Feeds:
Entradas
Comentarios

Por: David Foster Wallace (1962-2008)

 

1.jpg

 

ÚLTIMA INTERRUPCIÓN (FRAGMENTO)

Mark Nechtr se ha tomado un interés personal por la crítica informal que ha hecho J.D. Steerlritter del famoso relato metanarrativo del doctor C_ Ambrose, Perdido en la Casa Encantada. Cree que J.D. se equivoca, pero piensa que la analogía que ha hecho el publicista entre un relato y una amante es apropiada, y además ayuda a explicar por qué Mark siempre ha tenido tantos problemas con ese relato, y también con la intención que ahora tiene Ambrose de construir una cadena de discotecas para añadirle a su relato una tercera dimensión, de construir Casas Encantadas “reales”. Ahora ya no cree que J.D. Steelritter y el doctor Ambrose simplemente se hayan “vendido” (esa acusación resulta muy fácil de dirigir hacia otra persona), sino que en realidad lo han hecho al revés: quieren construir una Casa Encantada para amantes a partir de un relato que no ama. Sin embargo, Mark postula que Steelritter solo tiene razón a medias. El relato no ama, pero esto pasa precisamente porque no es cruel. Un relato, a lo mejor, debería tratar al lector como si quisiera… bueno, follárselo. Y sí, especula Mark, se puede hacer un relato a partir de una Casa Encantada. Pero no usar la Casa Encantada como la clase de símbolo que no puede usar a su antojo. No hay que poner a los pobres personajes dentro de una, ni fingir que el pobre autor está vagando dentro de una. La manera correcta de hacer que un relato será una Casa Encantada es coger el relato y meterlo dentro de una. Para un amante. El lector debe ser un amante y tiene que querer meterse dentro. Luego hay que follárselo. Hay que fingir que todo el proceso es como hacer el amor. Caminar cogidos del brazo del objetivo elegido a través de la puerta en forma de cara sonriente. Dar un empujón. Y salir corriendo antes de que las mandíbulas sonrientes se cierren. Lo único que importa es que el lector esté dentro. No es como uno se lo imaginaba. Resulta un poco solitario. El sitio está terriblemente desordenando, pero de un modo siniestro, todo es duro y frío como el cristal de un parabrisas. Todos los posibles ángulos sensoriales se usan, todas las técnicas meticulosamente aprendidas que uno guarda en su carcaj se ponen en juego, puesto que todas las “técnicas” en realidad no son más que superficies reflectantes que defraudan lo que fingen revelar.

 

(…)

 

Traducción de JAVIER CALVO

 

2.jpg

 

La niña del pelo raro. Barcelona. Penguin Random House. 2015.Págs. 420-421.

 

1.jpg

1

Ese cántaro

Tan lleno de vacío

Como la noche

 

2

El vino quieto

Los posos asentados

la transparencia

 

3

En lo oscuro,

hay puntos luminosos

Mira el claro

 

4

Abunda la luz

imposible la vista

Mira la sombra

 

5

Sin hacer nada

sentado en el balcón

crece la dalia

 

6

El agua turbia

de pronto, cristalina

Eso, la quietud

 

7

Esos laureles

con sus ramas bajeras

luces y sombras

 

8

Bando de aves

en la copa del árbol

himnos del bosque

 

9

Agua inmóvil

silencio multicolor

espejo solar

 

10

Allí, el jazmín

la luna en el charco

los rizos del agua

 

11

El lazo suelto

esos viejos andamios

se desmoronan

 

12

Mira la fonda

las hechuras del árbol

danza del viento

 

13

Allá, en el mar

silencios, todo quieto

los alcatraces

 

14

Esos silencios

la noche femenina

Ahí, el farol

 

15

cruza el río

En la orilla…

la luz del faro

 

16

Sin un esfuerzo

cedió su transformación

la crisálida

 

17

Hoy, que soy río

soy montaña soy árbol

somos lágrima

 

18

La luciérnaga

para ese momento

noche mágica

 

19

El relámpago

fulge un instante

Eso, la vida

 

20

Eso, sin puertas

lo único, la aldaba

que abre o cierra

 

BECA DEL PROGRAMA NACIONAL DE ESTÍMULOS

MINISTERIO DE CULTURA. BOGOTÁ 2015

1.jpg

2.jpg

Burla y fervor. Antología poética. MECA. Escritores y Artistas de Medellín.  Medellín. Todográficas LTDA. 2015. 15-20.

