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Michi Sarmiento

Fotografías y notas de María Victoria Castellanos

Conocí al Michi Sarmiento una noche en Cartagena, gracias a Sofronín Martínez. El Michi vestía pantalón negro, camisa blanca de alforzas y corbatín de raso de color también negro, pues acababa de hacer una presentación. Nos fuimos a las murallas. Las notas del saxo, el clarinete y la voz del músico desgranando los cuentos de su vida, crearon una atmósfera única. Su historia o leyenda es ésta:

Blas Sarmiento Marimón nació el primero de noviembre de 1938. Su madre lo parió a los catorce años, sin ayuda alguna, en el monte. Su padre, Clímaco Sarmiento, el mejor clarinetista de la bnada que amenizaba las fiestas de la población de La Barse, la enamoró para luego irse, sin dejar noticia suya. Meses después, sus abuelas, que desconocían que tenía un nieto en común, se encontraron en Sincerín, descubriéndolo en la conversación que tenían. Entre ambas decidieron entonces, con la complicidad de su padre, robarse al niño y llevárselo a Soplavientos, para educarlo. Él tenía trece meses, y desde entonces la leyenda de Michi ha crecido sin cauce.

El Michi, además de extraordinario saxofonista y clarinetista, es compositor y arreglista. Entre otros lo fue para Joe Arroyo (“Rebelión”, “No le pegues a la negra”), con quien viajó a Nueva York en 1986. Su participación en agrupaciones musicales de renombre en Colombia es muy amplia, entre ellas la de Delia Zapata y Pedro Laza. Actuó al lado de Daniel Santos, y Discos Fuentes ha grabado su música. En la novela de Roberto Burgos, El patio de los vientos perdidos, El Michi es personaje principal.

Fotografías y notas de María Victoria Castellanos

Revista Universidad de Antioquia. Medellín. Nro 285. Julio-Septiembre. 2006. Pág 93.

Henri Lefevbre

HUMANISMO

La palabra humanismo no designa solamente una noción en extremo compleja y rica; designa una noción cuyo sentido y contenido ha cambiado profundamente desde hace algunas decenas de años y están en camino de cambiar profundamente. El humanismo ha sido durante mucho tiempo una cierta forma de cultura, cultura reservada a una élite; una manera inteligente, cultivada, de consultar textos , de nutrirse con ellos y de hacerlos, con mayor o menor éxito, pasar a la vida; el humanismo ha sido durante mucho tiempo algo abstracto. Y el humanismo está en camino de cambiar de sentido. Ahora significa que el hombre, gracias al nuevo humanismo, se halla en el centro de todas las preocupaciones, él y sólo él; el nuevo humanismo significa que el hombre, gracias al nuevo humanismo, se halla en el centro de todas las preocupaciones, él y sólo él; el nuevo humanismo significa que el ser humano es capaz de soportar todos los valores, y es el único que se adueña del mundo, de la vida y los moldea a su servicio. Tal es el único sentido posible del nuevo humanismo. Ya no se trata de textos sino de la vida y de la vida humana.

Al penetrar en la vida, el humanismo afirma que el hombre, el ser humano, es a la vez real, es el centro de nuestras preocupaciones, y es de él, en cuanto ser profundamente real, de quien brotan las aspiraciones más profundas; de él sale el nuevo ideal que no puede ser otra cosa que el desarrollo completo de todas las posibilidades y las virtualidades del ser humano.

Presentación: JOSÉ LUIS ARANGUREN

Traducción de: F. CABALLERO CALDERÓN

Hacia un nuevo humanismo.  Madrid. Ediciones Guadarrama. 1957. Pág. 70.

A la izquierda: Mauro Álvarez / Por: Lino Jurado

Vista la reciente tendencia a identificar los personajes de ficción con seres reales, estimo conveniente aclarar que en este libro no aparecen personajes que no sean ficticios; tanto los personajes como sus nombres son imaginarios.

SEGUNDA PARTE

IV

El Asesino

Le abrió la puerta cortésmente en la mañana para que entrara y recogiera el uniforme que había quedado en llevarse, según ella, para lavarlo en su residencia. Le extrañó tenerla allí porque nunca iba los días festivos –los viernes solía salir con la ropa que había utilizado en la semana-: las oficinas estaban cerradas en esas fechas. Se turbó al verla. (“¿Quería cerciorarse ella del amor que le tenía? Pensó él, comprendiendo que su vida, de momento, se esclarecía. ¡Qué otra idea podía imaginar, si la había pretendido con esmero, con ese celo de los obsesos por atrapar lo suyo!).

