo que prueba que la gracia era auténtica. Sí, un cristiano; aparentemente cristiano y en el fondo nada cristiano. Por que, en fin, ¿qué diferencia hay entre un pagano y un cristiano? Apenas. Una ligera diferencia en la interpretación de la Naturaleza. El pagano cree en la Naturaleza tal como ella se presenta; el cristiano cree en la Naturaleza, pero según lo que supone detrás de ella. Cree que es un símbolo, un tejido cuajado de símbolos. En el día de la vida eterna le da vuelta al tejido y ya tiene la realidad del mundo: Dios. Por lo tanto, el pagano y el cristiano poseen la vieja creencias en la realidad del mundo. Tú no creías en la realidad del mundo. Creías en mil pequeñas cosas, pero no en el mundo. Esas mil pequeñas cosas eran los síntomas de la gran nada. Eras supersticioso. Dulce y cruel refugio de los niños rebeldes y fieles hasta la muerte a su rebeldía: te prosternabas ante un sello de correos, un guante, un revólver. Un árbol no te decía nada, pero una cerilla estaba cargada de poder.

No te has ocupado demasiado de los fetiches negros, porque estudiabas la belleza en todas sus formas. No hacías trampas como la mayoría de nuestros contemporáneos. Verdaderamente, no lo comprendías. Te visto bostezar ante un Manet como ante tu madre. Pero has sido un verdadero fetichista, a la manera de las mujeres y los salvajes. En tu celda de suicidios, cuando yo entré, tu mesa no había cambiado. Estaba cargada de amuletos y dioses. Dioses miserables, como los de las tribus que comen mal, que tienen sueño y que tienen miedo.

Sólo se puede escribir sobre la muerte, sobre el pasado. Sólo puedo comprenderte el día en que ya estás acabado.

(…)

Traductor: EMMA CALATAYUD

2.jpg

El fuego fatuo. Adiós a Gonzague.(1931).  Madrid Alianza Editorial 1975. Págs. 41-42 y 136-139.

 1.jpg

2.jpg

I

 

Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye.

Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba.

Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.

 

Clara: corazón, rosa, amor…

Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.

Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.

Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida.

 

Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara.

No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba.

Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.

¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?

 

He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada.

 

Lo han aprendido ya el árbol y la tarde…

 

y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo  murmura el río…

 

Clara:

Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.

 

 

Guadalajara. 10/44

juan rulfo

 

II

 

Hoy que vine de ti, sostenido a tu sombra, he mirado la noche.

He mirado las nubes en la noche como lágrimas alrededor de la luna clara: los árboles oscuros, las estrellas blancas.

 

Hoy he visto cómo por todas partes la noche era muy alta.

Y me detuve a mirarla como se detiene el que descansa.

Clara:

Hoy se murió el amor por un instante y creí que yo también agonizaba.

Fue a la hora en que diste con tus manos aquel golpe en la mitad de mi alma.

Y que dijiste: tres años, como si fuera tan larga la esperanza.

 

Hoy caminé despacio pensando en tus palabras.

Oyendo los ruidos del pájaro que duerme y los ruidos del ansia.

Del ansia que nos mancha la congoja de no poder ser omnipotentes para labrar una piedad dentro de otra alma.

 

Con todo, tres años no son nada. No son nada para los muertos, ni para los que han asesinado lo que aman.

 

Tres años son, Clara, como querer cortar con nuestras manos un hilito de agua.

 

Y en esperar que pasen los tres años, el tiempo nunca pasa.

 

Clara:

Hoy que vine de ti, sostenido en tu sombra, me puse a mirar mi soledad y la encontré más sola.

 

Guad. Oct. De 1944

juan rulfo

3.jpgAire de las colinas. Cartas a Clara. Buenos Aires. Editorial Suramericana. 2000. Págs. 23-26.