 

1.jpg

A nadie, en particular

 

La historia de la humanidad cabe en el techo de mi pequeña perrera.

Tilín.

PRÓLOGO

QUIERO MI LIBRO

GRANDE Y DESHOJADO

PARA QUE NADIE

SE LO BEBA DOS VECES.

LO QUIERO GRANDE Y NEGRO

JUSTO COMO LA MUERTE

QUE QUIEN PRUEBA UN DIA

PUEDE CREER EN ELLA

ETERNAMENTE.

(…)

 

A veces a altas horas de la noche, despertaba a su lado, es decir, separada de ella por su hombre. Por la ventana, nuestro ventanal, como por un inmenso telescopio se colaba el universo y nos llenaba de luz, casi pudiera decir paz y frío. Era un espacio de verano, azul, plagado de planetas y planetas que nada sabían de mí, nada de ellos. Entonces pensaba en ustedes los ovnis y me decía que era cómico que viviera tan angustiado cuando el cosmos entero no podría jamás saber de mis trabajos. Me sentía amarrado a una tierra que no me pertenecía, me elevaba, me tornaba en el vago solitario y les hablaba a ustedes y ustedes permanecían lejanos, impasibles ante mí y ante mi tragedia; ustedes estaban allí y nosotros en estos dramones que daban risa, sufriendo, peleando por fronteras, por una mujer, por una cama, por trigo, por una cueva; nosotros invadíamos un barrio para “vivir” y nosotros llegábamos investidos de autoridad y nos echábamos a bala y bayoneta! Parecía que nuestro lema no fuera amar; sin embargo teníamos dios y quienes no teníamos endiosábamos a la mujer y amábamos

Yo veía cómo esa luz pálida del universo me invadía, tornaba violeta mi rabia pálida… y amanecía. Entonces había llegado un día parcelado en el que se caminaba por las ciudades, se trabajaba sin objeto en ellas, se moría y se continuaba viviendo tal como ustedes mientras mi mujer en su bañera…

Pero eran nuestras ciudades, en las que vivir costaba dinero, en las que convivir era imposible y en las que se convivía a toda fuerza. Ah… la ciudad! decíamos en el campo. Ah… el campo! Nunca fuimos realmente felices porque buscamos la felicidad donde no estaba: la buscamos en la felicidad.

(…)

Y quién le dijo a usted que yo la había matado a patadas!

La mentira es noble, pero esa clase de mentiras que usted utiliza en contra de mi culpabilidad le pueden costar caras. Históricamente caras, quiero decir. Además, si esto hubiera sido así, si la hubiera matado a puntapiés, mis puntapiés hubieran sido diferentes a los que se suelen dar los hombres; puntapiés metafísicos, qué sabe usted de mí! Aún no me ha descubierto en mi verdadera magnitud, puesto que se asombra cuando le relato algo que en apariencia tiene el viso de la maldad. Tenga cuidado con las apariencias y sepa diferenciar la comedida del chiste y la tragedia. No se fíe de mí, puesto que a veces digo cosas que no tienen importancia pero que suenan bien literariamente, secretario.

Me gusta abusar de la literatura. Se presta para hacer barbaridades (1)

De haber sido dios, no hubiera hecho un mundo, sino un libro; o lo hubiera dejado en blanco y lo habría titulado: “Breve recuento de mis días”.

Está visto, verdad, secretario, que a dios no se le ocurren tantas cosas como se me ocurren a mí? Podría ser tan erudito como sus admiradores quieran. Pero no como yo. Será muy leCogre, y tenga usted en cuenta que yo perdí en sabiduría con él, me quitó la mujer, pero yo terminé matándolo a con la peor y la mejor de las muertes: la muerte.

  1. Véase “terremoto”.

Primer Premio Nadaísmo de Novela/1966.

 

1.jpg

La pequeña hermana. Bogotá. Ediciones Tercer Mundo. 1966. Pág. 111, 133.