Cerró la puerta pesada de vidrio, oyéndose después en el pasadizo el eco fuerte de los tacones: cada uno de sus golpes la condenaba, a la vez que su perfume se esparcía en el recinto. La observó deslizarse con ritmo, siguiéndole con tacto.

Por primera vez en tantos años tenía el edificio a su disposición: era su amo. Lo mismo decía de la ciudad al verla de lo alto. Al fin, justificó tantas dificultades para hacerse acreedor a ese empleo; la autonomía vibraba en su alma. No cometería de nuevo la torpeza de hacerse sospechoso con su patrón; asestaría el golpe a su debido tiempo. Los consejos de su esposa lo habían hecho más cauto. … Le echó llave a la cerradura, pensando que nadie la solicitaría en esos instantes. “¿Ñatica?”. La llamó tímidamente –pero esta vez no lo oyó; la voz había brotado débil. No salí del asombro de estar a solas con ella- por el apodo por el cual la había nombrado para que supiera cuánto la amaba. Todos los empleados la conocían por ese mote. Esperó a que entrara a su ascensor y allí la golpeó violentamente con un taco de billar –que pulía esmeradamente en los ratos libres; nunca se dijo que frecuentara los bares para jugarlo. Tenía esa tarea manual como un recurso para pensar en ella.-. Arremetió por segunda vez con más violencia en el cráneo: la derribó! Los gritos de dolor quedaron ahogados en el carro al cerrarse las puertas. Agredió con más golpes, dejándole hendiduras de sus uñas. Desafío al cual lo tenía acostumbrado cuando se sobrepasaba en la confianza que le había dado, encerrándose en el ascensor en horas que nadie lo solicitaba. Sus últimos lamentos se ocultaron con el ruido ronco del aparato que llegaba al 9º piso. Trepó al asiento y desde allí, la remató, dejándola lejos de su alcance. Sus anhelos cumplidos de tenerla sin sentido, lo obsesionaron; dándole ánimo para efectuar su juramento de amor. Recordó que en ese día se conmemoraba un año de la Independencia de nuestra patria. Animado por tal coincidencia, calzó las botas de su compañera, despojándola de ellas, sin escrúpulos. Veía fraguarse en esos calzados el espíritu de su enamorada;… en ellas tenía fijado el afecto. Trepó a la azotea para izar la bandera. Entre esa diligencia cívica y el crimen, creyó realizar el milagro, el destino de la asta, entonando el himno de la patria. Satisfecho, bajó después, al ver que ondeaba con el viento y que le servía de atalaya para el trabajo sangriento que le esperaba.

Alias “Posadita”. Confesiones de un vampiro. Medellín. Editorial Etcétera. 1979. Págs. 53-55.

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Juan Antonio Roda | Pintura y artes plasticas by GHJ
Juan Antonio Roda

PINTANDO LA EMOTIVIDAD

Por: Juan Camilo Sierra Restrepo (19-)

Pintar es como hacer el amor: se hace cuando se tienen ganas. Lo que yo hago es pintar, pintar porque me interesa pintar, porque me gusta pintar.

J.A.R.

En su búsqueda personal Juan Antonio Roda dejó atrás la frontera de lo representativo para asumir en su pintura la emotividad. Las influencias de artistas como Velásquez, Goya y Picasso y su pasión por la literatura, que lo guiaron inicialmente hacia un arte definido por él mismo como narrativo, le permitieron concentrarse más adelante en cuestiones puramente pictóricas. Ya no se trataba de prestar su oficio a la representación de algo, sino de liberar su pintura de obligaciones domésticas, libertad que de hecho alcanzó y que se hizo evidente en sus series de obras no figurativas a partir de los “Escoriales”, libertad que alcanza de nuevo, y otra vez, como tantas, un momento descollante en los cuadros presentados en esta exposición.