Max Ophüls había intentado hacerlo entender con múltiples alusiones en sus fotogramas: una cancela, un cristal, una persiana entornada, un encaje, una cortina que el objetivo debe rozar. O incluso sólo un montón de objetos que se alejan y rodean a los personajes. O también la vasta franja de oscuridad que les envuelve. Después, en una improvisación en la radio, se acabó por remitir al texto que expresa en pocas palabras qué es la imagen cinematográfica: “Quien mira desde fuera a través de una ventana abierta nunca ve todas las cosas que ve quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, más tenebroso, más deslumbrante que una ventana iluminada por una vela. Lo que se puede ver al sol siempre es menos interesante que lo que ocurre detrás de un cristal.” Es el sello de Baudelaire, pero también de Ophüls, su derecho cinematográfico. La imagen en la pantalla aparece en la época en que las imágenes mentales tienden a invadir las calles y a convertirse en percepciones brutas, aceptables por cualquier empirista. En el transcurso de esta invasión algunas se enganchan en la pantalla, y allí siguen llevando una doble vida. Su esoterismo, que es el fundamento del gran cine, las quiere mantener en contacto tanto con su origen mental como con su última propagación en las calles. Esto último está representado por la “ventana abierta” de Baudelaire, por la ilusión de una continuidad entre el dentro y el fuera, de una vida que se recupera intacta en las dos dimensiones. Pero el otro recorrido, que se dirige al origen, devuelve la imagen sobre la pantalla a la imagen mental, y por tanto a la imagen “detrás de un cristal” que se aparece a “quien contempla una ventana cerras”. El cristal de la mente puede ser la superficie del espejo o la transparencia de la puntilla o el marco ofrecido por los objetos y por la oscuridad; todo ello son señales de una distancia, imperceptible e irrellenable, entre el mundo y su reflejo, entre las dos fuentes perennes de la imagen. “Detrás del cristal”, la luz que emana de los seres y de las cosas ya no es una luz de la naturaleza, sino la radiación de la misma superficie: la radiación de Psiqué.

Traducción de JOAQUÍN JORDÁ

3.jpg

La ruina de Kasch. Barcelona. Anagrama. 2001. Págs. 287-288.

 

2.jpg

En medio de mis desgracias, mi vida continuaba. Empecé a preocuparme, además, por que tampoco se cumplieran las esperanzas que tenía depositadas en la otra vida. Recuerdo, sin embargo, un consuelo. Fue un sueño que tuve el día 13 del octavo mes del tercer año de la era Tengi. (1) Se me apareció el Buda Amida (2) de pie, debajo del alero de la casa donde yo vivía. Su figura se me mostraba borrosa, como si una niebla se interpusiera entre nosotros. Conseguí verla más claramente un instante en que se despejó un poco la niebla. Estaba sobre un pedestal de flor de loto, (3), a un metro más o menos del suelo. Su figura mediría un metro ochenta y resplandecía de oro. Una de sus manos estaba abierta y con la otra formaba una señal budista. (4) Sólo era visible para mí.

Me sentía afortunada de poder verlo, pero también sobrecogida y temerosa. De nada me sirvió acercarme a las persianas para contemplarlo mejor. Me dijo:

—Esta vez me voy, pero volveré otra vez por ti.

Estas palabras no fueron audibles para ningún oído, excepto para los míos. Cuando me desperté era ya el día 14. (5) Por entonces, fue el único que me hizo concebir esperanzas para la otra vida.

Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian. Gerona. Ediciones Atalanta. 2008. Págs. 152—154.

 

 

 1.jpg

 

PREFACIO

Todos los textos recopilados en este libro fueron en primer lugar palabras vivas: un largo diálogo con el periodista francés Jean Lebrun, tres conferencias dictadas en diversos congresos o coloquios y dos entrevistas publicadas en revistas brasileñas, que se dirigen a lectores que no son profesionales de la historia.

Espero que en su nueva existencia libresca, estas intervenciones orales puedan mantener algo de su primera identidad que permite, pese o gracias a las vacilaciones de la palabra, precisar las ideas, corregir las imprecisiones y matizar las afirmaciones demasiado contundentes. En este volumen dedicado a la cultura escrita en la larga duración de su historia, es a partir de diversas prácticas de la oralidad que se reflexiona sobre las mutaciones o las revoluciones que transformaron las técnicas de reproducción de los textos, las formas de libros y las maneras de leer.