Hubo una época en mi pintura en la que tuve una preocupación demasiado literaria. Quería contar cosas. Soy muy lector. Y las preocupaciones no tenían porqué influir, pero influyeron mucho. Quería contar unas cosas que no sabía contar en pintura…

Roda, como los buenos artistas, mira hacia atrás con la autoridad crítica de quien se abe cada vez más seguro frente a su trabajo. Y tiene el privilegio de que esa seguridad es un punto de partida hacia una mayor libertad en su obra. Lo que lo mantiene trabajando es su pasión por el oficio, y esa pasión se refleja en cada cuadro: el Roda pintor, el Roda dibujante, está enamorado de sus obras, las ha ejecutado, es evidente, con conocimiento y placer, con el gesto y la tenacidad de quien deja sus entrañas en la paleta para mezclar con ellas el color, para que se deslice con ellas el carboncillo, para que permanezcan entre el cuadro.

Los óleos y carboncillos de esta última serie, La lógica del trópico, son una muestra de lo que tiene de emocional el artista. Toda la fuerza y la serenidad de Juan Antonio Roda están plasmadas en cada cuadro. Son obras que no pueden contarse en palabras, como tampoco es nada lo que intenta con ellas el artista contar. Son obras que conducen sentimientos, obras cuya carga emotiva desnuda al que las observa. Obras concebidas en el universo del ruido y que en manos de Roda se convierten en un mundo análogo al universo musical. Colores, texturas, grafismos, son sonidos, ritmos, golpes de tambor.

En pintura no se cuenta, se hace ver, se hace sentir, y esto es claro en los cuadros de La lógica del trópico. Obras seguras y de carácter, serias, y que como símbolos de un universo que nos cuestiona, terminan incorporándose a los elementos de la vida diaria.

En este país formal, de pintores, en su mayoría formalistas, la serie de La lógica del trópico, que no se inscribe en ninguna corriente del arte plástico, nos lleva hasta el límite del caos, a un orden establecido por el artista en el que el equilibrio de la composición nos permite entrar y recorrer muchas veces ese paisaje de formas donde se hace evidente la firmeza de quien pinta y dibuja. Paisaje que modula las voces tantas veces oídas. Fuerza tranquila que arrasa. “Pintura de acuerdo con mi manera de pensar, de ver las cosas”, en las palabras del propio Roda.

En un oficio que se inventa cada día, con cada nuevo cuadro, esta serie muestra un Roda siempre más audaz, más certero. Roda, quien ha producido la pintura más importante que tenemos en Colombia, logró en La lógica del trópico descargar otra vez toda su emotividad y su fuerza, produciendo nuevamente una excelente pintura con este grupo de cuadros.

Juan Antonio Roda. La lógica del trópico. Medellín. Universidad EAFIT. Departamento de Comunicación y Cultura. Centro de Artes Visuales. Mayo / Junio 1999. Págs. 13-15.  

Gao Xinjiang

24

La literatura y las formas literarias que llamamos puras, esos juegos de estilo, de lengua y de escritura y las diversas fórmulas y estructuras lingüísticas que podrás hacer con autonomía, sin recurrir a tu experiencia, a tu vida, a sus dificultades, a la cruda realidad y a ese “tú” tan repugnante; ese tipo de literatura pura, ¿vale realmente la pena que la escribas? Aunque no es una forma de escapar o un escudo, supone, por lo menos, una restricción, y es mejor que encerrarte en una jaula construida por los demás o por ti mismo.

No escribes con la intención de hacer pura literatura, pero tampoco sabes dónde se encuentra-, es inútil recurrir a alguien para que la haga. Lo que tienes claro es que no eres la encarnación de la justicia. Si escribes es sólo para decir que aquella vida ha existido, más infecta que un estercolero, más real que un infierno imaginado, más terrorífica que el Juicio Final, y que corre el riesgo de volver un día u otro, cuando se desvanezca su recuerdo. Los hombres que no ha perdido la cordura caerán irremediablemente en la locura, los que no han recibido malos tratos, someterán a otros o los recibirán ellos, y, como la locura es innata en el hombre, es posible tener algún brote en cualquier momento. En ese caso, ¿quieres hacer el papel del viejo maestro? Ha habido miles o millones de maestros y de sacerdotes en la tierra, pero ¿acaso el hombre se ha vuelto mejor con sus enseñanzas?