¿Por qué no aceptar esta irónica paradoja como la supervivencia en nuestras sociedades invadidas por los escritos, manuscritos e impresos ayer, hoy y mañana electrónicos, de la idea de los antiguos que, como lo dijo Borges, “veían en el libro un sucedáneo de la palabra oral” y por esto alababan la palabra oral que “tiene algo de alado, de liviano”. No estoy seguro de que las palabras recordadas en este libro sean todas “aladas y livianas” pero me gustaría que los lectores las recibieran con la libertad que permite una tertulia amistosa o el diálogo entablado después de una conferencia.

Buenos Aires

Septiembre de 2000

 

PROLOGO

LA REVOLUCIÓN DE LAS REVOLUCIONES (Fragmento)

 

Al pasar –y aquí podríamos hacer un guiño a los primeros que han de leer este libro- uno se pregunta qué será del rol del crítico.

El rol del crítico se reduce y se multiplica a la vez. Se multiplica en la medida en que todos los lectores pueden convertirse en críticos. Este era el sueño de la Ilustración y, tal vez, era ya el de fines del siglo XVII: ¿por qué no podría estimarse que cada lector es capaz de crítica las obras, más allá de las instituciones oficiales, de las academias, de los eruditos? La idea según la cual todo lector dispone de una legitimidad propia, del derecho de un juicio personal nació en Francia como consecuencia de la disputa de los Antiguos y los Modernos de fines del siglo XVII.

Esta idea se afirma entonces a través de nuevos periódicos, como Le Mercure Galant que toma muy en consideración las cartas que les envían sus lectores. El lector reacciona ante los artículos del periódico, al cual envía sus propias opiniones. Evidentemente, las redes electrónicas multiplican esta posibilidad y facilitan las intervenciones en el espacio de discusión que ellas mismas han constituido. Desde este punto de vista, puede decirse que la producción de juicios personales, la actividad crítica se ponen así al alcance de la mano de cada lector. Por ello, la crítica, como profesión específica, corre el riesgo de desaparecer. En el fondo, la idea kantiana según la cual todos deben poder expresar su juicio libremente, sin restricciones, encuentra su soporte material y técnico en el texto electrónico.

 

EL AUTOR

Entre el castigo y la protección

La cultura es inseparable de los gestos violentos que la reprimen. Aun antes de que fuera reconocido el derecho del autor sobre su obra, la primera afirmación de su identidad estuvo asociada a la censura y a la interdicción de textos considerados subversivos por las autoridades, fueran estas religiosas o políticas. Esta “apropiación penal” de los discursos, según la expresión de Michel Foucault, justificó perdurablemente tanto la destrucción de libros como la condena de sus autores, sus editores o sus lectores. Las persecuciones son como el reverso de las protecciones, los privilegios, las gratificaciones o las sensaciones concedidas por los poderes principescos y eclesiásticos. El espectáculo público del castigo invierte la escena de la dedicatoria. La hoguera adonde se arrojan los libros malos constituye la figura invertida de la biblioteca que tiene a su cargo proteger y preservar el patrimonio textual. Desde los autos de fe de la Inquisición a la quema de libros de los nazis, la pulsión de destrucción obsesiono largamente a los poderes opresores que, al aniquilar los libros, y a menudo a sus autores, creían que se desembarazaban para siempre de sus ideas. La fuerza de lo escrito es haber hecho trágicamente irrisoria esa voluntad negra.

 

EL LECTOR

entre restricciones y libertad

 

La lectura siempre es apropiación, invención, producción de significaciones. Según la bella imagen de Michel de Certau, el lector es un cazador furtivo que recorre las tierras de otro. Apropiado por la lectura, el texto no tiene exactamente –o en absoluto- el sentido que le atribuyen su autor, su editor o sus comentarios. Toda historia de la lectura plantea, en su principio, esta libertad del lector que desplaza y subvierte lo que el libro intenta imponerle. Pero esta libertad lectora nunca es absoluta. Está sujeta a restricciones que proceden de las capacidades, en sus diferencias, las prácticas de lectura. Según los tiempos y los lugares, según los objetos leídos y las razones de la lectura, los gestos cambian. Se inventan nuevas actitudes y otras desaparecen. Del rollo antiguo al codex medieval, del libro impreso al texto electrónico, diversas rupturas mayores marcan hitos en la larga historia de las maneras de leer. Modifican la relación entre el cuerpo y el libro, los posibles usos de lo escrito y las categorías intelectuales que aseguran su comprensión.

 

LA LECTURA

Entre la escasez y el exceso

Persistentemente, tres inquietudes caracterizaron la relación con la cultura escrita. La primera de ellas es el temor a la pérdida. Esta preocupación determinó la busca de textos amenazados, la copia de los libros más preciados, la impresión de los manuscritos, la edificación de las grandes bibliotecas. Contra las desapariciones siempre posibles, se intenta reunir, fijar y preservar. La tarea, nunca completada, está amenazada por otro peligro: la corrupción de los textos. En las épocas de la copia manuscrita, la mano del escriba podía equivocarse y acumular errores. En la era de la imprenta, tanto la ignorancia de los cajistas o de los correctores como las malas costumbres de los editores les hacen correr riesgos aun mayores. De ahí, los esfuerzos de los autores por sustraerse a las leyes de hierro de las librerías y de la reproducción mecánica. Preservar el patrimonio escrito de la pérdida o de la corrupción suscita además otra inquietud: la del exceso. La proliferación textual puede llegar a ser un obstáculo para el conocimiento. Para dominarla, son necesarios instrumentos capaces de escoger, clasificar y jerarquizar. Pero, irónica paradoja, esos instrumentos son a su vez nuevos libros qu se agregan a los demás.

Traducción: ALBERTO LUIS BIXIO

 

 

Las revoluciones de la cultura escrita. Diálogo e intervenciones. Barcelona. Editorial Gedisa. 2000. Pág. 9, 18-19, 21, 51, 61,

 

 1.jpg

Con las siguientes palabras presentó Pedro Gómez Valderrama a Rogelio Echavarría en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, en el ciclo de lecturas poéticas organizado por el presidente de la Cámara de Representantes, Jorge Mario Eastman, el 9 de Julio de 1979, como “Homenaje del Parlamento a las letras nacionales”.

Sin duda es Rogelio Echavarría uno de los poetas más finos y profundos de la literatura colombiana actual. Su palabra poética se eleva en el concierto de nuestra poesía con caracteres de originalidad y de honda belleza. Es una poesía madura y nítida, que tiene el rasgo inimitable de la sobriedad verbal; que le atribuye adecuado valor a las palabras, que en ella, más que instrumentos, son parte de la poesía misma, confundidas con la imagen participante en ella con la plenitud de su significado y la amplia belleza del lenguaje.

Echavarría es poeta de obra breve, pero cada uno de sus poemas tiene un valor real, es un todo en el cual concurren, con la hermosura de la lengua, la imagen pura, el estremecimiento de la poesía. Aurelio Arturo, le gran poeta colombiano, el gran poeta colombiano, tuvo en su momento frases justas para elogiar la obra de Rogelio Echavarría, tan cercana a la suya propia, pero a la vez tan llena de un acento personal que admiramos y nos conmueve a quienes creemos en la misión primordial de la poesía como fuente de origen del arte literario.

Tuve en 1964 la honda satisfacción, siendo ministro de Educación Nacional, de publicar en las ediciones del Ministerio, en compañía de Aurelio Arturo, jefe entonces de la División de Divulgación Cultural, la primera edición de El transeúnte, que forma, en su libro del mismo título, la primera parte de la obra de Echavarría. En aquellas ediciones, Rogelio estuvo en compañía de Aurelio Arturo, Eduardo Cote, Fernando Charry Lara y Fernando Arbeláez, poetas todos de la más noble calidad. En su nueva edición, trece años después, en 1977, se ha recogido toda la obra publicada del poeta. Esta nueva edición tiene, sin excluir un solo poema, el acento, la dignidad, la nobleza de la voz de un gran poeta.