De todos modos, ya que es preferible no hacer esfuerzos inútiles, ¿para qué denunciar aquellos sufrimientos? Ya estás harto, pero has avanzado demasiado para echarte atrás ahora. Sin la escritura es imposible seguir adelante, se ha convertido en una manía, y la causa quizá la encuentres en tu propia necesidad.

Detestas las artimañas políticas, pero al mismo tiempo estás fabricando otra especie de mentira, la literatura, ya que en realidad la literatura es realmente una falacia que disfraza la motivación secreta del autor: la búsqueda de la fama o del beneficio. Hasta que se satisfacen esa utilidad y esa vanidad, no se puede dejar de escribir; se siguen naturalmente unos impulsos instintivos todavía más profundos, como un animal. Pero la diferencia con los demás animales es que este impulso es irresistible y continuo, no viene provocado por el calor o el frío, la saciedad, el hambre o el cambio de estación, es inconcebible, como una excreción –cundo debemos excretar, lo hacemos. Sin embargo, en lugar de tratar con excrementos, tratamos con sentimientos y estética. La tristeza, por ejemplo, hay que integrarla al mismo tiempo que el placer en el lenguaje. Al denunciar a la patria, al Partido, a los dirigentes, al hombre nuevo, el ideal del mismo modo que denuncias la revolución –superstición y mentira modernas-, tejes con la ayuda de la literatura una cortina de gasa, para que las basuras sean más presentables. Te escondes detrás de esa cortina, te mezclas en secreto con los espectadores, y así consigues un cierto placer y algo de satisfacción, ¿no es cierto?

La mentira reina en todo el mundo y tú también fabricas mentiras literarias. En cambio, los animales no mienten, sobreviven en el mundo sin esa capacidad. Pero el hombre necesita mentir para embellecer su entorno; esa es la principal diferencia con los animales. Es más astuto que el animal y recurre a la mentira para esconder su propia fealdad y encontrar una razón para vivir en ella. Cuando reemplazamos el sufrimiento por la denuncia del mismo, se hace más soportable. Antaño las elegías que cantaban los aldeanos durante los funerales tenían ese papel tranquilizador; ¿cantar misa en grupo en las iglesias no cumple la misma función?

Pasolini adaptó al cine una obra de Sade en la que se mostraba adaptó al cine una obra de Sade en la que se mostraba el horror del poder político y de la naturaleza humana. Por medio de la pantalla, aunque todos supieran que nos trataba de ningún documento real sino de una película, consigue que el público sintiera que la violencia y el horror, vistos desde fuera, tienen su lado fascinante. Probablemente en eso reside el misterio del arte y de la literatura.

La pretendida sinceridad de los poetas es como la pretendida verdad de los novelistas: el autor se esconde detrás de ella como un fotógrafo se oculta tras la cámara, aparenta frialdad e imparcialidad detrás de su objetivo neutro, pero lo que acaba en el negativo es el amor y la compasión que siente por sí mismo, o bien la masturbación y el masoquismo. Esa mirada supuestamente neutra encubre todo tipo de deseos, y lo que se refleja está completamente teñido de sabor estético, aunque se finja mirar el mundo con frialdad e indiferencia. Mejor que reconozcas que lo que escribes es lo más parecido a lo que ocurrió, aunque el lenguaje siempre lo aleje de la realidad. Al estructurar tu lenguaje, colocando en el mismo saco los sentimientos y la búsqueda de la estética, ocultando la cruda realidad tras una cortina de gasa, sólo de ese modo encontrarás algo de placer al recordar los detalles y te apetecerá seguir escribiendo.

Unes a tu estado de hombre vivo tus sentimientos, tu experiencia, tus sueños, tus recuerdos, tus fantasías, tus pensamientos, tus conjeturas, tus presentimientos, tus intuiciones y cosas por el estilo; y con la ayuda del lenguaje consigues ritmos y musicalidad. La realidad y la historia, el tiempo y el espacio, los conceptos y la consciencia se funden en el proceso de la realización del lenguaje y sólo queda la ilusión que has creado.

Al contrario de lo que ocurre con la estafa política, que la víctima tiene que aceptarla, lo quiera o no, no hay ninguna obligación. Sin embargo, no crees que la literatura sea tan pura como dicen, sólo la has elegido como vehículo para desahogarte.

Además, tú no creas ninguna polémica, no te colocas en posición de adversario en el debate para avanzar argumentos o retractarte, no estás limitado por la obligación de la teoría para censurarte o adaptarte y no tienes que limitar tus palabras para seguir las reglas de otro; sólo escribes para ti, para vivir feliz.

No eres un superhombre, después de Nietzsche ya ha habido demasiados superhombres y demasiados ciegos en el mundo. De hecho, no puedes ser más normal, no puedes ser más real; en paz con tu conciencia y en perfecta serenidad, sonríes satisfecho, como un Buda, aunque no lo eres.

Simplemente no permites el sacrificio, no quieres ser ni un juguete ni un objeto de sacrificio para los demás, no pides la compasión del prójimo, y tampoco te confiesas. Sin embargo, todavía no te dejas llevar por la locura hasta perder el juicio y matar a los demás; contemplas este mundo con la actitud más serena que te es posible, como te observas a ti. Así no temes nada, nada te sorprende, nada te desespera, ni alimentas falas esperanzas, ya no estás triste. Si has decidido utilizar tu tristeza para convertirlas en placer, ¿puedes hacerlo durante un tiempo y volver luego al “tú” totalmente sereno, alegre y contento?

El mundo ya no te parece tan asqueroso como antes, aunque ese asco todavía está de moda. Tampoco debes exagerar tu enfrentamiento con el poder, sí has sobrevivido y conseguido la libertad de expresión es porque has recibido algunos favores. No puedes decir eso de que “nadie me debe nada y yo no debo nada a nadie”, ya que debes a los demás y, aunque los demás también te deban a ti, ¿no has recibido más favores de los que has hecho? Tienes suerte, está claro, ¿de qué te puedes quejar?

No eres un dragón, no eres un insecto, no eres ni uno ni otro. Ese no ser eres tú; no es una negación, es un hecho, una huella, un desgaste, un resultado, antes de un agotamiento total, es decir de la muere. No eres más que un mensajero de la vida, una expresión o una palabra dicha hacia el no ser.

Has escrito este libro para ti, un libro sobre la huida, el libro de un hombre solo. Eres a la vez tu Señor y tu apóstol, no te sacrificas por los demás y no pides que nadie se sacrifique por ti, no puede ser más justo. Todo el mundo desea la felicidad, ¿Por qué sólo habría de pertenecerte a ti? De hecho, la felicidad es bastante rara en este mundo.

Traducción de XIN FEI y JOSÉ LUIS SÁNCHEZ

Epilogo de LIU ZAIFU

El libro de un hombre solo. Barcelona. Ediciones de Bronce. 2002. Págs. 244-248.

Fanny Buitrago / Por: Daniela Benedetti

A mis amigos de las tardes de café: porque ellos me enseñaron a confundir el amor con el aburrimiento y el aburrimiento con el ocio creador.

ADVERTENCIA INNECESARIA:

Todos los personajes, situaciones y entidades de este libro, son exclusivamente fruto de la imaginación. Cualquier semejanza con la realidad es una coincidencia, o una mala pasada de mis continuos insomnios.

… En las tierras bajas, donde el verano tiene la misma esencia que la piel de una mujer hostigada por el deseo y el invierno parece un murmullo sordo, apagado, igual a la oración de todos los dioses viejos; donde los hombres se arrugan jóvenes bajo un sol lujurioso y los ríos son más poderosos que los mitos y los hombres, existe un pájaro de un bello plumaje azul. Canta tan dulcemente, que a muchos kilómetros de su nido se detienen los seres y las cosas al escucharle. Es un ave solitaria, de apariencia endeble y pico cristalino. Construye su nido con musgo joven, en la parte más honda del monte, al lado de un arroyo o fuente natural y se alimenta con los ojos de los pájaros que llegan a tomar agua.

Según el decir popular el monte se puebla, día a día, de trinos y ojillos ciegos. Y la leyenda indica que el ave sólo puede ser atrapada con una red hecha con los cabellos de una jovencita impura, cuya alma no haya sido contaminada por el remordimiento…

El hostigante verano de los dioses. Bogotá. Editorial La Oveja Negra. 1983. Págs. 5-9.

Isak Dinesen

El joven Kube no admiraba ni maldecía al consejero por su papel en el drama.