El hombre frente a las cosas esenciales: el amor, la libertad, el mundo, la actitud del escritor ante los desajustes en este mundo. Todo con la misma sobriedad, con la misma elegancia con la cual aborda la vida elemental, la lluvia, la noche. Con la cual se aproxima al sueño perturbado de los poetas del siglo XX:

“… Cuando en la noche caen las altas torres

y trabajan sonámbulos los lejanos correos

con sus manos que buscan el lugar del reposo,

te encuentro en mí, trocados los cuerpos transparentes

y plenos de nosotros mismos en carne y hueso…”

 

EL SUEÑO

El mundo del poeta es complejo, dividido, entre la niebla de los sueños (“la luz se extingue/inútil como un sueño que nunca se recuerda”), y la vida torturada de la humanidad. Echavarría no es  un poeta político; es un poeta, que con su misma voz se acerca a tocar las zonas de este conflicto del mundo, a levantar su voz de protesta con la conciencia de que debe hacerlo:

“Camarada enemigo: nos llevaron

por las malas a darnos sin cuartel

la misma buena guerra ya en Corea,

ya en Vietnam…”

 

EL ARMISTICIO

Y con el mismo acento poderoso clamar por la restitución de la libertad única:

“La libertad está prohibida por los jueces y por el día,

la libertad quema su lámpara y mi novia es la libertad,

la libertad que separa a los hombres del pan,

la libertad que nunca nos comprende:

la soledad…”

 

LA LIBERTAD

La poesía de Rogelio Echavarría tiene facetas múltiples. Y aun en los poemas de implicación política, la introspección, la vida interior son el ambiente poético en que germinan. El maestro Luis Vidales señala cómo “una poesía como la de “El transeúnte”, dotada de tan importantes orígenes, puede seguir segura su ruta, y acendrarse aún más en la visión de un poeta tan notorio ya, y de tan transparente equilibrio con el mundo pluralizado que nos ha correspondido vivir, como lo es Rogelio Echavarría”.

La vida íntima, el recinto inviolable de la libertad, se embellece, se transforma en las palabras de Echavarría:

“¡Ah, sí” Soy el que verás siempre a la orilla de tu lecho.

Háblame con tu voz que tiene un dejo de feliz tristeza…

Porque yo soy el más solo entre los solos

y desde hoy tendremos una misma estrella en el plato,

hasta el día en que el fruto necesite nuestro agrio bagazo

para el fuego del aderezo,

como la caña de maíz a finales del año

después de haber pagado el dolor de la herencia.

¡Oh flor de mi más alta confianza!”.

 

DECLARACIÓN DE AMOR

En poemas como “Vida corriente”, el arte de su poesía llega a espléndidos extremos de virtuosismo y de sorpresa, de revelación de la vida cotidiana:

 

“… calderón calderilla tango roto

tocata y fuga de bach de Gorgona

y moto con andante moderato

una limosna una canción protesta

el agente y el árbol cuánto falta

déjeme por favor perdón señora

el seguro de muerte en la cabrilla

cómo no te había visto adiós y chao

de dónde viene aunque subió en la esquina

adónde va aunque vaya aquí conmigo

tan pronto como estamos ya no estamos

es que la vida es este bus corriendo

que de pronto paró y hemos llegado”.

 

VIDA CORRIENTE

La muerte está siempre presente en toda gran poesía, inevitablemente confundida con el amor:

 

“… la muerte es un espectro que el sol hac e

y un día será clara entre su aro

de miradas concéntricas. ¡Qué pase

el día sobre el mundo como un pájaro!”.

 

MUERTE

Y presentida en la poesía el amor:

 

“Todas las cosas simultáneamente

morirán cuando cierres los ojos,

y nada crecerá cuando todo lo ignores.

Y el corazón –su tacto, su oído desperfecto,

su almendra perfumada y su beso cuajado-

estará para siempre seguro de su sombra

en sus cuatro paredes sin huésped”.

 

SEGURO DE SU SOMBRA

La poesía es, también, un equilibrio de fuerzas espirituales. Y justamente en el caso de Rogelio Echavarría la poesía se da en esa dimensión de equilibrio puro, de fuerza domada por la sensibilidad alerta, de una concepción inequívoca de la belleza. El poeta, como el alquimista, maneja filtros, componentes exóticos, los mezcla sutilmente y siempre con los mismos ingredientes, hasta que la partícula cósmica hace brotar la poesía. Echavarría es un poseedor excepcional de este arte alquímico, que le permite llegar a las zonas secretas del espíritu y revelarlas al solo de la poesía.

 

El transeúnte. Bogotá. Fondo de Cultura Cafetero. 1984. Págs. 11-15.