Sin embargo, su imaginación ensanchaba todas las cosas que caían dentro de su alcance. En su pensamiento las cosas se agigantaban, como esas enormes sombras que aterrorizan y amedrentan a los que viajan por las montañas.

Por esto el consejero comenzó a desvanecerse como el espíritu que salió de la botella de Solomón y se manifestó al pobre pescador de Bagdad; todos los sábados por la noche, el joven poeta se sentaba a cenar con Loki.

La mayoría de las noches restantes estaba solitario; como empleado pobremente pagado, por instinto era muy cuidadoso del dinero, y animado por su patrona, cenaba gachas, dejando al gato que bebiera su leche con él. Luego se sentaba muy quieto, mirando a fuego, o en las noches de verano a la superficie del lago, dejaba que todo el mundo le abriera sosegadamente su corazón, que le revelara y descubriera cosas extravagantes y desordenadas que a él le parecían naturales y viables.

El joven hijo de la tierra, atado a un registro, tenía el alma y la mentalidad de los antiguos Eddas, quienes crearon un mundo formado por dioses y demonios y lo llenaron de montañas y de abismos desconocidos en su país; o también la mentalidad juguetona y traviesa de aquellos antiguos místicos que poblaron el país con centauros, faunos y deidades de las aguas, que no siempre se comportaban con la debida corrección.

Aquellos paisanos daneses que eran por ley natural sus descendientes, tenían, bajo una gravedad parecida a la de un chiquillo, la alegría retozona y desvergonzada de un payaso.

Generalmente no eran comprendidos más que cuando dejaban traslucir ese lado de su ser. A menudo se daban a la bebida.

Pero Anders Kube se dedicaba todavía a escribir, porque creía que eso era lo más correcto. Escribió pequeños poemas sobre la araña en un manojo de rosas, pero más tarde sus creaciones tomaron caminos totalmente diferentes, distanciados de la forma y del fondo de las que escribió en principio.

Algunas noches salía de la pensión y no regresaba hasta el amanecer. Su patrona, a pesar de sus esfuerzos y pesquisas, no podía enterarse nunca del lugar donde había pasado la noche.

Traducción de HELIODORO PARDO MARCOS

Prólogo de SOLEDAD PUÉRTOLAS

Siete cuentos góticos. Madrid. Bibliotex. 1999. Págs. 333-334.

Francis Ponge

Observen las condiciones de nuestra vida intelectual tal como son, y no subestimen el peligro.

Actualmente son muy raros los especialistas capaces de fabricar, sin perder toda la razón, para brindárselos a sí mismos los libros que tienen ganas de leer, las palabras que necesitan.

Más raros todavía son aquellos que, para hacerlo, se bastan con las pequeñas herramientas mínimas: el alfabeto, el Littré en cuatro volúmenes y algún viejo tratado de retórica o discurso de adjudicación de premios.

Pero apenas se poseen otros libros, se vuelve indispensable poder neutralizar sus efectos sobre la necesidad.

No por nada hacia 1870, en la época de una terrible humillación francesa, un pájaro de inmensa envergadura, especie de gran murciélago melancólico, de cóndor o de vampiro de los Andes, un gran pájaro membranoso y ventilador llegó a encaramarse en la calle Vivienne, en el barrio de la Biblioteca Nacional que desde entonces no deja de sobrevolar, de dominar como desde una ojiva amenazante y tutelar a la vez –haciendo sus rondas al atardecer, con el ruido de una batería, en el cielo sepulcral de la burguesía…

Consideran los avatares que amenazan nuestro espíritu conforme a los que ha sufrido nuestra literatura nacional.

Eso tenía que llegar, ese calambre en el maxilar, y para la misma ocasión el ensalmador capaz de curarlo.

Aprendan la lección. Abastezcan sus bibliotecas personales con el único dispositivo que permita su hundimiento y su reflotamiento a voluntad.

Así, supongamos que después de no sé qué lectura hay llanto en sus corazones como lluvia sobre la ciudad, o que por el contrario se sienten afiebrados y embotados a la vez como un golpe de calor…

¡Abran a Lautréamont!¡Y ahí tienen toda la literatura dada vuelta como un paraguas!

¡Cierren a Lautréamont! Y en seguida todo vuelve a su lugar…

Para gozar a domicilio de un confort intelectual perfecto, adopten pues en sus bibliotecas el dispositivo MALDOROR-POESÍAS.

Aprendan, enséñenles a sus familias la manera de usarlo.

… Por hoy nuestros consejos se limitan a esto.

Traducción: SILVIO MATTONI

Métodos. La práctica de la literatura, El vaso de agua y otros poemas-ensayo. Buenos Aires. Adriana Hidalgo Editora. 2000. Págs. 209-211.

Iván Darío Álvarez

Hay libros imprescindibles, que dan prueba de que quién lo escribió pudo, gracias a una rara y difícil alquimia, transformar la experiencia en conocimiento. Peter Brook es uno de esos pocos hombres profundos que intenta con su sabiduría, mantener viva esta curiosa cita con el teatro como espacio donde se busca la comunicación o la comunión.

Para ello en su bitácora, establece una diáfana distinción entre cuatro tipos de teatralidad, donde claramente advierte que estas pueden coexistir en un mismo espectáculo en cualquier lugar del mundo o por el contrario estar lejanas geográficamente.

El teatro mortal es sinónimo de mal teatro. Generalmente en todas latitudes el de producción más abundante, dado que el mal gusto existe en todas partes. No es tampoco casual su estrecha relación con el teatro comercial.

Así mismo puede ir perfectamente de la mano de los clásicos, a los que les sustrae en insulsa y monótona mercancía. Igualmente su autoridad se hace solemne e institucionaliza el aburrimiento, gracias a que el snobismo y la simulación lo convierten en mérito. En últimas, es un arte incompetente que le teme al riesgo, a los cambios y carece por tanto de objetivos y de escuela.

El teatro sagrado va tras las huellas invisibles de una esencia espiritual, que hoy en un mundo sin mitos y sin ritos, están más que perdidas y al parecer pertenece más al pasado que al presente. Para volver a él se requiere algo más que la imaginación del artista. Sin embargo, a pesar de valiosos y superfluos esfuerzos por recuperarlo “lo sagrado no tiene la culpa de  haberse convertido en un arma de la clase media para que los niños sigan siendo buenos”. De hecho su ausencia obedece a que “la verdad es que no sabemos cómo celebrar ya que no sabemos que celebrar”.

A contra viento en los actuales reinos de lo efímero y del culto a la velocidad, lo sagrado huye de nosotros y de él no nos quedan sino burdos sustitutos. Artaud es el mayor símbolo de esta búsqueda, pero del poeta y el místico abundan sus caricaturas. “Artaud aplicado es Artaud traicionado”.

“Un teatro sagrado no sólo muestra lo invisible, sino que también ofrece las condiciones que hacen posible su percepción”. Quizás ahí resida su mayor dificultad, ya que para lograrlo se requieren mucho más que “santos deseos”. Sin embargo en estos tiempos malditos es el teatro que necesitamos.

El teatro tosco está íntimamente ligado a lo popular y al margen de los grandes estilos, pero no por ello carece de vigor. No en balde el autor nos dice: “Todo intento de revitalizar el teatro ha tenido que volver a la fuente popular”.

El más importante de los teatros toscos es el Isabelino. El surrealismo también lo fue. Su alegría, su anarquía, no tienen límites, de ahí extrae su energía. Su espíritu tiene los pies en la tierra y su voz es espontánea y directa. Curiosamente su mayor explorador es Brecht, tantas veces asumió y tantas veces incomprendido.

El teatro inmediato es el que nace de la propia experiencia de Brook, donde habla de todas las piezas orgánicas que articulan el oficio, esto es, la importancia dela escenografía, la utilidad del vestuario, las dificultades del actor, la necesidad de los ensayos, las preguntas y las angustias del director, la presencia del público, la naturaleza del lenguaje escénico, etc.

Deliciosamente, estas categorías son el pretexto para hablar de Shakespeare, Artaud, Grotowski, Brecht, Beckett, Genet, así como de todas las tareas que hacen del oficio un arte donde la pasión no cesa de preguntarse, y donde se sabe que el conocimiento no excluye el placer, porque el teatro es la vida hecha juego.

Magazín Dominical. El Espectador. Nro 762. 21 de septiembre de 1997. Págs. 14-15.